Alfonso Paso, un autor fecundo
lunes 28 de julio de 2008, 19:29h
Alfonso Paso nació en Madrid en 1921 y murió en el 1978. Hijo del ilustre autor Antonio Paso que estrenó más de trescientas obras. Claro que, Antonio Paso murió a los noventa años y su hijo Alfonso, con la mitad de años, estrenó ciento cincuenta. Una familia singular en un país, donde todos los años nacen una docena de autores de una sola comedia, y nunca más se sabe. Sólo Lope de Vega ganó en fecundidad a esta pareja de personajes extravagantes.
Además de eso, cursó estudios de filosofía y letras y cultivó el periodismo, el cine y el teatro, como autor, actor, director y empresario. La principal virtud de su teatro, es su extraordinario dominio de la arquitectura teatral. Su principal defecto, la búsqueda de esa comercialidad impuesta por el público.
Tuvo tiempo de casarse muchas veces y tener varias hijas. La mayoría buenísimas actrices. Su primera mujer fue la hija mayor de Enrique Jardiel Poncela; Evangelina. La envidia hizo correr el bulo, de que las obras las había robado a su suegro. Idiotez sin sentido, que Alfonso no se molestó en desmentir. Era simpático, amable, campechano y metido hasta las cachas en la profesión teatral. El desaparecido café de La India, en la calle Montera, era su reunión habitual después del teatro. Ahí tenía su despacho. Atendía a los cómicos y empresarios que solicitaban comedias suyas. En aquella época, una función de Paso, te abría las puertas de los teatros. A todos atendía. El misterio de su fecundidad, no era otro, que trabajar todos los días cuatro horas. Está claro que con una vida ordenada, se puede hacer de todo. Desde mis comienzos conté con la amistad de Paso. Nos unió mi admiración por Jardiel, supongo. Le envidiaba muchas cosas, entre otras, su falta de nervios. Se dormía en sus estrenos y le despertaban para salir a saludar. Daba las gracias emocionado, el tío.
Fumador de puros empedernido, no lo dejaba ni para comer marisco, su otra debilidad. Una vez, le dio por cantar en serio y delante de la gente y de componer sus candciones. Debutó en la sala Florida Park de Madrid. Fui testigo del acontecimiento. Era la época de la canción protesta y la de los cantautores con cerillas en el patio de butacas. El recital de Paso quedó anticuado. Su estilo cercano a la canción francesa, pasó sin pena ni gloria. Actuó en una función suya Nerón-Paso. Sin llegar a la categoría de Peter Ustinov, aguantó las dos funciones diarias, como se llevaba entonces. El Fénix de los Ingenios temblaría entre esta biografía.
A mi paso por la Sociedad de Autores, le fiché para el Consejo de Administración y no faltó ni un sólo día. El tío, no fallaba a nada relacionado con el trabajo. Le dio por escribir en un periódico un artículo diario, sobre política, de una manera absurda e impropia de su talento.
Tenerle como amigo, ya era cansado. Invariable ante el éxito y el fracaso. Impermeable ante la crítica y apasionado por el amor dentro y fuera del teatro.
Lope de Vega era uno que no se le ocurría nada, al lado de Alfonso Paso. Siendo cuera y escribiendo en verso, no tenía mérito. Lo de Paso, era más difícil.
Continuador de una saga de Jardiel y Paso, dos ilustres del siglo XX. Una familia de honor, para la corte de Talía.
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Comediógrafo
JUAN JOSÉ ALONSO MILLÁN es comediógrafo
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