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TRIBUNA

Los grandes guitarreros

Natalia K. Denisova
sábado 23 de marzo de 2019, 19:24h
Actualizado el: 24/03/2019 16:55h

La auténtica vocación se encuentra cada vez menos. Decía Ortega que la vocación es lo que distingue al ser humano de los animales. Pocos pueden presumir de que trabajan en lo que les gusta. Ahora más que antes, la gente dedica su vida a cualquier puesto que les garantice un plato de lentejas o más largas vacaciones. Todo al gusto del consumidor. Menos mal que de vez en cuando te encuentras con un librero que disfruta de su oficio, o un panadero que se esmera cada día en ofrecer su mejor producto. Así las cosas, conocer a personas entregadas a su oficio y encantadas de sortear mil obstáculos paras desarrollarlos es todo un acontecimiento.

Cristina y José Enrique Ramírez son dos de esas personas con vocación. Son más que artesanos, yo diría que incluso son más que artistas. Son guitarreros. Después de la quinta cuerda que añadió Vicente Espinel a la guitarra y la sexta que apareció quizá a finales del siglos XVIII, no sería exageración decir que el avance más grande en la construcción de este endiablado instrumento fue realizado por uno de sus antepasados, el abuelo, José Ramírez III, en los años 1950. Al mismo oficio se dedicó también el padre de Cristina y José Enrique, José Ramírez IV; y ahora ellos, junto a su tía, prosiguen la vocación familiar. Visité recientemente el taller y fue como el descubrimiento del mundo, un mundo nuevo complicado e intrincado, donde a partir del saber exacto, físico-matemático, surge un arte. Surge una melodía. Como decía Andrés Segovia la guitarra es “un invento del demonio burlón” que se divierte con “la desesperación con los que la hacen y de los que la tocan”. Pero en el taller se encuentra de todo menos desesperación. Hay una gran ilusión por perfeccionar la guitarra, el instrumento en periodo evolutivo. Lo importante es persistir. Y, además, hacerlo con una pasión, con ambición de mejorar y mejorar, y mandando al garete la odiosa frase de que “todo ya está inventado”, que ha calado tan profundamente en las testas de los que se conforman con cualquier cosa.

La visita al taller de estos guitarreros me ha dado una idea para explicarme cuánta precisión y rigor se necesita para construir algo cuya finalidad es producir, se dice pronto, algo tan efímero y cambiante como el sonido. Un hechizo. La visita fue asombrosa. Inolvidable. por lo que puede aprender uno de los maestros, no se acabo al salir a la calle. Al día siguiente leí un libro que me regalaron estos hermanos guitarreros: En torno a la guitarra, escrito por José Ramírez Martínez III. Una obra única escrita con gran sencillez y sentido de humor, con mucha pasión y gran cariño. Sólo una persona íntegra puede poner por escrito no sus éxitos, sino sus fracasos a la hora de experimentar con la construcción de la guitarra. Debería ser de lectura obligatoria para cualquiera que quiera acercarse a la guitarra por primera vez. Aquí hay consejos prácticos para los guitarristas, la historia de los Ramírez, los retratos de los grandes como Andrés Segovia, Narciso Yepes, Sabicas; se describe la calidad de las maderas, los tipos de guitarras, la afinación de los trastes, el barniz… Todo esto tan ameno y claro que quisieras seguir leyendo y leyendo… Ya digo, una visita a los guitarreros Ramírez es un encuentro con la vocación.

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