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Ensayo

Miquel Pellicer Alapont: La comunicación en la era Trump

domingo 24 de marzo de 2019, 18:04h
Actualizado el: 25 de marzo de 2019, 11:11h
Miquel Pellicer Alapont: La comunicación en la era Trump

Prólogo de Antoni Esteve. UOC (Universidad Oberta de Catalunya). Barcelona, 2018. 254 páginas. 25 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

Miquel Pellicer nos ofrece una obra tan rigurosa como valiente puesto que no resulta habitual que el binomio medios de comunicación-periodistas recurra a la autocrítica como herramienta para mejorar el producto que entregan a los lectores-espectadores. Nuestro autor lo hace, sin incurrir ni en el victimismo ni en el adanismo, decantándose por la observación y el examen de la realidad.

Al respecto, toma como objeto de estudio la agria relación mantenida entre Donald Trump y los medios de comunicación, tanto durante su época de candidato en las primarias republicanas como durante sus primeros meses como presidente de Estados Unidos. Esta parte de la obra resulta fundamental, en particular para politólogos e historiadores, puesto que de manera sucinta nos acerca la crisis que viene acuciando al Partido Republicano desde 2008, con abundantes personalidades del establishment que no han merecido la confianza de las bases (Jeb Bush, Marco Rubio) o del electorado americano (Mitt Romney).

El autor realiza afirmaciones políticamente incorrectas: Me fascina la ligereza con la que muchos medios de comunicación y analistas han tratado al candidato Trump y lo siguen haciendo como presidente. El magnate puede ser muchas cosas, pero no es un advenedizo ni un estúpido. Te puede gustar o no su ideología pero jamás puedes infravalorar sus capacidades” (p. 22). Esta última idea resulta fundamental para explicar las razones por las que las predicciones (o deseos) de la prensa no se cumplieron, a pesar de su apoyo masivo a la contendiente Hillary Clinton. En este sentido, Miquel Pellicer ofrece un dato fundamental: de los cien principales medios de Estados Unidos, solo dos de ellos pidieron el voto para Donald Trump. Al respecto, el especialista en comunicación Pepe Cerezo subraya que “los medios pensaban que Trump era el caballo perdedor pero les interesaba que siguiera en la carrera porque les daba mucho juego”, (p. 150).

Pellicer transmite varios mensajes esenciales en su obra. El primero de ellos es que Trump, como también sucediera años atrás con Barack Obama, se hallaba plenamente familiarizado con el mundo de la comunicación y sus diferentes soportes, en particular con los más novedosos (las redes sociales). Este hecho le permitió emitir un mensaje susceptible de moldearlo en función del extracto social al que fuera dirigido, en cuyo contenido la veracidad no era precisamente lo más importante. Dicho con otras palabras: el bulo estaba justificado para el trumpismo si su finalidad era desacreditar al adversario. Se trata de un modus operandi que practicó primero contra Obama (con las dudas sobre su verdadera nacionalidad) y más tarde contra Hillary Clinton.

En íntima relación con la idea anterior, el autor apunta una segunda tesis fundamental: en ningún caso las acciones de propaganda del político republicano respondían a la improvisación. De hecho, realiza una minuciosa enumeración de las características de la comunicación efectuada por Trump para refrendar su afirmación, entre las que destacan: el estilo provocador, la reiterada apelación a las emociones, la claridad del mensaje, las apelaciones continuas a teorías propias de la conspiración o el lanzamiento de propuestas políticas de imposible cumplimiento. Al respecto, dentro de estas últimas sobresale con luz propia “su medida estrella” de construir un muro entre Estados Unidos y México, la cual desempeñó un rol destacado al estigmatizar a la inmigración, asociándola a violencia, robos y delincuencia.

Con todo ello, Trump supo paliar el adverso escenario que para él suponía el rechazo de los medios tradicionales. Para superar tal hándicap recurrió de manera interesada a los medios alternativos, de los que sirvió sin que por ello comulgara necesariamente con la totalidad del credo profesado por aquéllos. En este sentido, cobra especial relevancia la disección que hace el autor de toda esa vorágine de medios alternativos, señalando las ideas que defienden así como los nombres y trayectoria de sus responsables. Como puede deducirse, una ardua labor de investigación que complementa con abundantes entrevistas a expertos en comunicación política, lo que enriquece el producto final.

En definitiva, una obra clave para entender las razones por las que Donald Trump se convirtió en presidente de Estados Unidos. Su capacidad para instrumentalizar a la prensa resultó un factor decisivo, lo que a su vez acarreó el descrédito de aquélla. El autor es periodista y defiende el periodismo, de ahí el valor de este libro en el que nos recuerda la importancia de conceptos como objetividad, la necesidad de herramientas como el contraste de fuentes y, sobre todo, la trascendencia de diferenciar opinión e información.

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