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Novela

Julian Barnes: La única historia

domingo 24 de marzo de 2019, 18:15h

Traducción de Jaime Zulaika. Anagrama. Barcelona, 2019. 240 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 9,99 €. El escritor inglés nos ofrece una de sus novelas más logradas en esta narración de la relación sentimental entre un joven y una mujer madura que explora con inteligencia y hondura la complejidad del amor y del deseo. Por Adrián Sanmartín

Julian Barnes: La única historia
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La excelente colección de Anagrama “Panorama de Narrativas”, donde se recoge lo más granado de la actual novelística extranjera, llega a su número 1.000, y lo hace con una propuesta de lujo: La única historia, última novela del británico Julian Barnes (Leicester, 1948), un nombre esencial, en compañía de Martin Amis, Ian McEwan, o Graham Swift, del denominado “British Dream Team”, imprescindible no solo en la reciente literatura británica sino en la de toda Europa. Barnes, que ha venido estos días a participar en el festival Kosmópolis de Barcelona donde ha presentado La única historia, ha recibido numerosos galardones dentro y fuera de su país -el Somerset Maugham, el de Caballero de las Artes y de las Letras de Francia, el Estatal de Austria de Literatura Europea…-, cuenta en su haber con títulos como, entre otros, El loro de Flaubert, Hablando del asunto, Inglaterra, Inglaterra, Arthur & George, y El ruido del tiempo, una brillante aproximación novelada a la vida y la figura del compositor ruso Dmitri Shostákovich y a la persecución que sufrió por parte del régimen estalinista. Sin olvidar sus ensayos: coincidiendo con La única historia se publica Con los ojos bien abiertos (Anagrama), donde analiza el arte moderno y contemporáneo; sus memorias, Nada que temer, que se convierten también en una singular meditatio mortis; y sus colecciones de relatos, por ejemplo Al otro lado del Canal y Niveles de vida.

La única historia nos sumerge en la relación amorosa entre Paul Roberts, de diecinueve años, y Susan Macleod, una mujer cercana a la cincuentena, con dos hijas mayores, fruto de un matrimonio que bajo su apariencia aburrida pero tranquila esconde tormentosos secretos que Susan le descubrirá finalmente a Paul. Paul y Susan se conocen en el club de tenis en el que Paul, a instancias de su madre -ha ido a pasar a la casa familiar sus vacaciones estivales de la Universidad-, se apunta. La acción se desarrolla en la década de los sesenta, pero Paul, voz narradora en primera persona, con cambios a la segunda y la tercera, nos la cuenta -y se la cuenta a sí mismo-, transcurridos mucho tiempo desde que sucedió: “Una de las cosas que pensaba de Susan y de mí -en aquel entonces y ahora de nuevo, tantos años después-, era que a menudo no había palabras para nuestra relación: al menos ninguna que encajase”. Quizá por eso, con el paso del tiempo, necesita recordar y relatar lo que pasó -no exactamente en el orden en que sucedió, matiza Paul-, encontrar las palabras: “Creo que existe una autenticidad distinta de la memoria, y que no es inferior. La memoria clasifica y criba con arreglo a las exigencias de quien rememora”.

Aunque, evidentemente, emparentada con el tratado tema de las relaciones entre un joven y una mujer madura, recordemos, por ejemplo, El graduado, de Charles Webb, especialmente célebre gracias a la película de título homónimo, no se busque en la novela de Barnes morbosidades, pues no es esto lo que le interesa. Porque su obra es mucho más que el relato de ese tipo de relación, reflejado aquí, además, mediante un pulso narrativo extraordinario, de elegante estilo, que te arrastra a la lectura sin poder soltar el libro, y unos personajes sólidamente trazados.

La única historia es una más que sugerente reflexión, empapada de tono elegiaco, sobre el amor, el desamor, el deseo y todo lo que implica, felicidad y sufrimiento entremezclados, el sentimiento más universal y compleja, y quizá más abordado en la creación. Como bien le dice Susan a Paul: “No lo olvides nunca, señorito Paul. Todo el mundo tiene su historia de amor. Todo el mundo. Puede haber sido un fiasco o no, puede haberse quedado en agua de borrajas, hasta puede ser que ni siquiera haya existido, que haya sido puramente mental, pero no por eso es menos real. Todo el mundo la tiene. Es la única historia”.

Paul abre su relato con una pregunta en un brillante comienzo de la novela: “¿Preferirías amar más y sufrir más o amar menos y sufrir menos? Creo que, en definitiva, esa es la única cuestión”. Se lo pregunta y nos lo pregunta. ¿Hay respuesta? ¿La encuentra Paul? Descúbranlo en La única historia.

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