Ha sido francamente nauseabundo y repugnante oír las palabras del aturdido secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), el chileno Luis Almagro, pronunciadas en torno a la crisis venezolana, barbullando incoherencias, profiriendo insultos inusitados y descalificaciones impropias de su rango y condición, prostituyéndolo. Vergonzosas, es poco. Para haberle lavado la boca con lejía al botarate funcionario.
Son inauditas, inaceptables, insultantes. ¡Vaya corretaje que se ha arrogado sirviendo de cizañero entrometido! De correveidile apartándose de sus facultades, cual gamberro y chulo incivilizado. No quepo de la impresión. Yo no recuerdo a un dirigente de un organismo internacional alguno que haya sido tan poco diplomático, tan miserable y de una talla tan misérrima como él, demostrada en medio de un conflicto de tal envergadura. Es él una indecencia con esa carencia de pundonor absoluta, ajena a las más elementales formas de la diplomacia; una deshonra para las naciones de América que bien pueden ver en el sujeto a un simple esbirro de Washington, a un incivilizado, pueril y pusilánime personaje abyecto, que dista mucho por su laya para ser la persona adecuada para siquiera asomar las narices en el nombre de un organismo continental que de por sí, carga a un descrédito y un desprestigio tales, bien ganados a la sombra de los caprichos e intereses de EE.UU.. Condiciones tales a las que el chileno abona de manera tan indecorosa y ultrajante, ganándose toda recriminación al incriminar a un país soberano como Venezuela y de paso, a Cuba.
Con su proceder, a ver si va a tener razón Fidel Castro habiéndola tildado a la OEA de ministerio de las colonias de los Estados Unidos, colocándola Almagro nuevamente alineada a los turbios intereses y manotazos del gran padre blanco que habita a la vera del Potomac, dado que a Almagro no le ha bastado la indigna postura de reventar puentes. El muy boquiflojo y deslenguado secretario abona a que admitamos que Castro no se equivocó y se exhibe solito. El solo hecho de que incluso deban existir grupos como Contadora, Río, Lima ya advierten de la merecida bien ganada desconfianza regional a la OEA, de su inutilidad y dudosa neutralidad, pues ha servido tantas veces más para apadrinar intervencionismos y que Almagro sencillamente ha prohijado otra vez, cual lamebotas de Estados Unidos. Y en la crisis venezolana su rol es verdaderamente inmoral, indecente y nos coloca a todos en calidad de patio trasero de EE.UU. ¡Abominable!
Recuerdo cuando se produjo la sucesión en la OEA. Competían el chileno Almagro y el mexicano Luis Ernesto Derbez, entonces ministro de exteriores, Pensaba yo que ojalá y que no ganara Derbez en tiempos en que una sucesión en Cuba se antojaba difícil. No deseaba yo que el mexicano ganara y tuviera que validar invasiones o afrentas a Cuba. Por fortuna ganó Almagro el puesto, Cuba transita sin mayores aspavientos hacia un régimen menos férreo y a Almagro le toca jugar el triste papel de ser un vil secuaz y alcahuete de Estados Unidos, un papel que ha desempeñado tan bien estas semanas y que es vergonzante. Ha violentado los más elementales principios de la convivencia pacífica y es verdaderamente elocuente su descerebrado “intelecto” acusando a Cuba y a Venezuela de los más atroces horrores, papel y tono que no le corresponden y desde luego, lo hace de manera tan inopinadamente irresponsable y bastante soez como alejarse de la búsqueda de acuerdos, ya que va de entrometido. Las dibuja como bien pudo hacerlo de Estados Unidos en Iraq, Vietnam o donde usted guste.
