Charleville (Ardenas) el 24 de mayo de 1870
Al Señor José María Aznar, ex presidente del Gobierno de España:
Querido maestro:
Estamos en el mes del amor: tengo diecisiete años -bueno, le miento, en realidad sólo 15 tacos-, como se dice, la edad de la esperanza y de las quimeras. Y aquí estoy, niño bendecido por la musa. Perdóneme si le parece banal, pero he decidido contarle a usted lo que me dictan mis buenas creencias, mis esperanzas, mis sensaciones. A todas estas cosas de poetas, yo, niño que he nacido, como usted, un 25 de febrero en Madrid, siendo además de religión católica, y primer hijo de mi progenitor Manuel Aznar y de mi madre Elvira López, yo las llamo primavera.
Entenderá usted que soy un adolescente que he tenido que emigrar a Francia en aquellos tiempos de crisis donde usted llegó a decir que “El Milagro económico en España soy yo”. Como consecuencia de aquellas políticas neoconservadoras de una derecha, no de centro, sino de una derecha más derecha que aquel ciprés de Silos que cantó el poeta Gerardo Diego, con el apoyo condicional de un ministro de Economía que fue tantas cosas y que ahora está pasando un rato en la trena, no tuve más remedio que buscarme una oferta de trabajo -mejor me pareció que una beca Erasmus, pues su otro ministro de Cultura, un tal Wert, impidióme tal cuestión- y fue de ese modo como aquí llegué, fíjese usted, nada más y nada menos que a Charleville, donde nació mi alter ego Arthur Rimbaud, ah, ese poeta que descubrí cuando estudié primaria en la Universidad Complutense de Madrid, sí en la misma universidad en la que, mi querido maestro, usted también memorizó su carrera la cual aún desconozco de qué rama, materia, facultad o váyase a saber de qué se trataba. Lo cierto es que yo, pobre de mí, aquí, desde Charleville, no pude ampliar mis estudios en la Universidad de Georgetown, como usted amplió o quién sabe si menguó.
Le envío, con su permiso, algunos versos que he escrito en esta primavera en esta tierra de sol y asco que es este poblachón francés después de pasar por Alph. A veces sucede que jóvenes poetas como yo suerte tenemos. Mi azar ha tenido redención conmigo al encontrar a un buen editor, un tal Lemerre. Claro, usted no tiene ni la menor idea de quién es este editor. Se lo biografiaré con pocas palabras:
Es una amante de la Cultura, en vez de amar la política, pues la política suya fue y es otra forma de hacer de la cultura una guerra de ideologías, intereses de mercado, negocios con los poderes fácticos de una globalización que viene -por decir sólo una fecha- de los 70, al compás sin compasión de su amiga Thatcher y de aquel actor de apellido Reagan. Fue tanta su radicalización a la hora de defenestrar todo acto de ciencias humanas que ciego creo yo que permaneció por culpa de esa obsesión de querer llevar a España a lo más alto de la cúspide. Le recuerdo que en Colombia “Cúspide” significa un juego que se realiza con un trompo sin punta de metal que se lo tira y se le da perrero.
Y era en aquella época exacta cuando algunos teníamos hambre en el dormitorio común. Es cierto. Emanaciones, explosiones, un genio. ¡Soy el gruyere¡ Lefêbvre, Keller. El genio ¡soy el brie¡ Los soldados cortan su pan. ¡Es la vida¡, y así empieza todo vals, como el de Lorca o el de Leonard Cohen.
