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TRIBUNA

La vocación hispánica de Viktor Frankl

Jorge Casesmeiro Roger
viernes 22 de febrero de 2019, 20:21h
El gran hispanista austriaco Viktor Frankl (también Víctor Frankl, 1899-1979) ha sido olvidado. Se le confunde con su celebérrimo paisano, el psiquiatra Viktor E. Frankl (1905-1997), fundador de la tercera escuela vienesa de psicoterapia. Incluso bibliotecas oficiales de Austria y España atribuyen hoy al famoso médico la magna aportación crítica de su marginado homónimo: su tratado de 1963 sobre la mentalidad que informó el imperio hispánico a partir del Antijovio (1567) de Gonzalo Jiménez de Quesada. Este artículo memoria el camino y el espíritu de Víctor Frankl, el ilustre vienés que se hizo americano en español.

El filósofo y teólogo austriaco Viktor Frankl (1899-1979) fue mucho más que un hispanista como la copa de un pino. Fue un hispanoamericano vocacional. Un historiador de las ideas que escribió casi toda su obra en español como Víctor Frankl. Y cuyas contribuciones sobre el zeitgeist del Siglo de Oro –“el tomismo español del Renacimiento y el Barroco” (Frankl, 1953)– siguen siendo de inevitable referencia.

Sin embargo, la identidad de este sabio yace actualmente sepultada bajo la fama del médico con el que compartió nombre, nacionalidad, generación, disciplina conexa y hasta condición de catedrático en la Universidad de Viena: el psiquiatra Viktor Frankl (1905-1997), que también escribió mucho y firmó todas sus obras como Viktor E. Frankl. Es decir, el célebre clínico judío que sobrevivió a los lager nazis, fundó tras Freud y Adler la tercera escuela vienesa de psicoterapia (la Logoterapia), y vendió en vida diez millones de copias de El hombre en busca de sentido, memoria de su cautiverio y síntesis de su doctrina.

El analista del Antijovio

Muchos méritos podemos atribuir al galeno Viktor Emil Frankl, cuya estampa acaba de acuñar en oro la Casa de la Moneda de Austria. Pero nunca uno especialmente señero para el pensamiento hispánico, que algunos expertos y archivos oficiales hacen pasar por suyo. Es decir, no el de haber escrito una de las investigaciones más pletóricas sobre el Renacimiento tardío español en América. Ya que este honor corresponde a su compatriota, coetáneo, colega y homónimo hispanizado Víctor Frankl.

Me refiero al gran estudio sobre el documento que inauguró la vida científica y literaria del Nuevo Reino de Granada, hoy Colombia. El imponente análisis del hispanólogo austriaco sobre el Antijovio (1567), la refutación que el fundador de Santa Fe de Bogotá, Gonzalo Jiménez de Quesada, escribió contra las críticas vertidas por el obispo italiano Paulo Jovio sobre las campañas de Carlos V en aquella península.

Hablamos de El “Antijovio” de Gonzalo Jiménez de Quesada y las concepciones de realidad y verdad en la época de la contrarreforma y el manierismo (Ediciones de Cultura Hispánica, Madrid 1963). Una catedral de 767 páginas, con prólogo del académico José Antonio Maravall, sobre de una de las “expresiones máximas de la altísima cultura intelectual y moral del Imperio español del quinientos” (Frankl, 1963, p. 14). Un tratado espectacular y el opus magnum del olvidado hispanista. Pero asignado al doctor Viktor Emil Frankl en los catálogos de las bibliotecas nacionales de Austria y España. Incluso el índice digital del AECID –organismo que custodia los fondos del Instituto de Cultura Hispánica que publicó la magna obra– endosa el tomazo al acrisolado alienista.

El caballero de Viena

Veamos pues quién fue este docto hispanófilo de cuño germánico, que no tiene quien le escriba en el cuarenta aniversario de su óbito y ciento veinte de su nacimiento. Aprovechando que ambas efemérides coinciden además con el V Centenario del desembarco en Yucatán de otro ubérrimo manierista al que también estudió con acreditado éxito: Hernán Cortés.

