La batalla de Bailén en su bicentenario
lunes 28 de julio de 2008, 21:52h
La Historia de España está más llena de derrotas que de victorias. En el siglo XIX, los españoles cosechamos dos sonados fracasos ante el enemigo. Uno de ellos -Trafalgar-, abrió la centuria; el otro, el conocido como el “Desastre”, la clausuró. Sin embargo, la conmemoración de ambos episodios históricos tuvo una extraordinaria proyección en todos los ámbitos. En 1998, la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas y la derrota ante los Estados Unidos, dieron lugar a un notable despliegue mediático. Algunos años más tarde, el recuerdo de la derrota de Trafalgar fue acompañado por actos oficiales, con un desfile naval y con una notable cobertura televisiva en 2005.
La conmemoración de la victoria de Bailén sobre el formidable ejército de Napoleón, cuyo bicentenario acabamos de celebrar, no parece por el contrario, que haya contado con el respaldo político e institucional que era de esperar. Aquel 19 de julio de 1808, la firme actitud de los españoles y la rápida y eficaz labor de la Junta Suprema bajo la presidencia de Francisco de Saavedra, fueron suficientes como para improvisar un ejército que, al mando del general Castaños, sería capaz de hacer frente con éxito a las tropas que Napoleón había enviado a Andalucía para completar la ocupación de la Península. La trascendencia de aquella primera derrota de la Grande Armée, cuando el avance napoleónico se adivinaba imparable, ha sido puesta de manifiesto repetidamente desde entonces y la ha recordado recientemente en un magnífico estudio el profesor Moreno Alonso. Aquella batalla cambió la suerte de España y convirtió un levantamiento popular en una guerra por la independencia de la nación frente a la ocupación extranjera.
En Bailén, se han esforzado durante estos días por darle la solemnidad debida a la celebración de unos actos que se habían organizado con motivo de la efeméride. El 19 de julio de 2008, doscientos años después de aquella manifestación de arrojo y de firmeza, con un sol implacable y una temperatura similar a la que padecieron los protagonistas del enfrentamiento, el pueblo de Bailén ha tenido que recordar por su cuenta la batalla. No ha habido presencia institucional en los actos. Ni el Gobierno central ni la Junta de Andalucía ni la Casa Real, han sabido valorar suficientemente la importancia de lo que significó esta victoria. Y como no estamos sobrados de éxitos como el que supuso Bailén, no hubiese estado de más apoyarlo oficialmente para darle la resonancia que merecía.
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Catedrático de Historia Contemporánea
RAFAEL SÁNCHEZ MANTERO es Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla
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