Almagro ha expresado en mensaje reciente, mientras busca la reelección en 2020, felicitaciones a Guaidó, adelantándose sin aguardar a valorar si es realmente lo conducente y opinando sobre temas internos venezolanos, profiriendo frases tales como “régimen dictatorial”, “tirano”, “redemocratización de Venezuela”, reconociendo a un “representante especial” ante la OEA, sumando frases anteriores tales como “hay que tirar abajo la dictadura de Venezuela” o su rezongón: “ni me callo ni me voy hasta que la dictadura de Maduro, caiga”. Para Cuba ha tenido palabras injuriosas tales como que “exporta mecanismos de terror”, “dictadura” “(que comete) crímenes de lesa humanidad”, “sistema fracasado”, “estado totalitario” “incapaz de sostener una tasa de cambio real”, “parasitismo”, “revolución jinetera…”. Es para espetarle un ¡¿ya terminaste de insultar sin derecho a ello?!
Los discursos dirigidos a Cuba y Venezuela son inapropiados. Habrase visto en la historia diplomática tamañas palabras más emponzoñadas y cargadas del odio más rotundo tan pagado, que de serlo sería doblemente grave, y lo desautorizaría a seguir en el puesto que preside en forma tan rastrera e inconveniente y por un plato de lentejas. No, no es un decir verdades, secretario, eso es decir sandeces, que no es lo mismo. Almagro se mal cree que todo vale y está arropado en ello y se equivoca diametralmente. Qué osadía la del seño secretario dirigiéndose en ese desautorizado tono a ambos países. Carece del derecho y de la legitimidad para hacerlo. La mentada carta democrática de 2001 y aun la carta fundacional de la OEA no lo facultan a emplear esa procaz modulación y obscena jactancia con un lenguaje de carretonero, actuando sin la autorización del estado miembro aludido (art. 19 de la democrática) y que no la hay de por medio.
Parece increíble que Almagro escupiera estas palabras. Medidas, lo que es reprobable, lanzadas sin ningún pudor. La historia diplomática del mundo debería consignarlas como un estupendo ejemplo de infinita mezquindad, ignorancia alarmante, estupidez supina y desde luego, acordes a una persona incapacitada para articular una sola idea inteligente. Y se dice diplomático el lerdo personaje. ¡Menuda diplomacia en el mejor ejemplo de un vil muñeco de trapo al servicio de intereses muy ajenos a los altos valores panamericanos! si es que los hay y vocero de la despreciable política del Gran Garrote, mostrándonos lo que la OEA ha sido: eco de intereses contrarios a los de la mayoría de sus miembros. Pobre América tan mediatizada en su actuar.
El bocazas, locuaz y lenguaraz secretario general olvida que su más elemental función es la de tender puentes al diálogo. No la de ladrar amparado en su puesto ni de asumirse bocón demostrando la cortedad de su pensamiento. Estados Unidos se topó con hueso duro de roer con Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU. Escenario cuán diferente del tapetero prodigado por Almagro. A raíz de que México y Uruguay no han condenado a Maduro y desde luego, con la derrota a Estados Unidos en el seno de la misma OEA donde solo 16 de 35 países secundaron las agresiones yanquis, exhiben la pequeñez del tipo, manifiesta, insolente y atolondrada. El que cobarde avala callado la amenaza de Pompeo advirtiendo que trabajará Estados Unidos con ambos países para que rectifiquen el no condenar a Maduro. Almagro sabe que no es lo mismo meterse con México. Se irá con cajas destempladas. Y eso por tratarse del único país que no votó para expulsar a Cuba en su día con un atronante ¡no!. Tuvo los arrestos para enfrentarse a Washington y sabe lo que es lidiar con semejantes esperpentos.
Como internacionalista solo puedo sentir mi desprecio y mi repulsa a las hediondas palabras de Almagro, bellaco titular de la OEA, sobrevaluado y sobrepasado. Un simple empleado del Tío Sam en su descastado y bufón papel tan vergonzosamente desempeñado. Y valga una acotación más, colofón ineludible. Mis respetos a la grandiosa y cercana a México, nación chilena ante la que mis consideraciones cesan como dura excepción que no necesito callar, frente a dos tipejos: el asesino Pinochet y el indigno y cagón Almagro. Ambos sentados comiendo del mismo plato, cada cual a su ruin, infame y deshonroso modo. Y que conste en acta.