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ORIENT EXPRESS

“Sobibor” y la historia de Europa

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 03 de marzo de 2019, 18:56h

Se ha estrenado esta semana en España el largometraje ruso “Sobibor” (2018), dirigido por el célebre actor Konstantin Khabenskiy. El episodio es bien conocido. En marzo de 1942, durante la Operación Reinhardt, los nazis establecieron un campo de exterminio en el distrito de Lublin (Polonia). Tenía 600 metros de largo por 400 de ancho. En él, fueron exterminados aproximadamente doscientos cincuenta mil judíos en las cámaras de gas. El comandante era el teniente coronel de las SS Franz Stangl y, además de unos 30 miembros de las SS, a sus órdenes estaban unos 120 ucranianos. Este fue el lugar donde, el 14 de octubre de 1943, un grupo de prisioneros liderados por Alexander Pechersky, judío ruso, y León Feldhendler, judío polaco, se sublevaron, mataron a 11 guardias de las SS y a algunos de sus colaboradores ucranianos y escaparon a los bosques. La rebelión fue sofocada y a la mayoría de los que huyeron los mataron al poco tiempo. En torno a 50 lograron sobrevivir. Algunos alcanzaron el territorio donde operaban unidades partisanas y entraron en sus filas.

En este año se cumplen los 80 años del estallido de la invasión de Polonia que, según la convención, da inicio a la II Guerra Mundial (aunque podría considerarse que, en Asia, comenzó mucho antes). Aún siguen abiertas las heridas que tanto la guerra como el Holocausto abrieron en nuestro continente. En este sentido, “Sobibor” resulta particularmente punzante.

Por una parte, subraya la dignidad de quienes decidieron combatir y organizaron todo un movimiento de resistencia. Deberíamos hablar más de esto. Sigue repitiéndose la mentira de que los judíos fueron a los guetos, las fosas y los campos como ovejas al matadero. Es una de las mayores injusticias históricas de nuestro tiempo. Hubo judíos combatiendo en todos los ejércitos aliados. Hubo judíos entre los partisanos y hubo unidades partisanas formadas íntegramente por ellos (a menudo por el antisemitismo que seguía existiendo incluso en algunos movimientos de resistencia). Hubo resistencia en los guetos y en los campos. A ella pertenecieron hombres, mujeres y hasta niños, que hicieron de correos o robaron comida escabulléndose por las alcantarillas. En este sentido, “Sobibor” rescata la historia de uno de los alzamientos en campos de exterminio, pero no fue el único. El del 2 de agosto de 1943 en Treblinka y el del 7 de octubre de 1944 en Auschwitz-Birkenau han de recordarse, en toda su trágica grandeza, para comprender la injusticia del tópico de la falta de resistencia.

Por otro lado, no obstante, sobre “Sobibor” planea el fantasma del colaboracionismo que, en ciertas zonas de Ucrania, no fue tan infrecuente como las autoridades soviéticas quisieron aparentar después de la guerra. Cuando Ilyá Ehrenburg y Vasili Grossman comenzaron a trabajar en el Libro Negro -el gran documento testimonial del Holocausto cuyo título completo es “El Libro negro sobre la malvada exterminación de los judíos por los invasores fascistas alemanes en las regiones provisionalmente ocupadas de la URSS y en los campos de exterminio en Polonia durante la guerra de 1941-1945”- no conocían por completo la extensión de la colaboración con los nazis en los territorios ocupados. Su obra se convirtió en una prueba incómoda del exterminio de los judíos a manos de los invasores, sí, pero con la ayuda de los colaboracionistas que encontraron en los territorios invadidos. El tema era muy delicado porque, frente a la posición oficial de que los crímenes se habían cometido contra “ciudadanos soviéticos”, se alzaban las pruebas incontestables de la destrucción de las comunidades judías de la URSS con la colaboración de algunos de sus vecinos no judíos. En su gran reportaje sobre los judíos en la URSS, “Los judíos del silencio” (1966), Elie Wiesel advirtió que “no es fácil llegar a Babi-Yar, esta hondonada que se abre al final de los suburbios, donde los alemanes con la ayuda de colaboradores locales arrojaron en confusa mezcolanza a los judíos de Kiev […] Los guías oficiales del Intourist rehúsan acercarse allí. Si uno insiste, responden: «no vale la pena ir; no hay nada que ver»”. Hoy existe en Babi-Yar un memorial, pero la extensión y profundidad del colaboracionismo genera polémicas internacionales que distan de estar resueltas.

Así, “Sobibor” entra de lleno en los debates sobre la historia, la memoria y el relato de la Europa contemporánea. Desde los sucesos de Maidan en noviembre de 2013 hasta hoy -y probablemente desde antes- la sombra de los nazis, los neonazis, la colaboración y la resistencia se ha hecho aún más oscura sobre todo nuestro continente.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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