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CUARTOS - IDA

El Real Madrid acelera en Copa ante Girona por jerarquía y calidad | 4-2

El Real Madrid acelera en Copa ante Girona por jerarquía y calidad | 4-2
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jueves 24 de enero de 2019, 23:24h
Actualizado el: 24/01/2019 23:41h
Los catalanes se la jugarán en Montilivi gracias a su excelso aprovechamiento de los desequilibrios locales.

El Santiago Bernabéu acogió este jueves el último duelo de los cuartos de final de la Copa del Rey, el que enfrentaba al Real Madrid y al Girona. El resbalón severo que sufrió el Barcelona en Sevilla y la derrota del Valencia en Getafe abrían una oportunidad para despegar en este torneo a los capitalinos, tan faltos de ilusión triunfal a estas alturas de calendario. Así las cosas, con una entrada nada resplandeciente en el graderío, los favoritos debían responder a esa condición ante uno de los bloques más punzantes e indigestos, que paladeaban un hito histórico.

Venían los locales del convincente triunfo ante los sevillistas en Liga, por lo que Santiago Solari decidió dejar para otro momento las rotaciones masivas y reproducir el once que desarboló a los del Pizjuán. Modric, Ceballos, Lucas Vázquez y Casemiro volvían a ejercer de medular, con Vinicius y Benzema en punta. Marcelo regresaba a la titularidad en un día en el que Courtois debutaba en este campeonato con la elástica de Concha Espina. Odriozola, Nacho y Sergio Ramos completaban la nómina que vería esperar, otra vez, a Isco y Toni Kroos. Los catalanes, por su parte, no movieron ficha y plasmaron la línea de tres zagueros que les es identitaria en citas trascendentales -Juanpe, Muniesa, Alcalá-. Pero sí que repartieron descanso. Piezas clave como Stuani, Portu, Pere Pons, Bernardo se quedaron fuera del planteamiento inicial, con Ramalho y Raúl García como carrileros largos, Raúl García y Douglas Luiz en el rol de llegadores y Granell vestido de distribuidor. Lozano y Doumbia buscarían las cosquillas de la retaguardia madridista.

Y a fe que lo hicieron. Pues, a pesar del intento autoritario de inicio de los locales, con posesión, tres llegadas inocuas en los cinco primeros minutos y líneas muy adelantadas, golpearon para congelar a la tribuna. Una recuperación en campo propio y entrada en ignición al contragolpe ofreció a los gerundenses el 0-1. Todo ello con el patrocinio de una deficiente labor tras pérdida del gigante. Los desajustes en la anhelada presión permitieron a Muniesa partir al vigente campeón de Europa con un pase en profundidad que abrió una autopista para Raúl García. Y desde la espalda de Odriozola centró para que el 'Choco' Lozano batiera a Courtois sin marca -minuto 8-.

Quiso reaccionar el dibujo de Solari con más posesión y, sobre todo, verticalidad. De esa maniobra, aliñada por el ascenso de los vatios de intensidad, nacieron los chuts desde media distancia de Casemiro -por encima del larguero- y de Marcelo -que sacó Iraizoz-. En el cruce del minuto 15 las cartas estaban sobre la mesa: el control y la iniciativa eran madridistas, con riesgo si no lucían equilibrio ante un Girona capacitado para elaborar y morder. Y en ese compás se desarrollaría el enfrentamiento, aunque la labor de resistencia atrincherada del esquema de Eusebio no se antojaría granítica. En el 18 Casemiro ejecutó un robo adelantado que Benzema tradujo en envío quirúrgico, y en vuelo, hacia la incorporación de Odriozola. El vasco apuró hasta línea de fondo y cedió atrás, para que Lucas Vázquez firmara las tablas.

La contraposicón de estilos se agudizaría, pues el botín del tanto a domicilio haría recular más a los visitantes. Mas, responderían de inmediato con una contra que tuvo que detener Courtois. No pensaban regalar pelota y territorio tan fácil, sin salpicar de amenaza e intranquilidad al monólogo capitalino. Arriesgarían amontonando sus líneas en 30 metros, pegados al arco defendido por Gorka, y pivotarían en torno a esa especulación que favoreció la imposición del ritmo de un Madrid más despierto sin pelota cuando el crono marcaba el minuto 25. Benzema, Modric y Ceballos afinaban en la mediapunta, con Vinicius y Odriozola como punzones subrayados. El ex de la Real Sociedad se erigió en referencia.

Los lanzamientos desprovistos de dirección de Benzema y Vinicius darían paso a un cúmulo de circulaciones horizontales gerundenses que emergieron antes del camino a vestuarios. Se asomaban para respirar y granjearse oxígeno, exigiendo algo de cohesión a los merengues y reafirmando su personalidad. Acabaron subiendo líneas para presionar y sacudirse el agobio -pues el cierre de cinco defensores no funcionaba como se esperaba-, redoblando el riesgo. Pero Karim efectuaría un control de pecho y volea que detuvo Iraizoz, en el síntoma del placer de la delantera local cuando vive con espacios por recorrer. Y Modric corroboraría el anuncio del galo con una llegada que salvó, in extremis, por Douglas Luiz. Instantes después, Lozano cometería penalti sobre Vinicius y Sergio Ramos instauró el 2-1 a lo Panenka -minuto 43-.