Nacido en Bielitz, pequeña ciudad de la Silesia Austriaca, el 13 de diciembre de 1899, Viktor Frankl cursó a la par Filosofía, Derecho y Teología católica en la Universidad de Viena. Estudiante entre las dos guerras mundiales, disfrutó de un ambiente académico en el que su tradición aristotélica y tomista convivía con la ya dominante corriente neokantiana y neopositivista del Círculo de Viena; de cuyo fundador, Moritz Schlick, recibió clases.También fue alumno de Reininger, Kelsen, Spann, y del más tarde Cardenal-Arzobispo de Viena, Theodor Innitzer (Frankl, enero-marzo 1951).Siendo particularmente iniciado en la escuela de la geistesgeschichte o “historia del espíritu” por sus más eminentes representantes, los profesores Heinrich von Srbik y Max Dvorák. Cuyo método de abordaje de la estructura e historia de las ideas hará suyo en su cátedra y obras.

Doctorado en 1925 con una tesis sobre “El concepto de la regeneración moral en la filosofía de Kant”, Frankl estudio el medievo y el renacimiento como miembro del Instituto de Investigaciones Históricas de Austria. Ejerció una prolífica y transversal actividad en torno a la Historia de las Ideas, la Filosofía Social o la Epistemología. Y al parecer desempeñó cargos de alta gestión universitaria y pedagógica durante los gobiernos de Dollfuss y Schuschnigg.

Metamorfósis americana

Forzado al exilio tras establecimiento del Anschluss (1938), la anexión de Austria al Tercer Reich, Frankl toma el camino de Hispanoamérica. Donde asentará por veinte años entre Paraguay y Colombia, tras una estancia en Argentina. Y debía dominar el español antes de emigrar. Porque ya en 1941 obtuvo el Primer Premio del Gran Concurso Nacional de Trabajos Científico-Sociales, con su ensayo “La justicia social en el orden cristiano de la sociedad”. Un certamen convocado por la Asociación Católica Argentina, en torno a la conmemoración de las encíclicas “Rerum Novarum” y “Quadragesimo Anno” (Frankl, 1951).

Poco después fue invitado por el gobierno paraguayo. Y desde 1944 ostentó las cátedras de Historia de la Filosofía, y sociologías General y de la Educación, en la Escuela Superior de Humanidades; así como en las facultades de Filosofía y Economía de la Universidad Nacional del Paraguay. Entre 1946-48 desplegó una amplia labor como investigador y conferenciante (Frankl, 1948). También colabora en publicaciones como Revista del Ateneo Paraguayo, Cultura, Guarania, La Tribuna y La Razón. Y sigue atentamente la formulación de la doctrina justicialista de Perón en Argentina. Siendo entre el paisaje y el paisanaje paraguayos, donde sacramenta su vocación hispánica. Como recordaría luego en la “Introducción” de su iniciático y también voluminoso Espíritu y camino de Hispanoamérica:

“Fue durante los dos últimos años de mi vida en el Paraguay –viviendo yo en el campo en íntimo y continuo contacto con las tremendas fuerzas de la tierra mestiza, y en presencia del encanto demoniaco del hombre mestizo, entregado con toda mi alma a la investigación de la realidad espiritual y material de ese país– cuando experimenté la profunda transformación de todo mi ser, que hizo de mí un hombre hispanoamericano; fue la transformación de un hombre intrínsecamente viejo, impregnado de las esencias de un mundo cultural viejo, en un ser joven, miembro de un mundo (…) en que todo es potencialidad, devenir, futuro…” (Frankl, 1953, p. 52).

Colombia o la plenitud

En 1949 Frankl se trastada a Bogotá solicitado por la Universidad Nacional de Colombia, en cuyo Instituto de Filosofía y Letras regentó las cátedras de Epistemología, Sociología e Historia de las Ciencias. También impartirá una cátedra de Historia de la Filosofía Medieval en la Universidad Pontificia Javeriana de Bogotá, publicando en su revista Univérsitas. Fueron años de una intensa labor y sus aportaciones empiezan a llamar la atención en Méjico y España. Pero el hispanismo de Frankl enojó a sus colegas de la Nacional, pues en realidad habían contado con él para afirmar la orientación germánica del Instituto. Como apunta el sociólogo Gonzalo Cataño:

“El nuevo profesor resultó un fiasco. El austríaco no estaba interesado en Kant, Hegel o Husserl, sino en la ‘hispanidad’ y en la tradición tomista de la cultura latinoamericana, temas que desarrolló en su libro Espíritu y camino de Hispanoamérica (…) Los estudiantes se dividieron entre carrillistas y franklistas. En medio de este conflicto, el caballero de Viena estrechó relaciones con El Siglo y alimentó una campaña contra la dirección del Instituto (…). Frankl salió airoso de aquel litigio y fue una figura muy considerada durante los gobiernos de Gómez y de Rojas Pinilla” (Cataño, 1996).

