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JORNADA 22

El Real Madrid se limita a sobrevivir ante el Alavés | 3-0

El Real Madrid se limita a sobrevivir ante el Alavés | 3-0
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domingo 03 de febrero de 2019, 22:36h
Actualizado el: 02/03/2019 22:46h
Rendimiento colectivo flojo de los locales ante un bloque vasco que perdonaría cuando pudo asaltar Chamartín. Por Diego García

No ha sido habitual a lo largo de este curso que fallen Barcelona, Atlético y Sevilla de manera simultántea y, como guinda, que el Real Madrid sea el último en jugar y disponga de la opción de disparar su cosecha de puntos en la batalla por la cima clasificatoria. Pues bien, este domingo la jornada se cerraba en el Bernabéu, con visita del Alavés y en el mencionado contexto. Eso sí, a tres días del primer Clásico fijado en las semifinales de la Copa del Rey. Por ello, este envite adquiría un pelaje resbaladizo para los favoritos, que recibían a un bloque que viajaba en el séptimo puesto liguero y empatado con el quinto.

Santiago Solari, que no pudo contar con Dani Carvajal y Raphael Varane por sanción, decidió dar descanso a Toni Kroos y relegar al banquillo a peones como Marcelo, Isco, Asensio y Lucas Vázquez. Apostó por el regreso al once del 4-3-3 en el que Casemiro era el ancla, acompañado por Modric y Ceballos, y Bale y Vinicius flanqueaban a Benzema en punta. Ramos y Courtois se erigían en los pilares de una retaguardia enmendada con Reguilón, Nacho y Odriozola. La idea era desplegar a regateadores y piezas con verticalidad en un ajedrez que se presumía de control absoluto de la pelota.

Abelardo Rodríguez formó un 4-5-1 en el que Calleri era la única referencia ofensiva. Las flechas Burgui y Jony volaría en transición, con Manu García, Wakaso y Pina como trabajadores dotados de capacidad para lanzar a sus atacantes. Maripán y Laguardia batallarían con Benzema y a Duarte y Vigaray les correspondería la labor de taponar los intentos exteriores ajenos. Le urgía a los vitorianos un golpe de ánimo tras su precedente derrota casera ante el Rayo y viajaron a la capital con la convicción primordial de juntar sus líneas.

El telón se alzaría con un fogonazo de intensidad y ambición local. En los cinco primeros minutos remataron a la meta defendida por Pacheco hasta cuatro veces. Abrió fuego Bale con un centro que, tras el pobre despeje de Maripán, le cayó a Ceballos. El andaluz chutaría desde el punto de penalti pero Laguardia, providencial, evitó el tanto -minuto 3-. El central también arrebataría un testarazo a Benzema a centro de Modric, justo antes de que otro mal rebote ofreciera a Ceballos un doble lanzamiento desde la frontal. El segundo intento se iría desviado. Y el monólogo inicial se extendería, en ese ratio de llegadas, hasta el décimo minuto. En esa frontera el delantero francés se desmarcó al espacio, aglutinó a cuatro zagueros, dividió, trazó una pared con el ex bético y emitió un derechazo cruzado que lamió la madera.

Digerido este primer impulso del coloso, los vascos alternarían el atrincheramiento intensivo con unas presiones racheadas destinadas a trompicar el ritmo de la circulación perpetua merengue. Y ajustarían los visitantes en su achique, ofreciendo el avance por banda y en estático. Taponaron los pasillos en la mediapunta y la densidad comenzaría a contaminar al mandato del favorito. Incluso, los babazorros avisarían con dos contras -pases a la carrera de Jony y Burgui que dejaron a Nacho y Sergio Ramos en mano a mano-. Había logrado establecerse con firmeza el sistema de Abelardo en su rol pasivo.

Sólo una deficiente recepción de Wakaso le ofrecería una escena en franquía de remate a los madridistas en el trecho siguiente. El cuero fue acogido por Vinicius, que recortó en diagonal y chutó centrado, inocuo -minuto 16-. Los tiros desde media distancia de Casemiro y Reguilón, poco exitosos en lo relativo a dirección, acapararon la producción venida a menos de los locales cuando se atravesaba la media hora. La superpoblación central vitoriana sacó de dinámica a la lucidez asociativa de Ceballos, Benzema y Modric, congelando el pretendido incendio contrincante. Y les promocionó una confianza que fijó a su zaga a 25 metros de Pacheco.

Sin embargo, en esa tesitura de exigencia de paciencia y para los jugadores con desborde, Vinicius idearía un relámpago que localizó la oquedad certera. El carioca deshizo una superioridad visitante de tres para dos en la banda zurda con un pase repleto de clase y timming, hacia la incorporación de Reguilón. El lateral apuró línea de fondo y centró, raso, alimentando lo fulgurante de la maniobra, para que Benzema marcara a placer -minuto 29-. Un cambio de ritmo hiperbólico, germinado desde la creatividad individual, desnivelaba la balanza y golpeó a un Alavés que había sembrado placidez.

