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TRIBUNA

Doctrinas climáticas

Juan José Vijuesca
miércoles 20 de marzo de 2019, 20:06h

Mi entrañable amiga Maripi Gadet, a la vez que insigne escritora y pedagoga de la BIO vida, no hay día que no se dedique a pintar de verde este planeta. Hay que seguir su ejemplo si queremos mantener nuestras constantes vitales de supervivencia planetaria.

Tenemos buena voluntad, pero también mucha pereza. No es tarea fácil coger un bote de pintura, rodillo y mirar hacia adelante sin caer en el desánimo. Cierto es que toda iniciativa es poca, pero la humanidad, una buena parte de ella, remamos al contrario. Occidente consume más de lo debido y lo que nos sobra –léase basura- va destinado a países que recogen todo lo que les cae encima.

En esta parte del mundo vivimos con la suerte de la abundancia, pero lo hacemos con grandes dosis de egoísmo. Consumimos y tiramos. Tiramos y consumimos y así de manera sucesiva. Esto está siendo aprovechado por los carentes de escrúpulos. Me refiero a los que adoctrinan adolescentes a costa de crear ese ambiente festivo con miras a sacarle partido a todo lo que se menea, aunque no represente un beneficio para la sociedad en general.

Por suerte existe esa otra juventud entusiasta que no consiente lo que está sucediendo y se rebela contra el deterioro existencial. Para ellos este tipo de proclamas anticapitalistas representa la parte empírica de la hipocresía más absoluta. Son jóvenes que saben mediar entre los hechos que acontecen y la búsqueda de soluciones para mejorar lo que el populismo se encarga de asolar mediante doctrinas climáticas basadas en ideologías extremas.

Para quienes aprovechan cualquier efecto llamada cabe recordarles que el capitalismo, que tanto da a quienes vivimos en esta orilla del planeta, si bien no está libre de culpa, tampoco tiene la exclusiva de ser el causante de todos los males. De tal manera que adolescentes que han nacido en este estado de confort, tan cáustico como irremplazable, conocen a la perfección cuanto de conveniente tiene el no renunciar a nada de lo que les alimenta a diario. Véase el plácet del que gozan a la hora de elegir todo lo que les conviene y favorece, a diferencia de quienes nacen y se hacen en la privación más absoluta.

A la mayoría de nuestros jóvenes disconformes les fascina esta sociedad del desarrollo porque casi todo es de usar y tirar. Se pierden por el uso de los móviles, están abducidos por este elemento que curiosamente está considerado como uno de los mayores responsables de la emisión de CO2 a la atmósfera. Una sola batería serviría para contaminar 600.000 litros de agua, el equivalente al consumo diario de todos los hogares españoles. Eso sin entrar a valorar el precio humanitario que pagan los esclavos del coltán por extraer un mineral indispensable para fabricar estos dispositivos electrónicos. Vidas humanas de hombres, mujeres y niños a cambio de nuestro bienestar. Pero eso les resulta tan ajeno como indiferente, al igual que el plastificarse alrededor de cualquier botellón, macrofiesta o acampadas en donde las multitudes convierten su particular mundo dejando al descubierto toneladas de residuos en claro desamor con el futuro planetario.

Este amplio segmento de impúberes lejos de encaramarse a lo más alto de sus ideales, lo que hacen es seguir consignas de quienes adulteran el ideario del buen hacer. Es la estrategia de los enemigos de la limpia conciencia. Son los que dirigen su objetivo hacía los más vulnerables impidiéndoles entender que el desarrollo somos todos y cada uno de nosotros. Y no hay otra ideología que nuestros propios actos y nuestra propia responsabilidad. No siempre la clase política urde el plan de lo mejor y lo peor, por eso la docencia es un deber inviolable cuando trae cuenta preparar con rigor a quienes dentro de poco serán aquellos que velen por nuestros intereses. Educar sobre lo sostenible para sobrevivir debiera ser la asignatura de corte desde la edad infantil.

Cuantos más niños y niñas tengan a mano la conciencia de lo conveniente más loable será el sentir del compromiso; ahora bien, se me antoja muy difícil que para conseguir lo que estas doctrinas climáticas seudopolíticas persiguen se han de sacrificar la mayor parte de los privilegios que esta sociedad nos brinda. Y eso se antoja que son palabras mayores. En fin, les dejo con Gandhi: “Hay suficiente en el mundo para las necesidades del hombre, pero no para su avaricia”.

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