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TRIBUNA

Pedagogía de estultificación

Natalia K. Denisova
sábado 29 de diciembre de 2018, 20:06h

¿Se habrá dado cuenta, estimado lector, que hemos vivido un año fabuloso? Según Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno delegado por Rajoy a los españoles por sus pecados, el siguiente año será aún mejor. Mas, esto se cumplirá con una condición: que Sánchez prosiga ocupando el Palacio de Moncloa. Si no, todo desaparecerá en un instante como las hechicerías de los cuentos de hadas. El discurso de Sánchez, con que hacía balance de su mal-gobierno, suena a lo que no cansaba de repetir Mariano Rajoy y que puede sintetizarse en una frase: “la estabilidad soy yo”.

Sin embargo, lo más duro del “balance” de Sánchez no está en sus promesas de crecimiento superior de Italia, Francia y Alemania. Ni tampoco su promesa de subir pensiones a 3%. Lo más malo, lo peor, de Sánchez es el propio Sánchez que llega a ser el arquetipo del político predominante. Sánchez sencillamente lleva al extremo las características de los políticos actuales, que comenzaron a fraguarse desde el final del siglo XIX. Lo primero que salta a la vista de estos “políticos” es la capacidad impresionante de vivir fuera de la realidad. En vez de enterarse de los problemas que afectan a los ciudadanos e intentar resolverlos, no los ven, e inventan una realidad paralela con que bombardean al pueblo. Aquí cuentan con millares de aliados, que tomaron los medios de comunicación para constantemente someter la ciudadanía a “una pedagogía de estultificación”, como diría Ortega. Gracias a esta alianza entre los medios de comunicación y los partidos, apoyada en nuestra pereza de analizar lo que pasa en nuestro derredor, manipulan nuestra visión del mundo que resulta contradictoria y falsa: por un lado, España es la economía que más crecerá en la Unión Europea, pero, viendo los informativos oficiales no hay más que desgraciados, migrantes, dolientes y mendigos. El triunfo de los políticos como Sánchez está pendiente de que las realidades queden borradas por arte de magia.

El Estado español hace tiempo que no gozaba de buena salud, pero ahora es un festín sobre sus ruinas. Los políticos carentes de decencia en el comportamiento e incapaces de darse cuenta de la historia de España han contribuido a este derrocamiento del Estado que llevó a la desaparición de la unión civil de los españoles. Sánchez esgrime la “diversidad” del pueblo español, como si fuera un zoológico; pero a la vez apela a la “cohesión territorial”, mientras el nazi catalán Torra gasta el erario público con viajes a Suiza y Edimburgo para rendir pleitesías a las fugadas Rovira y Ponsatí respectivamente Los millones, ay, que se han gastado por las autoridades autonómicas catalanas en las ilegalidades como los referenda consentidos por los poderes centrales. Ahora Sánchez deja pendiente la convivencia nacional de los 21 puntos que le facilitó Torra. ¿Qué se puede esperar de ello? ¿La reforma de la Constitución en medio de la crisis del poder público? ¿Qué oculta tras la formula “dialogar con moderación” y la “mirada amplia”? ¿Será la reforma de la Carta Magna o un nuevo estatuto catalán?

Así las cosas, es casi utópico esperar del año nuevo la rectificación de las grandes necedades que celebran hoy su triunfo.

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