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ATLETISMO

Europeos. De Arriba y Ureña, traca final dorada para España

EL IMPARCIAL
domingo 03 de marzo de 2019, 21:03h
Victorias en los 800 metros y en el heptatlón, respectivamente. Orlando Ortega sorprendió con unas declaraciones desconcertantes.

La cosecha española de medallas en los Europeos de atletismo en pista cubierta que se han celebrado este fin de semana en Glagow se dispararía en su desenlace. Este domingo arrancó con el oro en triple salto de Ana Peleteiro, pero no sería la única presea dorada de la cosecha nacional, pues, en la sesión vespertina Álvaro de Arriba y Jorge Ureña se proclamarían campeones en 800 metros y heptatlón, respectivamente. Y, además, Jesús Gómez se hizo con el bronce en el 1.500 y el 4x400 masculino (conformado por Óscar Husillos, Manuel Guijarro, Lucas Búa y Bernat Erta) se enfundó la plata. Todo ello para colocar a la delegación nacional en la tercera plaza global, con seis medallas. Sólo por detrás de Polonia y Gran Bretaña.

El respingo arrancaría en el triunfo de Álvaro de Arriba. El salmantino se destacó con una marca de 1:46.83 cimentada en una última vuelta que representó unaa escapada formidable, a la que nadie supo reaccionar. Su acelerón relegó al británico Jamie Webb -empujado desde las gradas- a la medalla de plata, mientras que el irlandés Mark English (1:47.39) se conformó con el bronce. Y la exhibición patria no se certificó por poco, ya que el otro español finalista, el murciano Mariano García, que hizo récord personal con (1:47.58), llegó cuarto.

Venían tanto De Arriba como García de ganar en sus semifinales. Mas, el primero, que fue bronce en los Europeos de Belgrado de 2017, sería el que respondió a las expectativas con creces. Dejó hacer al danés Andreas Bube en las dos primeras vueltas -paso de 53.38- y fue ganando posiciones hasta que lideraba la prueba cuando sonó la campaña del último giro. Desde ese momento entró en ignición y manejaría su ventaja con una sabiduría prodigiosa. El británico no le incomodaría, a pesar del empuje del graderío. Y García, campeón de España con 21 años, remontaría en la recta final, quedándose sólo a 19 centésimas del bronce en su debut en este tipo de evento.

Por otro lado, Jorge Ureña se salió en la combinada masculina en pista cubierta, con un total de 6.218 puntos. El alicantino de 25 años, que venía de ser plata en los Europeos precedentes, se reivindicaría como el mejor del Viejo Continente por medio de su actuación en la determinante carrera de 1.000 metros. El británico Tim Duckworth, plata con 6.156, y al ruso Ilya Shkurenyon, bronce con 6.145, no alcanzaron a exprimirse para arrebatar el merecido paseo glorioso al español. Inscribió su nombre junto al de Antonio Peñalver -bronce en Génova'92- como los únicos atletas nacionales con medalla en heptatlón en unos campeonatos continentales.

Ureña, que está entrenado por su su padre, José Antonio -antiguo atleta-, y por Jesús Gil -también practicante de esta disciplina-, se sacaría la espina a la tercera, pues había sido séptimo en los Europeos en pista cubierta celebrados en Praga (2015) y segundo en la cita de 2017. Y se legitima, toda vez que fue eliminado en los Europeos al aire libre de Amsterdam 2016 cuando iba segundo -cometió un fallo en lanzamiento de disco-.

El sábado inauguró su exhibición con una marca de 6.96 en los 60 metros lisos, a cinco centésimas de su récord. Ese comienzo le colocó en el tercer puesto general, con 897 puntos. El estonio Karl Saluri (973) y el británico Tim Duckworth (936) empezaron mejor. Y en el salto de longitud el español retrocedería hasta la quinta plaza (7,39 metros, lejos de los 7,73 recientes, su mejor marca personal). Ese resbalón sería subsanado de inmediato, elevando sus registros en el lanzamiento de peso (14,68), mas no avanzaría en la tabla clasificatoria. Y zanjó el esfuerzo sabatino con un salto de altura de 2,07 que le granjeó el acceso al podio virtual, con 3.443 puntos. Quedó, pues, detrás de Duckworth (3.533) y del sueco Fredrik Samuelsson (3.475).