Frankl pensaba que Hispanoamérica no había tenido tiempo histórico para forjarse una conciencia de su propia singularidad. Y para aclarar sus vínculos con el mundo europeo, propuso en 1953 la creación de un Centro de Investigación de las Ideas en Colombia, con el fin de entroncar en la tradición española la filosofía colombiana del futuro: “Propuesta –recuerda el director de la Biblioteca Colombiana de Filosofía de la Universidad Santo Tomás–: Que ha tenido efectivamente eco entre nosotros, pero no para realizar los anhelos de Frankl” (Pachón Soto, 2012).

Fue por aquel entonces cuando el vienés empezó a pergeñar su erudita meditación en torno al Antijovio, a partir de la primera edición del manuscrito que realizó en 1952 el Instituto Caro y Cuervo de Bogotá. Una ímproba tarea que concluyó durante su residencia colombiana, si bien ya con las miras puestas en regresar a Europa. Pues en 1958, mientras publica en Sevilla dos artículos sobre Jiménez de Quesada (Frankl, 1958), vuelve a firmar en Austria como Viktor Frankl un monográfico en alemán sobre dicho tema (Frankl, 1958). Apareciendo también en Alemania, en 1962, otro de sus textos más citados sobre Hernán Cortés (Frankl, 1962).

No había olvidado, Herr Víctor, sus propias raíces. Y aunque desconocemos con exactitud la fecha de su retorno, uno de sus discípulos argentinos, el historiador y polígrafo Fermín Chávez, nos cuenta en su leal semblanza: “Ya de vuelta en Viena nuestro maestro vivió sus últimos años en Boschstreet 24/3/4/11. Y en su querida capital escribió para la Zeitschriff fur Politik (Revista Política) de Munich, en septiembre de 1972, el trabajo que aquí presentamos: El Peronismo y las Encíclicas Sociales” (Chávez, 1999).

En busca de sentido

Viktor Frankl falleció en Viena el 26 de abril de 1979 y sus restos yacen en el cementerio de Ottakringer. Hoy muy pocos le recuerdan, algunos preferirían no hacerlo, y casi todos le citan pensando que era otro. Pero hay que citarle y su legado sigue vibrando en la Historia de las Ideas: “Ciencia de la vida del espíritu histórico que tiene que elevarse (…) sobre todo lo fosilizado, buscando siempre el movimiento vivo, la continua transformación fecunda que se produce detrás y en el interior de las expresiones simbólicas petrificadas” (Frankl, 1963, p. 191).

Sugestiva, audaz, vigente sensibilidad del erudito Víctor Frankl. Como decía Maravall: “Sus confrontaciones y aproximaciones de sentido, tan abundantes y variadas (…) son siempre innegablemente interesantes, [pues] al insertar las ideas que investiga en el curso de la historia, al situarlas en la corriente que avanza hasta nuestros días, les devuelve su viva realidad, presentándonoslas desde el planteamiento actual que con ellas se trató de resolver” (Maravall, 1963).

Y si alguien piensa que el reloj de estas palabras se detuvo en la fecha de su impresión, tenga en cuenta estas otras del propio Frankl, en el ahora V Centenario del desembarco fundacional de Méjico por las armas y las letras de Hernán Cortés. Ese desembarco del Renacimiento en América que nuestro todavía ministro de Cultura no se atreve a conmemorar:

“La Independencia de Hispanoamérica (…) ha traído un fenómeno de suma gravedad que no existe en otros círculos culturales: la negación de todo recuerdo de la época colonial por los mismos intelectuales hispanoamericanos, y con ella la interrupción (…) de todo contacto (…) con las raíces de la propia existencia; y en el vacío dejado por la eliminación (…) entraron y están entrando influencias extrañas, de incomparablemente menor rango moral y espiritual, que han producido la caída del Continente en un nuevo coloniaje intelectual y económico (…)

Y sigue: “El postulado de una sana vida cultural, política y económica de los países hispanoamericanos consiste en que ellos encuentren de nuevo el contacto con el propio pasado en su integridad y plenitud; pues sólo el profundo arraigo, firme y consciente, en los fundamentos de la propia existencia nacional y continental puede nutrir la energía creadora para una vida histórica de máximas dimensiones y rendimientos” (Frankl, 1963, pp. 13-4).

