www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

DESDE ULTRAMAR

Pedro Sánchez en México

Marcos Marín Amezcua
jueves 07 de febrero de 2019, 20:44h

Dado que tanto los gobiernos de España como el de México parece que no abordarán este año a Hernán Cortés, por ahí empecemos. 2019 marca el V centenario del arribo de Hernán Cortés a las costas mexicanas, lo que supuso el inicio de la conquista de México o si se prefiere, del entonces Imperio mexica. La piedra de toque del Imperio español, ni más ni menos. Un V centenario que requeriría de valentía y madurez de ambas orillas del Atlántico para conocer, afrontar y revalorar un pasado común que nos resulta palmario. Y desde luego que podría, inclusive, facilitar tareas de redescubrimiento y reconocimiento en la misma España, donde fuera rastreándose la presencia e influencia mexicanas, allí donde las hubiera, lo que contribuiría a conocerse mejor al país americano en su exmetrópoli, en un tornaviaje estupendo y favorable para ambas naciones.

Máxime que el Franquismo borró a México de su radar al menos en la Península, por razones diversas y que merecerían dejarse atrás de una vez por todas, aprovechando que ambos gobiernos apostaron por dirigir su mirada, mejor, hacia el octagésimo aniversario de la llegada masiva de refugiados a México, que escaparon de Franco y sus esbirros tras la Guerra Civil.

Para mí la conmemoración quincentenaria cortesiana de significativa importancia, debe de atenderse basada no en la Leyenda Negra antiespañola ni en la Leyenda Rosa civilizatoria española planteada sin respuesta buena y mala de los lugareños receptores de tal, como también se la ha expuesto, sobretodo, desde España. Buscarse un complejo punto medio sería lo óptimo y cuán difícil más no imposible como necesario nos resulta, si ambos países, España y México, son intelectualmente honestos y son capaces de mirarse a los ojos, mutuamente.

Mas de momento parece que aguardaremos el momento propicio. La primera llamada, 2019, no ha sido atendida por ambos gobiernos, desafortunadamente. Dicen en España, según trasciende aquí, que la omisión a Cortés obedece a que quieren ser políticamente correctos allá. Acá no veo mucho ánimo de rememorar. Una pena. Quizás en 2021 cuando se alcance el V centenario de la concreción de la conquista de México-Tenochtitlán, se consiga que ambos países se miren al espejo sin falsos pudores. Quizás.Por el momento, ya le digo, se han centrado ambos gobiernos en el octagésimo aniversario del exilio español proveniente de la Guerra Civil, brincándose olímpicamente a Hernán Cortés, que quiérase que no es el preámbulo que explicaría porqué se ayudó y porqué decidieron desplazarse a México aquellos refugiados, al saber de un país culturalmente afín al otro lado del océano.

Esta circunvalación más extensa y prolongada que el viaje de circunnavegación de Magallanes-El Cano –que también nos congrega en su V centenario– para alcanzar al tema que atrae nuestra atención en esta ocasión intitulando la presente entrega, no es ociosa y si muy oportuna, porque sirve de extraordinaria razón para delinear esa estancia breve en México de Pedro Sánchez, el jefe de gobierno español –en ese marco asaz conmemorativo–, y estoy cierto que fue fructífera y significativa; resaltada como visita oficial en las primeras planas de prácticamente todos los diarios capitalinos mexicanos, efectuada sin criticarse la salida fácil que otorgan los viajes internacionales y el relumbrón que suponen y sin reproducirse los escándalos del reciente viaje vacacional del español, al que le han atizado sin clemencia alguna y con toda razón, en las semanas previas.

Desearíamos que no sea la primera visita oficial de cara al sexto centenario (2119) de ese histórico encuentro que tiene en abril y noviembre por fechas clave a rememorar sobre 1519, si es que en el presente año no se desea abordarlo. Y es una primera vez porque es también la primera visita oficial que recibe el nuevo presidente mexicano y que mejor que sea la de su homólogo español. Como que es la primera vez que por lo tanto, López Obrador organiza los protocolos alusivos de recepción a dignatarios extranjeros y se foguea en esas lides, en que Sánchez acude sin ser el grosero recadero de Trump (como de Bush hijo sí lo fue Aznar en su día) para decirle al mexicano que lo secunde en Venezuela.

Elucubrando y solo eso: si Pedro Sánchez intentó neutralizar a López Obrador obsequiándole el acta de nacimiento del abuelo español Obrador –nacido en Cantabria, en 1893– en respuesta López lo neutralizó con el apretón de manos de la alcaldesa de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, de su mismo partido, declarándolo huésped distinguido de tal urbe, en esa relación de ida y vuelta en un contar y no acabar; y a quien Sánchez en su discurso de agradecimiento se ha autoproclamado abiertamente chilango, es decir, oriundo de la capital mexicana. Un curioso apelativo singular como el de gato empleado para los madrileños o el de maños, para los zaragozanos, rematando Sánchez conque regresará muchas veces a nuestro país. Me parece estupendo.

La visita del ocupante de la Moncloa según ha trascendido, sí ha incluido abogar por el empresariado español afincado en el país americano y que a últimas fechas ha enfrentado por su labor, que no por su nacionalidad per se, cuestionamientos abiertos sobre las tasas de intereses y comisiones que cobra la banca de su factura o los términos en que obtuvieron concesiones en materia energética. El tema puede calentarse y acaso sea mejor lo mismo mediar que también llamar a mesura a tal empresariado en sus pretensiones económicas, para no incurrir en usura o para no matar a la gallina de los huevos de oro.

Ciertamente que en el tema venezolano, los dos países han atendido a sus propios intereses y no han coincido. Sánchez ha venido a decir lo que reconocería después: a Guaidó, conminándolo a convocar a elecciones, en tanto que López Obrador sostiene la no intervención y el llamado al diálogo entre las partes, que este jueves 7 de febrero ha de emprenderse en Montevideo, sin resultados aún claros y de un pronóstico reservado. A mí con Guaidó me pasa igual que con la película “Roma” de Cuarón, que ya empiezan a cansarme un poquito, agobiándome.

Así entonces, ambos países se reencuentran en 2019 no mediante una almadía o con una carabela de por medio, sino en un viaje transoceánico y por avión, símbolo de que la modernidad sin telarañas debe prevalecer en el diálogo franco y abierto renovado. Así miremos ese pasado común sin atavismos, sin complejos, sin exageraciones ni malos rollos, permítame usted la chabacanería al expresar esto último, y nos recuerda que la relación México-España cuenta por fortuna, con muchos frentes y un elocuente y siempre bienvenido intercambio.

Termino. Del nuevo embajador de España en México, Juan López-Dóriga Pérez, exdirector de la Agencia Española de Cooperación y con una extensa trayectoria diplomática en la región latinoamericana, la revista Protoloco ha destacado estas palabras: “Quiero decir, esta vez, que para un embajador de España en México esas palabras: placer, honor, satisfacción, se quedan cortas. Servir a mi país en México es para mí algo más, una culminación personal y profesional.” Pues así han de plantearse las actuales relaciones bilaterales. Eso sí, al leerlo me ha recordado que en el periodo virreinal los funcionarios escribían a la Corona solicitando ser virreyes de Nueva España para finalizar con broche de oro su carrera al servicio del Rey. Lo digo solo por acotar las palabras del plenipotenciario aludido. En todo caso, el abuelo Obrador acaso lo sepa: otra vez sucedió: ya un nieto suyo es presidente de una nación de América. Casi nada y qué nación, nada más y nada menos, permítame a usted expresárselo sin chauvinismos ni grandilocuencias.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios