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TRIBUNA

Ni “fachas” ni “mierdas”

miércoles 13 de febrero de 2019, 20:09h

“Convivir”, según el Diccionario de la Real Academia Española, es “vivir en compañía de otro u otros”. Por ello, hablar de convivencia democrática es hablar de cómo las personas que viven en una sociedad pueden vivir juntas sin perjudicar o recortar la libertad de los demás. El término “respeto” tiene más acepciones. Entre ellas, “miramiento, consideración, deferencia” o “Manifestaciones de acatamiento que se hacen por cortesía”.

Convivencia, respeto y madurez democrática se han echado en falta en el antes, durante y después de la concentración del pasado domingo en Colón. El problema fundamental de la convivencia está en la naturaleza humana que hace que cada persona sea completamente diferente de las demás, con sus experiencias, su carácter, su cultura, sus emociones, incluso su genética. El resultado es que, efectivamente, una persona tiene sus convicciones éticas, sociales, filosóficas y políticas diferentes de las de cualquier otra persona. Y, además, cada una de estas personas singulares, tiene la convicción, perfectamente legítima, de estar del lado de la verdad.

El sistema ideal sería aquél en el que todas las opiniones tuvieran el mismo derecho de ciudadanía y en el que prevalecieran las más convenientes para la comunidad. Pero este sistema no pasa de ser utópico, puesto que no es posible evaluar con un criterio universalmente aceptado la calidad de las opiniones. Por ello, el compromiso correcto de la democracia es hacer prevalecer la opinión de la mayoría de los ciudadanos, respetando a las minorías, eso sí, pero también crear tantos centros de poder como sea posible que se equilibren y se controlen entre sí.

La madurez democrática de una sociedad, como la de una persona, se revela en la medida en que se adhiere a estos principios. En las sociedades con la experiencia democrática más antigua, el respeto por las leyes y la convivencia civil es espontáneo y lo mismo es la aceptación de sanciones incluso para conductas irregulares menores. El respeto por las instituciones y las personas de diferentes opiniones también es máximo, a pesar de la creencia de que cada cual está del lado de la verdad.

Ni las subidas de tono del PP y Cs contra Sánchez, ni los exabruptos de VOX, llamado a convertirse en el portavoz de la Conferencia Episcopal (eso sí, con escasa caridad cristiana hacia los inmigrantes), han ayudado en los días previos a la concentración en Madrid. Lo mismo puede decirse de destacados miembros del PSOE, o de Podemos, llamando “fachas” a todos los que acudieron, o de la cómica que les llamó “mierdas”.

Punto y aparte merece la irritación que a la izquierda más radical le producen los símbolos nacionales, himno y bandera. Es curioso constatar su incoherencia: en España es de “fachas” sacarlos a la calle y, en cambio, es “muestra de la expresión popular” y absolutamente democrático que, cada sábado, los ”chalecos amarillos” pidan la dimisión de Macron al son de “La Marsellesa” y portando la bandera francesa por las calles de París. Se ve que allí no tienen tantos complejos.

Acudir a una concentración con la bandera española a decir que no se quieren negociaciones con el independentismo fuera de la Constitución, que no gusta el Presidente de un Gobierno que gobierna a base de decretos, pedir su dimisión y la convocatoria de unas elecciones que prometió durante la moción de censura, no debería considerarse un acto antidemocrático, ni franquista, como parece que le ocurre a una actriz en las RRSS.

La víscera no debe sustituir a la razón, ni la emoción al sentido común. Si seguimos abrazando lo primero estamos más abocados a la confrontación, a la crispación, que a madurar y ganar convivencia democrática.

Progresemos, avancemos, no vayamos para atrás. No es ilegítimo acceder a la presidencia del gobierno a través de una moción de censura. No es ilegítimo que un partido, por muy reaccionarias que sean sus propuestas, acceda al Parlamento Andaluz tras pasar por las urnas. Ni son “fachas” ni “mierdas” las personas que acudieron a la plaza de Colón.

Tomás Aparicio, Responsable de Acción Institucional de UPYD y
concejal de Las Rozas

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