Mi editor Lemerre es uno de esos flipados del mundo al que le gustan todos los poetas. ¡Todos los buenos parnasianos¡ Debo decirle que me ha escrito hace dos días y en su misiva alza su voz con este aforismo: “Estoy completamente prendado de la belleza ideal”. ¿Se da cuen? Todo un francés muy diferente a usted, pues -y esto es un suponer- a mí me da que estando aún en ciernes fue al dejarse el bigotito cuando atisbó y profundizó de forma compulsiva en la belleza corporal. Que sepa, señor ex presidente, que a su edad ya de vejete no es de cordura esa dedicación a la masculinidad, la cual forjó gracias a un entrenador personal muy graciosillo con afeites, pádel y otras pociones mágicas. Pero eso es precisamente lo que me gusta de su figura y esbeltez, es decir, esta ingenuidad de la que padece como si fuera descendiente de Ronsard, ese hermano de nuestros maestros de 1830, un verdadero romántico, un verídico poeta. Le parece tonto lo que digo ¿no? Pero bueno…
Es deseo mío anunciarle que dentro de dos años, gracias a sus políticas de empleo, lograré estar en París. Anch’io, señores del periódico, les aviso: ¡Yo soy parnasiano¡ No sé lo con lo que me puedo encontrar allí, quien sabe si algún chaleco amarillo, otro mayo del 68 u otra Comuna del 71 -por cierto, que fue en aquellas barricadas donde un antecesor de sus agentes secretos violóme por el orto-. Ah, qué lío llevo en la cabeza con esto de la Historia y del tiempo pasado, presente y futuro. Sin embargo, querido maestro, prometo adorar siempre a las dos diosas: la Musa y la Libertad… Iré a la última serie del Parnaso: ¡eso configura el Credo de los poetas¡… ¡ambición o locura¡
He aquí una prosa sobre el porvenir de la poesía:
“Toda poesía antigua desemboca en la poesía griega. Vida armoniosa. Desde Grecia hasta el movimiento romántico -Edad Media-, hay letrados, versificaciones. De Ennio a Turoldus, de Paco Cascus a Orejus Mayoris, de Mariano Anus a Arenas Juvenal y así así hasta llegar a las Mocedades de Rodrigo. Todo un “Compromiso con el Poder” en forma de memorias que no son ni mucho menos las de Adriano, que usted lo sepa. ¡Estamos¡ Toda su infantería poética no fue y sigue siendo más que prosa rimada, juego, apoltronamiento y gloria de innumerables generaciones idiotas: Racine es el puro, el fuerte, el grande. Si se le hubiesen soplado en las rimas, revuelto los hemistiquios, ¡el Divino Tonto pasaría hoy tan desapercibido como cualquier primerizo autor de “Los Orígenes”¡, el cual nombra Pablo y apellida Casado. Le recuerdo que estamos en nuestra casa y en nuestros tiempos”.
Con todos mis respetos le pido que no alardee por haber publicado un poemario en la ya desaparecida editorial Salmo 14, de Madrid, en mayo del año 74, al que tituló “Las alas blancas”. Esta iniciación suya en el palabrerío lírico no sé si fue una inocentada o alguien que usted desconoce que se hizo pasar por inocente, aunque yo sé muy bien de quién se trata. ¿No recuerda el nombre del editor de su primer libro? Aquí se lo recuerdo: Rafael Gutiérrez Molina. Y, como las cóleras revientan siempre los ancestros, el susodicho editor me ha contado, a través de cartas que nos traen las palomas en sus picos, que todo un político como usted no podía descuidar ningún punto de vulnerabilidad.
¡Chorra¡, que dicen en mi pueblo, por allá por la Valencia castellana. Que ese librillo que es como de papel de fumar es rugosamente cursi, tormentosamente emocional y fanáticamente religioso. Y encima va y lo firma con el pseudónimo de Chema. ¡Anda la hostia¡: ah, estos versillos de usted: “Venga la muerte con la copa / de Dios la espada con el rifle / venga y me mate cuando abrace / tu cuerpo tan sereno entre tu ropa. / Venga la muerte y me termine / me acabe seduzca me lleve / cuando bese tus labios sediento / y me devuelvas el beso que reprimes”.
Y, por no consentir que la rima española sea mejor que la francesa, déjeme que le envíe unos versos míos, para que los lea una mañana al sol, como yo lo hice con sus hemistiquios. Estimado señor ex presidente: Acabo de conseguir el primer volumen de su poesía traducida al mal francés. Y es que aquí, en la Francia de Macron, nos ha llegado con este título: “Las Fètes Galantes”. Le digo que este libro suyo, pues, es plagio de Paul Verlaine. Pero no se preocupe, que, por nuestra Hispania profunda aquí tiene a un mozo valiente y guerrero y de santa cruzada que en el fondo soy yo, el tronko de su menda. Y en tal acto de vasallaje le regalo el texto, que aquí sólo cuesta 12 escudos. Este Verlaine es un borrachín y bisexual, maltratador, pero excelso poeta. Le diré que fue para mí mi marido infernal y yo su virgen loca.
Este libro suyo fecho al gálico modo es a la vez muy raro y divertido, aunque amarridamente adorable, ay, ay, ay, que hasta incluso algunas veces se permite grandes licencias: por ejemplo: “La tigresa espantosa de Hircania”. Cómprelo, se lo aconsejo. También acaba de salir a buen precio en la editorial Lemierre. Todavía no lo he leído entero, pero aquí en París todos los periódicos hablan de él, desde “Le Monde”, “Le Parisien”, “Le Figaro”, “Libération” y hasta en “La Nouvelle Républica” que se edita en Morlaix. Pero a su vez le conmino a que en versión española lo lea en “Le Monde Diplomatique”, cuyo director es un rojo, Ignacio Ramonet, gallego pero rojo republicano, pero, ay, tan educado y conocedor de las tretas de sus compinches internacionales.
En definitiva, “Las alas blancas” creo que se trata de un libro de juventud, talentoso en su medida, con hallazgos sorprendentes y un manejo del verso más que aceptable. Señor Aznar: ese libro vale una millonada. Váyase con cuidado con sus asesores, sus chóferes, sus tesoreros, por resumir, de todo ese mundo que le rodea como un círculo vicioso de estos nuevos caballeros templarios que continúan incitando no sé si al amor o al odio con sus actividades económicas y administrativas, pues es de todos sabido que se incineran en gran secretismo, con la simbología de la gaviota y su propio alfabeto grabado en criptogramas. Sólo dos ejemplos: Octógono: representación del cuadrado, símbolo de la Tierra. Círculo, símbolo del Cielo. Le recuerdo que a mis amados griegos todo esto desde la razón lo equivalían a frío, humedad, calor y sequía.
Le saluda su pobre, Arthur Rimbaud. Para su mujer Ana, Rimb.
Pero no me he quedado a gusto. Por tanto, prosigo con la carta:
CARTA DE PROTESTA
“Nosotros, los abajofirmantes, miembros de la Legión de la Guardia Nacional Sedentaria de Douai, replicamos la carta del señor Maurice, alcalde de Douai, del orden del día del 20 de marzo, a las 03:35 horas de la madrugada, hora española, por haberse, sin autorización de la ONU, ni de la UE, ni de la madre de todas las patrias sin padre, iniciado un bombardeo sobre Bagdad, dando con ello comienzo a la Guerra de Irak en 2003. Nosotros, sin querer erigirnos de una causa ganada de antemano, tenemos derecho a resaltar que la insuficiencia de armas en este momento debe ser imputada únicamente a la imprevisión y a la buena voluntad del gobierno depuesto, del que todavía sufrimos las consecuencias.
Lamentablemente esta carta de protesta sólo la firmamos mi profesor Georges Izambard y yo mismo, Rimbe o enfant terrible.
Y es que nos impacta ver así a los perros, a los notarios, a los cristaleros, a los inspectores, a los carpinteros, y a todos esos estómagos tan sobreestimados. ¡Mi patria se pone en pie¡ Y yo, la verdad, prefiero verla sentada. ¡No mováis las botas¡, éste es mi lema.
28 de diciembre de 2018”
Por ello y por ver cómo se va calentando el panorama y el planeta y estas naciones que hacen del capitalismo su bandera confederada y de orden global entre los socios de los Estados poderosos de hoy, como EEUU, La Gran Bretaña, España, Rusia, China, La India, Japón y por último, pero siendo el primero, Arabia Saudita, le digo no sin pena, sino con la más alta gloria que hoy sacude mi vida, que no me queda otra que pedirle permiso para exiliarme a África, concretamente a Abisinia, que hoy es Etiopía.
Embarcaré en Marsella hacia Chipre. Pronto llegaré a Aden, después de haber recorrido el mar Rojo. Seré comerciante de café. Pero nuestros negocios intuyo que no darán pymes, pero le prometo que vamos a hacer muchos más. Todo es empezar: ¿no cree? Ahora mismo ya gano hasta seis francos al día. Pero, ah, qué belleza. Aden es una roca espantosa, sin una brizna de hierba ni una gota de agua buena. El calor aquí es excesivo, más incluso que cuando usted veraneaba con Fèlix Millet y esposa en Menorca con la suya. No quiero aquí meter hilo sin puntada. Pero obligado me veo a esta frase lapidaria: “Muchos teníamos la sospecha de que el Institut Catalunya Futur, la sucursal catalana de la Faes, el hasta hace poco think tank de referencia del PP que todavía preside usted, también estaría salpicado por el escándalo del Palau de la Música como lo está la extinta CDC.