Es transparente, por lo tanto, que la razón vital de este caballero de Viena tiene hoy para nosotros el mismo alcance que él vio en el Antijovio. Y que reconocerlo así: “Puede ayudar al hombre hispanoamericano a ‘recordar’ –en el sentido platónico de ‘recordar’ el alma su propia alcurnia– la grandeza moral e intelectual del origen del propio ser histórico”. Aunque también podría ser que el mundo hispánico encuentre sentido a la presencia ignorada de Víctor Frankl, y que en vez de un historiador de las ideas lo que necesitemos sea un loquero existencialista que nos pregunte: ¿Por qué no se suicida usted?

Bibliografía:

Cataño, Gonzalo (1996): “El filósofo Rafael Carrillo”, Ideas y Valores, Vol. 45, nº 101, Universidad Pedagógica Nacional, Colombia. P. 17, nota 29.

Chávez, Fermín (1999): El peronismo visto por Víctor Frankl, Ediciones Theoría, Buenos Aires. Pp. 14 y 15 (adaptado).

Frankl, Víctor (1948): “Idea del imperio español y el problema del imperio jurídico-lógico de los estados misionales en el Paraguay” (ponencia presentada en la IV Asamblea del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, Caracas, 1946). En Arcaya, Pedro Manuel, et al., Estudios de Historia de América, Instituto Panamericano de Geografía e Historia. Imp. Manuel Casas, México.

Frankl, Víctor (1951): “Kant y la decadencia de Occidente”, Revista Cubana de Filosofía, Vol. II, nº 7, enero-marzo, La Habana. En nota a pie.

Frankl, Víctor (1951): “Las encíclicas Rerum Novarum y Quadragesimo Anno ante la realidad hispanoamericana”. Revista Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, Escuela de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Pontificia Bolivariana, nº. 5-6, Medellín, Colombia.

Frankl, Víctor (1953): Espíritu y camino de Hispanoamérica, Biblioteca de Autores Colombianos (Tomo I. La Cultura hispanoamericana y la Filosofía europea), Ministerio de Educación Nacional, Ediciones de la Revista Bolívar, Bogotá. En Chávez, 1999, p. 13.

Frankl, Víctor (1958): “Las concepciones historiográficas de Gonzalo Jiménez de Quesada”, en revista Estudios Americanos (Sevilla, nº 76-77) y “Agustinismo y nominalismo en la filosofía de la historia según Gonzalo Jiménez de Quesada”, EA (nº 82-83).

Frankl, Viktor (1958): “Der Antijovio des Gonzalo Jiménez de Quesada als ideengeschichtliches Problem”, Mitteilungen des Instituts für Österreichische Geschichtsforschung, Volume 66, Issue 3-4, Pages 344–363.

Frankl, Viktor (1962): “Die Begriffe des mexikanischen Kaisertums und der Weltmonarchie in den Cartas de relación des Hernán Cortés”.Saeculum. Jahrbuch für Universalgeschichte (Göttingen. Ger.) Vol. XIII, 1. pp. 1-34.

Frankl, Víctor (1963): El “Antijovio” de Gonzalo Jiménez de Quesada y las concepciones de realidad y verdad en la época de la contrarreforma y el manierismo, Ediciones de Cultura Hispánica (del Instituto de Cultura Hispánica), Madrid.

Maravall, José Antonio (1963): en “Prólogo” a Frankl, V. (1963), op. cit.

Pachón Soto, Damián (2012): “Biblioteca Colombiana de Filosofía”, Ideas y Valores, Bogotá, Vol. 61, nº 148, p. 193-197,

Jorge Casesmeiro Roger

Licenciado en Pedagogía y en Periodismo

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