Y antes del pitido del colegiado que dictaría el entretiempo, Benzema estallaría en el poste un golpeo fino a pase de Nacho y Ceballos dispararía demasiado angulado en la enésima explosión en transición de los madrileños. La sintonía en la asociación interior y la profundidad de los extremos maquillaría el borrón de compromiso en el prólogo de un Real Madrid que dio la vuelta a las sensaciones hasta rubricar la siguiente tarjeta: 13-2 en tiros y 6-1 en lanzamientos entre palos. Eusebio debía repensar la idoneidad de las rotaciones, pues su propuesta global y la argucia sobrevenida habían cedido. Y el que fuera lúcido mediocentro empezó dando entrada a Bernardo para apuntalar a su zaga -Alcalá no comparecería en la reanudación-.

El segundo acto contempló a una delegación catalana más predispuesta a la proposición. Quisieron jugar en cancha local, con Muniesa como líbero y ordenador, mas, con celeridad se toparon con el envés de la valentía: Modric y Benzema examinarían a Iraizoz en contragolpes fluidos. Aún así, la vertiente ofensiva ordenada por el preparador visitante se mantuvo, discutiendo la posesión y dibujando un ida y vuelta en el que Granell crecería. Odriozola evitaría un mano a mano de García con Courtois y Doumbia cabecería desviado antes del 55. El problema para que la voluntad de los gerundenses tocara realidad emanó de la claridad en el pase de Benzema, Modric, Ceballos y compañía. Les costaba mucho recuperar balones y jugar a los rojiblancos, quedando su viraje trompicado.

La calidad y el trabajo coral legitimó a un Madrid que no sólo neutralizó el movimiento agresivo de Eusebio. También refrescó la vehemencia en el dominio de los capitalinos, al tiempo que Casemiro, Borja García -lesionado- y Modric dejaban sus escaños a Marcos Llorente, Paik Seung-ho y Kroos. El canterano y el alemán recibían rodaje tras superar sus infortunios en un paisaje anestesiado. Hasta que en el 66 Lozano provocó un córner -pillaron por la banda de Ordiozola a los merengues-, Nacho empujó a Llorente y éste cometió penalti por mano. Granell, sensacional, la pondría en la escuadra. Era el segundo contraataque claro permitido por los de Solari y lo pagaban a precio de oro.

El tecnico visitante había negado la efectividad de las incorporaciones del lateral donostiarra y el 2-2 retiró el timón, reclamado y soltado, del escuadrón de Chamartín. Isco sentó a Ceballos cuando el pentagrama visualizaba a seis peones rojibancos combinando en tres cuartos de cancha, con los merengues sollozando para mantener las líneas juntas. Se desdibujaron los roles y la guerra de guerrillas se desató. Como en el Metropolitano, en el 3-3 que clasificó a los norteños. En cambio, los aspirantes a todo acelerarían, al galope de su jerarquía imaginada. El derechazo centrado de Marcelo y el chut de falta despejado de Kroos ejercieron como teloneros del centro del carioca y el testarazo a las mallas de un Ramos desatado -minuto 77-.

Eusebio había logrado equilibrar la relación de fuerzas zanjando la superioridad por los extremos previa. E inyectó al titular Portu por Lozano, en una tratativa pordejarse una bala en el empeño por no recibir más goles. Tampoco le saldría esta al técnico, pues en el 81 Benzema coronó su actuación con el 4-2. El galo peleó un pelotazo de Courtois que cayó en las botas de Isco. El malagueño abrió a Vinicius, que fabricó un pase rasante y ajustado para la conexión del delantero francés. El fogonazo de carácter del coloso bastaría para disimular los apagones coyunturales que dieron alas al guerrero gerundense. Con todo, y con el sudor vertido por los madridistas -más regulares que de costumbre-, Montilivi decidirá el billete a semifinales. El marcador retrató, con precisión, los merecimientos -atendiendo al valor doble de los tantos fuera de casa-.

- Ficha técnica:

4 - Real Madrid: Courtois; Odriozola, Sergio Ramos, Nacho, Marcelo; Casemiro (Marcos Llorente, m.59), Modric (Kroos, m.63), Ceballos (Isco, m.70); Lucas Vázquez, Vinicius y Benzema.

2 - Girona: Iraizoz; Ramalho, Juanpe, Alcalá (Espinosa, m.46), Muniesa, Raúl García; Douglas Luiz, Granell, Borja García (Paik, m.59); Lozano (Portu, m.78) y Doumbia.

Goles: 0-1, m.7: Lozano. 1-1, m.18: Lucas Vázquez. 2-1, m.42: Ramos de penalti. 2-2, m.66: Granell de penalti. 3-2, m.77: Ramos. 4-2, m.80: Benzema.

Árbitro: Undiano Mallenco (colegio navarro). Amonestó a Nacho (45+2), Ramos (62) y Llorente (65) por el Real Madrid; y a Alcalá (35) por el Girona.

Incidencias: encuentro de ida de los cuartos de final de la Copa del Rey, disputado en el estadio Santiago Bernabéu ante 51.000 espectadores.

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