Le tocaba remontar este domingo. Y ese empeño se hizo factible desde su debut en los 60 metros vallas. Ganó su serie (7.78, récord personal) y accedió al liderato global, con 4.481 puntos, seis de ventaja sobre Duckworth. Restaban el salto con pértiga y la carrera de los 1.000 metros. En ese punto era él el que acogía toda la presión. Y en pértiga dio un golpe de autoridad: marcó 5,00 metros, su mejor salto de 2019, para conservar su condición de puntero, con seis puntos de colchón sobre Duckworth y 61 sobre el ruso Ilya Shkurenyov, que había ganado con su salto de 5,20.

Ureña tocaba ya el oro. Le faltaba correr en un tiempo de 2:41.43 para cantar victoria y, de paso, establecer un nuevo récord de España -el anterior era suyo, con los 6.249 firmados en Praga 2017-. Ya sabía lo que es correr en 2:40.06, su mejor marca personal, pero ahora habría de competir por la cima y el nerviosismo no es sencillo de gestionar. Para combatirlo se situaría en los puestos de cabeza y sólo asomaría en la última vuelta. Su superioridad rozaría lo absoluto, pues ganó la carrera con un 2:44.27 que le aupó al mayor logro de su trayectoria.

Y la traca final de medallas para España se completaría con las preseas acaparadas en el 1.500 y el 4x400 masculinos. En la primera disciplina fue el burgalés Jesús Gómez el encargado de subir al podio, con un bronce, en una carrera que sorprendió por la derrota del noruego Jakob Ingebrigtsen a manos del defensor del título, el polaco Marcin Lewandowski. Un fallo de colocación del joven entregó el oro al veterano, con Gómez marcando un 3:44.39 que le supo a poco. Y el relevo formado por Óscar Husillos, Manuel Guijarro, Lucas Búa y Bernat Erta voló para batir el anterior registro (que databa del 2002). Sólo los belgas -con los tres hermanos Borlee- superaron a los deportistas nacionales.

Finalmente, la decepción correspondió al deportista más laureado de la delegación nacional. Orlando Ortega, subcampeón olímpico de 110 m vallas, se quedó este domingo a una centésima de la que hubiera sido su primera medalla en pista cubierta en los 60 metros vallas. Fue cuarto, contra todo pronóstico, por detrás del chipriota Milan Trajkovic -ganador sorprendente con un 7.60- y de los franceses Pascal Martinot-Lagarde (7.61) y Aurel Manga (7.63). Su 7.64 le apartó del festejo y le sumió en un sabor tan amargo que se desnudaría ante los micrófonos.

Ortega no ha sido un asiduo de la pista cubierta. En parte por la distancia bajo techo le perjudica: los 60 metros se le quedan cortos, pues a partir de ese punto es cuando empieza a entrar en ignición en los 100 metros que les con habituales. Sin embargo, y aunque en 2018 renunció a la campaña invernal, esta vez ze había preparado. Hizo el World Indoor Tour, terminándolo en la segunda plaza como mejor europeo -únicamente fue mejor que él el estadounidense Jarred Eaton. Por ello, porque fue bronce en los Europeos al aire libre de Berlín en el año anterior y debido a que arribaba como líder del ránking europeo del año -registro de 7.49-, había muchas esperanzas puestas en él.

Mas, fallaría. No salió mal (176 milésimas), pero en el sprint sobrevenido le faltaría explosividad precoz. La ilusión de meter su nombre en la historia -tras la medalla continental lograda por Javier Moracho hace 33 años- quedó en nada. Aunque batiera a sus rivales en las primeras rondas -incluyendo al campeón, Andrew Pozzi-. Su rendimiento en el momento decisivo le vio decaer y evocaría una emotividad inesperada. El otro español, Enrique Llopis se había quedado fuera por la mañana en la primera semifinal

"Ha sido un golpe muy duro esta carrera, lo único que quiero es desaparecer de este planeta. Son problemas personales difíciles de comprender y sobre los que prefiero no hablar ahora. En su momento se sabrá. Son problemas personales, pero relacionados con el atletismo. Es importante hasta el punto de que ahora mismo puedo decir que no sé si seguir", proclamó, negando que esos problemas resutiveran relacionados con la Federación Española de Atletismo.

"La felicidad que tenía hasta hace unas horas ya no está, cuando crees que todo está bien, te das cuenta de que no. En su momento hablaré. He tratado de superarme, como me educaron mis padres. He pasado por muchas cosas complicadas, desde estar solo cuando vine de Cuba a España. Cosas que me podían haber afectado, pero nada como esto. Ahora toca intentar arreglar las cosas, sentarme en mi casa y pensar en qué voy a hacer con mi vida, pero igual no está en el atletismo", sentenció.

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