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ORIENT EXPRESS

Estos han sido los homenajes a etarras en 2018

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 13 de enero de 2019, 18:36h
Actualizado el: 13/01/2019 18:48h

Hace apenas un par de semanas, el Colectivo de Víctimas del Terrorismo (COVITE) publicó las cifras de homenajes a etarras en 2018 . El año pasado se celebraron 196 actos de enaltecimiento del terrorismo de ETA. 62 fueron en Guipúzcoa, 58 en Vizcaya, 54 en Navarra, 16 en Álava, 3 en otras provincias españolas y 3 en Francia. En comparación con 2017, ha habido un aumento de un 158%. En estas cifras de la vergüenza, se incluyen 62 homenajes a miembros de ETA, 53 pintadas o pancartas, 27 fiestas populares, 28 manifestaciones, la creación de una asociación en memoria del etarra Txabi Etxebarrieta -el asesino del guardia civil José Antonio Pardines Arcay, primera víctima de ETA- y hasta una “cena de Nochebuena” en Galdácano (Vizcaya) con fotos de los etarras del pueblo que están en prisión.

Por supuesto, en las celebraciones no faltan las fotografías sonrientes de los asesinos, ese aspecto entre hippy y montañero, ese aire de amante de la naturaleza un poco desbordado por la alegría del momento, músicos, bailarines y toda la parafernalia que trata de ocultar tras las sonrisas el espantoso rostro de los crímenes cometidos. Recuerdo a aquellos payasos, Pirritx y Porrotx, que eran, en realidad, Aiora Zulaika y José María Agirretxe, ex concejales de la ilegalizada Euskal Herritarrok en Lasarte-Oria (Guipuzcoa). Había padres que llevaban a sus hijos a verlos y ayuntamientos que los contrataban y vecinos a los que les parecía bien que así fuera. Las simpatías por los terroristas salen baratas en España y, bien explotadas, pueden convertirse en una estrategia de marketing muy efectiva, por ejemplo, para ciertos cantantes de hip-hop.

Estas cifras que da COVITE dicen mucho de los que está pasando en España. Son mucho más elocuentes, por ejemplo, que esas encuestas en las que se pretende predecir el resultado electoral y las tendencias de opinión. Nos hablan no tanto de lo que la sociedad hace como de lo que no hace, es decir, de lo que tolera. No nos engañemos. Si estos homenajes fuesen hacia otros delincuentes, habría un grito de indignación desde Irún hasta El Hierro. Las tertulias estarían llenas de periodistas, analistas y opinadores explicando por qué esto no puede consentirse y por qué la libertad de expresión no puede amparar la exaltación de un criminal.

Algunos se apresurarían a denunciar la “inconstitucionalidad” de las organizaciones que los convocan o los apoyan. Pero las víctimas de ETA se están quedando solas con su memoria, con su dolor y con la indignación que produce la exaltación de los asesinos.

¡Ay, la memoria! Me acuerdo ahora, mientras escribo, de Pilar Elías, la viuda de Ramón Baglietto, asesinado por ETA en 1980. El asesino, Kandido Azpiazu Beristain, compró un local debajo de la casa donde ella vivía. Siendo Kandido un niño, Ramón Baglietto lo había salvado de ser atropellado por un camión. Santiago González suele traer a la memoria episodios de aquellos años en que los informativos se abrían con atentados cada semana, cada mes. No es, por supuesto, el único que se acuerda de lo que pasó ni el único que denuncia lo que pasa. Hay personas comprometidas que siguen exigiendo que se esclarezcan los 358 crímenes de ETA sin resolver. Sería injusto decir que las víctimas y quienes las acompañan están sumidas en el silencio.

Sin embargo, la sociedad española sí está sumida en el olvido.

¿Cuántos jóvenes conocen lo que ETA ha hecho en toda España y en Francia? ¿Cuántos saben del dolor que sembraron en el País Vasco y en Navarra? ¿Qué significan para ellos nombres como la Plaza de la República Dominicana o la Casa-Cuartel de Vic? ¿Qué les dicen una expresión como “los años de plomo”? ¿Saben que hubo quien tuvo que enterrar a sus hijos, a sus esposos, a sus padres en secreto porque eran policías nacionales, guardias civiles, militares?

Hace un par de días, me llegó por Twitter el enlace al documental “El silencio roto”, sobre la vida de Gregorio Ordoñez. Tiene un material de archivo valiosísimo. Se lo puede escuchar y ver. Hablaba claro y con una libertad y un coraje que hoy se echan en falta. Consuelo Ordoñez, presidenta de COVITE, advirtió en esa misma red social que, de los tres políticos vascos que asistieron a un debate en ETB en junio de 1994 – Gregorio Ordóñez, Fernando Buesa y Joseba Egibar- sólo éste, el nacionalista del PNV, sigue vivo. Es, desde 1998, portavoz del Grupo Nacionalistas Vascos en el Parlamento Vasco.

Este informe de COVITE, pues, dice mucho de un año en la vida de España. Habla a voces de la dejación, el abandono y la soledad de quienes sufren una ofensa cotidiana a manos de los asesinos, sus aliados y sus amigos. Denuncia las acciones de los simpatizantes de ETA, sí, pero también las omisiones de aquellos que deberían impedirlo.

A ETA, a sus amigos y a sus simpatizantes se la va blanqueando paso a paso. La historia del dolor que causó va quedando desdibujada en un pretendido “conflicto” cuya narración verbal y simbólica van escribiendo esos mismos que celebran homenajes, esos mismos que los organizan y los amparan.

Ha comenzado un año nuevo.

Hagamos algo para evitar que ETA reescriba la historia y para que cese esta ofensa a la razón, a la justicia y a las víctimas.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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