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PABLO IGLESIAS, GRAVE ACENTO DE VERDAD

sábado 23 de marzo de 2019, 21:11h
Son muchos los que coinciden con él; muchos los que de él discrepan. Pero si no se quiere perder el sentido...

Son muchos los que coinciden con él; muchos los que de él discrepan. Pero si no se quiere perder el sentido de la objetividad, habrá que reconocer que Pablo Iglesias ha hablado este sábado en su mitin madrileño con grave acento de verdad. Regresó después de demostrar la igualdad de género en su punto más sensible, cumpliendo hasta el final su permiso de paternidad. Y lo ha hecho de forma arrolladora ante una multitud entusiasmada por su oratoria moderna, sencilla, sin aspavientos, fuertemente eficaz.

He escuchado con atención y he contemplado con interés las palabras y los gestos de Pablo Iglesias, las imágenes difundidas en directo por televisión. No hace falta que insista en mi planteamiento ideológico de la vida y de la política, que es distinto al de Pablo Iglesias. Pero la multitud, al grito de “Sí se puede”, ha respaldado su denuncia de que no se cumplen artículos claves de la Constitución por los que se califican partidos constitucionalistas, y en su discurso el líder de Unidas Podemos ha dicho algo que resume la situación: de las tres posibles alianzas, tras las elecciones del 28 de abril, dos darán continuidad a la situación de los últimos cuarenta años, si bien con matices: un Gobierno del PP, Ciudadanos y Vox; y también un Gobierno del PSOE y Ciudadanos. La tercera vía, que es la que ha defendido Pablo Iglesias, es la alianza del PSOE con Podemos, con la incorporación de dirigentes podemitas al Gobierno de la nación. Siempre me han parecido absurdas las descalificaciones padecidas por Pablo Iglesias. Es un líder sólido, un político sagaz, un orador excepcional y un intelectual de vasta cultura, que llegó a estar respaldado por cerca de cinco millones de votos.

La presencia del dirigente de Unidas Podemos ha replanteado la campaña electoral. Si el centro derecha español, si el centro izquierda español, no quieren verse desarbolados, deberán renovar de fondo sus planteamientos, ofreciendo soluciones de futuro que resulten atractivas para robustecer el respaldo popular con el que han contado a lo largo de todos los años de la democracia. En caso contrario, los podemitas virarán la nave española bruscamente a babor.