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Novela

Charles Dickens y Wilkie Collins: Los perezosos

domingo 24 de marzo de 2019, 18:10h
Charles Dickens y Wilkie Collins: Los perezosos

Traducción de Jordi Gubern. Gatopardo. Barcelona, 2019. 152 páginas. 15,95 €.

Por Soledad Garaizábal

Lo normal entre dos amigos es que pasen tiempo juntos, conversen, se ayuden, salgan a comer o a beber, discutan, etc, pero si esos dos amigos resultan ser Charles Dickens y Wilkie Collins, entonces surge también la posibilidad de escribir una novela a cuatro manos. Y eso es lo que pasó exactamente en 1857, cuando estos dos colegas “desertaron de sus obligaciones” y escribieron Los perezosos, la deliciosa novela ligera que acaba de publicar Gatopardo ediciones, con traducción de Jordi Gubern.

Sus protagonistas toman por nombres los de Francis Goodchild y Thomas Idle y “movidos por la vil idea de emprender un viaje realmente ocioso a cualquier parte”, pasan unos días deambulando por Inglaterra, sin intención de dirigirse a ningún sitio en particular, “ni ver nada ni aprender nada”, únicamente arrastrando sus cuerpos por distintos paisajes y situaciones a cual más cómica. Ambos son holgazanes “en grado sumo” pero mientras Francis no para de inventar pequeñas tareas para pasar el tiempo sin hacer nada productivo, Thomas, directamente, se opone a hacer cualquier cosa. El primero se entretiene mirando por las ventanas, el segundo se limita a preguntarle qué se puede ver al otro lado.

El “laboriosamente perezoso” y el “holgazán consecuente” forman una extraña pareja que, sin planearlo, acaba subiendo lastimosamente hasta la cima de la colina Carrock, visitando balnearios en la costa y siendo arrastrados a la frenética actividad de la semana de carreras de caballos de Doncaster, donde se anuncia la “Gran Exhibición de Liliputienses Aztecas, importante para quienes deseen horrorizarse por poco dinero”.

En la novela son frecuentes los juegos de palabras, las descripciones hilarantes de personajes pintorescos, los breves relatos de misterio, las enumeraciones imposibles y los acertijos con los que los dos amigos aderezan un diálogo ya de por sí delirante.

También resulta fascinante intentar adivinar qué partes de la novela ha escrito cada uno de los dos autores. Son dos escritores y dos personajes, casi siempre parece que está escrita entre los dos sobre la marcha, pero, otras veces, da la impresión de que cada autor ha escrito capítulos por su cuenta. Hay una cierta alternancia entre estilos y temas, del irónico social que podría ser de Dickens, al casi gótico de Collins. Tal vez cada autor escribe sobre sí mismo o tal vez sobre su amigo. Poco a poco, lo cierto es que tanto a Thomas Idle como a Francis Goodchild, y tanto a Collins como a Dickens, y a su disparatada aventura, les acabas cogiendo un inmenso cariño. No es solo que te diviertan, es que notas cómo ellos se están divirtiendo contigo.

Detrás de todo esto, de una escritura tan liviana, sin intención moralizante, que parece nacida solo del deseo de entretener, se esconde una cierta rebeldía. Los perezosos nace de la necesidad de reírse. Es una carcajada por respuesta. Es el producto de la necesidad urgente de escapar, salir de Londres, evadirse, de huir de la fama de gran escritor y quién sabe de qué más cosas. Un juego de libertad para un Charles Dickens ya muy reconocido, muy pillado por los engranajes del sistema, muy crítico con la desigualdad social, autor de una extensa obra y que encuentra en Wilkie Collins, con doce años menos que él y el propósito de dedicarse a la literatura, el compañero perfecto para dar rienda suelta, al menos por unos días, a la libertad de no hacer nada. Nada más que una novela.

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