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La causalidad social

Enrique Aguilar
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enrique_aguilarucaeduar/15/15/19/23
miércoles 30 de julio de 2008, 21:54h
En una carta de septiembre de 1853 Tocqueville apuntó: “las sociedades políticas no son lo que la leyes hacen de ellas, sino lo que los sentimientos, las creencias, las ideas, los hábitos del corazón y del espíritu de los hombres las preparan a ser de antemano, aquello que la naturaleza y la educación ha hecho de ellos”.

Se trata de una afirmación que reconoce varios precedentes, empezando por la vieja máxima de Horacio según la cual “Las leyes son vanas sin las costumbres”. Al promediar el siglo XVIII, Montesquieu escribió: “Las costumbres de un pueblo esclavo son parte de su esclavitud; las de un pueblo libre son parte de su libertad”. Y también cabe citar, en la misma línea, este pasaje de Wilhelm Humboldt: “Los regímenes políticos no pueden injertarse en los hombres como se injertan los vástagos en los árboles. Si el tiempo y la naturaleza no se encargan de preparar el terreno, es como cuando se ata un manojo de flores con un hilo. Los primeros rayos del sol de mediodía se encargan de marchitarlas”.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando estas prácticas consuetudinarias, esparcidas en toda la sociedad, no existen? Una de dos: o nos conformamos con que las instituciones deseables (las que preservan la democracia y la libertad) sean sólo una sombra de sí mismas, estructuras erigidas sin cimientos, o bien procuramos cambiar gradualmente las costumbres de manera que se correspondan con el diseño institucional previsto.

En estos últimos casos, hay que invertir la secuencia que parece más espontánea. Sin embargo, cabe pensar que entre el sistema político y el sistema social existe, en rigor, una influencia recíproca que hace de la política tanto un reflejo de la sociedad como un instrumento para mejorarla. En otros términos, la política tiene una capacidad correctiva que no debe ser desdeñada a la hora de regenerar la vida pública o aun reformar hábitos probadamente adversos a las instituciones libres. Confiemos en ello y no pensemos que la cultura del autoritarismo, todavía arraigada en algunas latitudes, es un mal irreversible al que no merece la pena esforzarse por erradicar.

Enrique Aguilar

Politólogo

ENRIQUE AGUILAR es director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina

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