La estupidez de ciertos aconteceres no tiene límites. Si la cosa es verdad me da que lo del secuestro de un Niño Jesús a cambio de la liberación de los políticos catalanes, caso habido en Castellón y reivindicado por el grupo radical denominado Brigadas Antifascistas, es más propio de una película del inefable Paco Martínez Soria. Y es que uno añora ese cine nuestro tan lleno de vicisitudes, pero a la vez tan certero a la hora de sacar los colores, aunque los celuloides fueran en blanco y negro.
La cosa es de traca y menos mal que los autores del secuestro han tenido el detalle de dejar un lazo amarillo en el vacío pesebre. “Amnistía total” parece ser el lema de la trama. Supongo que la policía científica estará analizando todas las pistas posibles porque los agravantes del caso son muchos. Estamos hablando ni más ni menos que del Niño Jesús, un recién nacido. Una pequeña criatura perteneciente a una familia de lo más humilde, sin apenas recursos y que gracias a la generosidad de los lugareños se les cobija en el Belén municipal montado en la Plaza Mayor de la capital levantina.
Los presuntos autores exigen a modo de rescate la liberación de todos los políticos catalanes presos, así como la amnistía de aquellos “exiliados” por el asunto ese de la independencia de Cataluña. Dicen que devolverán al niño Jesús en perfectas condiciones si las autoridades competentes atienden lo que demandan. Se me antoja que los raptores no solo están atentando contra la integridad de un referente mundial, sino también hacia lo que este niño significa para toda la comunidad cristiana y por ende al universo de cuantos niños, creyentes o no, se ven representados en la humildad de un espíritu pacificador.
No trae cuenta ni el festejo de la política ni la gracia de quienes utilizan la emblemática figura de alguien que, en forma de niño, simboliza algo más que una puesta en escena para decorar rincones navideños. Tanto para quienes creemos como para los no creyentes la igualdad de actos comienza justo en donde se acaba el respeto ajeno; pero resulta curioso que, una vez más, la cristiandad sea moneda de cambio cuando existen otras religiones, otros símbolos y otros credos, que gozando de igual derecho al respeto, no son objeto de parecida aversión. Toda religión tiene su Dios y por tanto todo creyente es merecedor de igualdad y aprecio siempre que no medien los extremismos. Pero claro, la valentía no es la misma para según que afrentas y contendientes resultan zaheridos.
Si Cataluña tiene un serio problema, el resto de España también lo tiene. Y uno se pregunta ¿Qué culpa de todo ello tiene la figura de un Belén? El mensaje difundido por los secuestradores, en perfecto catalán, pero que no viene al caso la literalidad del texto, pone de manifiesto que estos ilusos desconocen la vida y obra de Jesús. La figura que ahora han secuestrado es la simple simbología de un niño que al hacerse hombre supo enfrentarse a los falsos ideólogos, a los cambistas vividores de las rentas y a todos aquellos que vivían a costa del honrado. Y consiguió poner orden en todo aquél Templo sin necesidad de aplicar el artículo 155.
Y si esto fuere poco, además dejó escrito, sin mayores politiqueos, extorsiones, sin maniqueísmos y sin importarle el qué dirán, a diferencia de toda esta insufrible caterva de políticos actuales, que aquella su casa sería llamada casa de oración para todas las naciones. Audaz como Él solo, convirtió el Templo en un lugar de igualdad y respeto. Por eso digo que los que hoy tanto preconizan usando esa absurda y hueca terminología para bautizar postureos, que no conciencias ni respetos, en vez de aplicar lo ecléctico como búsqueda del bien general, la única ocurrencia que tienen es la de robar al necesitado, que es tanto como violentar a un indefenso Niño Jesús, ejemplo de pobreza y humildad para todo ser viviente.
Razones no les faltan a los supersticiosos cuando rechazan el color amarillo. Mis respetos al mundo de la moda, pero este color siempre estuvo asociado al color de la bilis, lo que representa tanto enfado como desenfreno, al igual que la mentira, la traición y la herejía. En resumidas cuentas, que hay veces en donde la estupidez humana resulta muy rentable. Lo peor es que esto no parece importarle a muchos.