Pero, ay, que me pica la curiosidad y voy a hacer algo de periodismo de investigación no sé si ficticio o real. Mis gargantas profundas de Washintong, tiempo ha me comunicaron que entre el 2003 y el 2004, al Palau de la Música empezaron a llegar las mayores cantidades que habían llegado nunca desde el Ministerio de Cultura en concepto de subvenciones para obras, cerca de 4 millones de euros. Y en la misma época también se incrementaron de manera sustancial los ingresos por donaciones del Institut Catalunya Cultura, en torno a 1 millón de euros. Según los técnicos de la FAVB, por el medio se perdieron 2 millones. Y casualmente -o no-, el presidente de la Fundació Orfeó Català-Palau de la Música, Fèlix Millet, se había hecho miembro del Institut. Millet quería convencerle a usted de que invirtiera en la emblemática institución, y por finiquitar la hazaña con champagne, como palomos en el palomar esposas y esposos, cogen, van y cenan, y, tras la cena, se deciden veranear en Menorca. Ahí es donde se puso usted de ese color aceitunado que ni yo en Aden tengo.
Prosigo con estos anales de periodismo en ficción o contrastado con datos, fechas y hechos. Desde aquí, en África, después de pensar lo jamás pensado, he llegado más o menos y siempre supuestamente a esta conclusión: que el objetivo de la fundación, única sección autonómica de la Faes en todo el Estado, era -siempre supuestamente- romper los tabúes sobre el nacionalismo, el bilingüismo y la emigración. Pero yo, que soy un mujeriego y amante de estas grandes hembras negras de estas mis tierras africanas, sigo sin comprender que la llamada “Operación Diálogo” de Soraya Sáenz de Santamaría y el despachito de la “vice” en la Delegación del Gobierno que dirigió Enric Millo no fuese sino una broma macabra si hemos de compararla con la que usted tenía, mi ilustre profesor, en Barcelona en los años finales del pujolismo con ese señor al que llaman Piqué como maestro de ceremonias. Y no quiero avanzar más en este brevísimo resumen de unos tiempos remotos pero que por consecuente son los actuales, puesto que tengo ganas de echar un kiki con una de las bellas y dignas sauditas de uno de los harenes del príncipe saudí Mohamed bin Salmán.
Me despido ya, don José María Aznar, que todavía sigue al frente del Frente de Estudiantes Sindicalistas, del Consejo de Estado, galardón de la Gran Cruz de la Orden de Carlos III, la Gran Cruz de la Orden del Infante don Enrique, Gran Cruz de la Orden de Mérito de la República de Polonia, Grand Star of the Decoration for Services to the Republic of Austria, Medalla Robert Schuman y ese collarcito de la Orden de Isabel la Católica.
Pero, como educado caballero galo, mi despedida sea realizada con estas francas y sinceras palabras:
“¡Cobardes, hela aquí¡ ¡Vomitad en las estaciones¡
Los paseos que una noche colmaron los Bárbaros, el sol
los ha limpiado con sus ardientes pulmones.
¡He aquí la Ciudad Santa, sentada en Occidente¡
¡Vamos¡, Se prevendrán los reflujos de incendio,
aquí siguen los muelles, aquí los bulevares,
las casas recortadas sobre el ligero azul
que una noche estrelló el rojo de las bombas.
¡Esconded los palacios muertos dentro de nichos de tablas¡
El antiguo día asustado restaura vuestras caras.
Aquí tenéis a la manada pelirroja de las tuercecaderas:
¡enloqueced, simpáticos ceñudos¡
¡Jauría de perras enceladas engullendo sopazas
os reclama el aullido de las casas doradas¡
¡Robad¡, ¡Comed¡, ¡Mirad la alegre noche que asciende a la calle
con profundos espasmos¡, Desolados borrachos,
¡Bebed, cuando la luz intensamente loca
llegue cacheando en vuestros costados lujos centelleantes…
¿no vais a babearos, inmóviles y mudos,
en vuestros vasos, con las miradas perdidas en blancas lontananzas?
El Poeta escogerá el llanto del Infame,
el odio del Forzado, el clamor del Maldito
y sus rayos de amor flagelarán las Hembras.
Brincarán su estrofas: ¡Mirad, Mirad, oh, Bandidos¡
Sociedad, todo ha sido restaurado: la orgía
llora en los lupanares con su antiguo estertor
y el delirante gas sobre los muros rojos
llamea siniestramente hacia el desvaído azul.”
Au revouir.
Joyeux Noel-.
Emilio Arnao.