Le tocaba al 'Pitu' elegir entre contemporizar y mantener la filosofía o reaccionar de inmediato. Optaría por el primer camino: sostener la corta desventaja y jugársela a un partido largo. Por ende, se constriñeron a sobrevivir y ganar el intermedio. Mas, el Madrid no se volcaría, impedido para concatenar pases en la mediapunta. El conjunto de Solari levantó el pie del acelerador, complacido por haber conseguido ejecutar la mitad del plan. Y arriesgando a que la complacencia refrescara su vigencia y les colocara en una situación punzante tras pérdida, ya que los vascos nunca renunciaron a detonarse en vuelo. De hecho, Sergio Ramos había gritado protagonismo en el vital marcaje a Calleri que abortó un puñado de salidas alavesas bien elaboradas. Y con un aspecto grisáceo, controlador, los locales se encaminarían a vestuarios. Por delante en el electrónico y con Courtois como espectador, pero desprovistos de una continuidad en el tempo abrasivo.

Y en la reanudación vieron cómo el Alavés adelantó líneas. En el 46 Duarte remató en escorzo, y fuera, una falta lateral que anunciaba la pretensión de mutar el devenir. Respondería Vinicius con un centro templado que Bale usó para ceder hacia el derechazo de Benzema que atrapó Pacheco. El meta tendría que intervenir para neutralizar el zurdazo angulado del galés -tras el envío aéreo, quirúrgico y en profundidad de Modric- en el 50, pero sus compañeros ya se habían asentado en la explotación de los espacios a la espalda de un gigante menos concentrado y coordinado en fase defensiva. En consecuencia, Calleri disfrutaría de dos oportunidades de lanzar a puerta.

La primera le llegó después de la galopada de Vigaray -que dejó tirados a un Reguilón descolocado y a un Casemiro lento-. La redonda quedó suelta y la pescó el argentino para ceder al chut de Manu García. El rebote le volvió al ex de Boca, que chutó al lateral de la red y sin ángulo -minuto 54-. Y la segunda la fabricaría él mismo: ganó un pelotazo a Nacho, granjeando la posesión para Burgui. El extremo no tendría precisión en el pase, a pesar de estar sin marca en la frontal, y Calleri remataría por encima del larguero. De nuevo casi sin hueco -minuto 57-. Una falta lanzada por Bale lejos de la diana salpicaría la creciente sensación de peligro vasco. Y el galés, que había sido metido en el centro en el segundo acto ante su total desconexión previa, sería sentado a continuación. Asensio ocuparía su escaño.

Constatada ya la percepción de la facilidad para acercarse al área de Courtois del Alavés, con un cañonazo de Burgui -que ganó la partida a Odriozola- que repelió el arquero belga, las dudas y la ruptura de líneas se presentaron como identitarias en el bando local. El equilibrio del vigente campeón de Europa se había diluido y, con él, se deshizo su dominio, dibujando una inercia anárquica en la que sufrían para recuperar el esférico y no conceder ocasiones. En el toma y daca poco vistoso -pues la lucidez y la velocidad en el pase no pertenecerían nunca a este enfrentamiento- yacían los merengues, vulnerables, con querencia por competir a la contra. Hasta que, en el 70, dieron un volantazo para reclamar el timón horizontal por la vía del cuidado del balón. Y, sobre todo, por mor de protegerse.

Comparecerían Rolan, Mariano, Guidetti, Alex Blanco e Isco -por Burgui, Benzema, Calleri y Manu García- en un desenlace que correspondía a la hoja de ruta pensada por Aberlardo. Con el cansancio y la mirada puesta en el inminente duelo ante el Barça, los de Concha Espina no alcanzarían a despertar en ninguna de las dos facetas del fútbol. En ese languidecer prolongado, con los babazorros decididamente adelantados, Vinicius encontraría una hectárea por recorrer. Cambio de banda con clase y celeridad, Asensio centró de vuelta, marró el despeje Vigaray y el brasileño no desaprovechó el lance y sentenció con un disparo suave y al segundo poste -minuto 81-. Penalizaba con ardor impío la falta de pericia en los metros finales de los alaveses.

La calidad decidió por delante de la labor coral y regaló el triunfo a un Madrid sufrido en el inicio de este febrero que podría definir lo exitoso de su temporada. Vinicius se reivindicaría aún más como el desestabilizador primordial de un conjunto que volvió a resultar guadianesco en su compromiso y concentración. No le costó caro por demérito rival, claramente. Con todo, y con los errores en la finalización y el tanto postrero de Mariano -centro fino de Odriozola y remate depurado, en el 91-, se clausuraría un evento que confluyó en un marcador no del todo descriptivo de lo visto. Si bien, en este encuadre de entreguerras, lo relevante sigue siendo sumar de tres en tres.

- Ficha técnica:

3 - Real Madrid: Courtois; Odriozola, Nacho, Sergio Ramos, Reguilón; Casemiro, Modric, Ceballos; Bale (Marco Asensio, m.63), Vinicius (Isco, m.87) y Benzema (Mariano, m.74).

0 - Alavés: Pacheco; Vigaray, Laguardia, Maripán, Duarte; Pina, Manu García (Guidetti, m.81), Wakaso; Jony, Burgui (Diego Rolan, m.68) y Calleri (Álex Blanco, m.81).

Goles: 1-0, m.30: Benzema. 2-0, m.80: Vinicius. 3-0, m.91: Mariano.

Árbitro: Santiago Jaime Latre (Comité aragonés). Amonestó a Laguardia (32), Burgui (54) y Wakaso (74) por el Alavés.

Incidencias: encuentro correspondiente a la 22a jornada de LaLiga Santander, disputado en el estadio Santiago Bernabéu, ante la presencia de 53.132 espectadores.

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