Walter Ponce, personaje principal de El circuito escalera, -aunque comparte protagonismo con varios más en una novela que tiene mucho de coral-, recibe una extraña llamada en medio de la noche. Una llamada que no solo le despierta sino que le desvela de manera irremediable: “El insomnio se había apoderado de él; sabía que ya no volvería a conciliar el sueño”. Con mucho sigilo, para no despertar a su pareja, Cristina, Walter sale de la casa en la que pasan sus vacaciones en la costa, alejados de Buenos Aires. Mientras fuma un cigarrillo tras otro, piensa adónde puede ir. Como no lo sabe, decide coger el coche y conducir sin rumbo. Y al llegar a un punto desconocido se para en medio de la oscuridad. De pronto, siente que hay alguien fuera. Y que de alguna manera le observan. Y siente miedo, mucho miedo. Verdadero pavor. Recuerda situaciones en las que experimentó ese sentimiento, pero “algo le indicaba que la amenaza a la que se enfrentaba, encarnada por esos tres hombres y esa espantosa mujer, estaba lejos de ser un momento de aturdimiento preadolescente”.
A pesar de este comienzo, no piensen que El circuito escalera es una novela de terror o de crímenes. Nada más lejos de ello, aunque sí hay terror: el que siente Walter y de alguna manera también aquellos que forman su círculo familiar: su exmujer, Marina, su actual pareja, Cristina, su hijo adolescente Martín, a vivir en un mundo cada vez más inestable, donde cualquier seguridad se desvanece a pasos agigantados. Y donde ni el éxito -Walter lo tiene en su profesión de director teatral y televisivo-, es una garantía que aleje la angustia. Walter vive inmerso en ella, en una crisis que le produce pánico.
Cada capítulo, de manera alterna, va dando cuenta de cada personaje en un caleidoscopio que configura finalmente una urdimbre de relaciones entre unos hombres y mujeres de hoy, desorientados y llenos de dudas, a la vez que una panorámica del mundo del espectáculo de Argentina, que su autor conoce de primera mano.
Con El circuito escalera, debuta en la novelística el bonaerense Javier Daulte, uno de los nombres más prestigiosos y activos de la escena argentina, y también reconocido en España –fue director artístico de la barcelonesa Sala Villarroel-, donde se han podido ver algunas de sus piezas, entre las que se encuentran Qué será de ti, Vestuarios, La felicidad, 4D Óptico, entre otras muchas. Dramaturgo, director de escena, guionista de televisión, explica Daulte al final del libro: “El circuito escalera fue un refugio y un descanso de lo que más me ocupa, que es el teatro. ¿Qué motivó su escritura? Quizá la necesidad de algo que fuera distinto de lo que estaba haciendo y no me obligara a renunciar a lo que más me atrae en la vida, que es narrar historias”. Abre así su campo creativo y lo hace con buen pie.