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Ensayo

Enrique Moradiellos: Franco. Anatomía de un dictador

domingo 13 de enero de 2019, 22:51h
Enrique Moradiellos: Franco. Anatomía de un dictador

Turner. Madrid, 2018. 344 páginas. 22,90 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

El profesor Enrique Moradiellos, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Extremadura, nos ofrece una obra excepcional sobre la figura y trayectoria, tan relevante como controvertida, del general Francisco Franco. Como primer gran rasgo debe señalarse obligatoriamente que se ciñe de manera rigurosa al método científico, pues como el propio autor reconoce en la introducción, resulta demasiado frecuente incurrir, muchas veces deliberadamente cabe apuntar, en la simplificación interesada cuando se aborda el estudio del binomio Franco-franquismo.

En efecto, para sus apologetas, Franco representaba un estadista preclaro, un cruzado religioso que salvó a España del comunismo y el principal responsable de la modernización del país, afirma Moradiellos. Sin embargo, sus detractores lo describían como un tirano aupado al poder gracias a Hitler y Mussolini, títere del capitalismo o gran represor interno. Frente a esta tendencia, el autor bucea en la abundante bibliografía existente sobre la figura de Franco y sobre el franquismo, brindándonos un estado de la cuestión de incalculable riqueza. Con esta pulcritud metodológica, también pone en valor las aportaciones previas realizadas por historiadores del calibre de Juan Pablo Fusi, Stanley Payne, Paul Preston o Borja de Riquer.

La obra se divide en tres capítulos, todos ellos complementarios e íntimamente relacionados. El primero se dedica a la biografía de Franco, pudiendo encontrar en él aquellos acontecimientos que determinaron sus ideas (la guerra de Marruecos o la dictadura de Miguel Primo de Rivera), los referentes intelectuales y políticos que le sirvieron de modelo, sus interacciones con otros dirigentes políticos a partir de 1939 (por ejemplo, Hitler, Mussolini o Salazar), destacando su interpretación sobre la Segunda Guerra Mundial, entendiéndola sobre todo como una contienda librada contra el comunismo. El hecho de que emplee un orden cronológico para exponer la trayectoria vital, militar y política del protagonista, le permite al autor explicarnos las grandes controversias que se produjeron en el interior del régimen una vez constituido y consolidado (por ejemplo, el rechazo inicial hacia los tecnócratas o la confrontación de los años setenta entre inmovilistas vs aperturistas, influidos estos últimos de manera notable por el Concilio Vaticano II).

En cuanto al segundo capítulo, refleja el desempeño de Franco como caudillo dotado de una suerte de misión salvadora y redentora de España, contraria a cualquier aceptación del liberalismo y de la democracia a los que consideraba culpables de los males que habían asolado a España desde el siglo XIX y que provocaron en última instancia la Guerra Civil. En palabras de Moradiellos: En su calidad de caudillo, Franco concentraba de manera expresa la plenitudo potestatis y ejercía la máxima autoridad estatal, combinando funciones ejecutivas, legislativas y judiciales” (p. 174). No obstante, de una manera más concreta en el tercer capítulo hallamos las características de su régimen, vertebrado siempre alrededor de su persona pero con capacidad para adaptarse de manera interesada al cambio político y geopolítico. Sobre esta última cuestión, para el también historiador Borja de Riquer: “Franco fue un personaje camaleónico que, sin renunciar nunca a su feroz autoritarismo, supo ejercer de forma sucesiva de caudillo fascista, de devoto nacional-católico y de moderno tecnócrata. Pero lo permanente y lo decisivo era que, sobre todas las cosas, Franco actuó siempre como militar” (p. 288).

La obra, además, relaciona presente y pasado de nuestra historia, llevando a cabo el profesor Moradiellos una pertinente observación: tras su fallecimiento, Franco prácticamente había desaparecido del imaginario y de las conversaciones de los españoles, fenómeno que se mantuvo hasta tiempos bien recientes (p. 12). Para el autor tal modus operandi obedeció al acuerdo tácito establecido durante la Transición consistente en no emplear la Guerra Civil y la represión como arma arrojadiza. Al respecto, el diario El País el 17 de julio de 1977 editorializaba del siguiente modo: “Difícilmente puede fraguar la concordia sobre la memoria de la sangre derramada entre hermanos” (p. 19). Es el denominado “Pacto del olvido” que favoreció y fortaleció la Transición, subraya el autor, una afirmación valiente y contraria al revisionismo oportunista y demagógico que se aprecia últimamente con nitidez en ciertos sectores mediáticos, académicos y políticos.

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