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TRIBUNA

Género... literario

domingo 24 de marzo de 2019, 19:41h

Cuando en España hay votos de por medio, la clase política experimenta una irresistible tentación a actuar. Los primeros en hacer teatro son los encargados de la demoscopia; suelen arrimar el ascua a su ideología terminando por tergiversar la intención del votante. El protagonista estelar de este teatral enredo es Tezanos, érase un hombre a una nariz pegado; o sea, un Pinocho. Desde Moncloa le susurraron que Ciudadanos debía ser desahuciado y él, CIS tras CIS, se prestó a ello: Los “naranjas” en picado. Luego ante los continuos cambios de escenario, propios de un marcador de partido de baloncesto, otros actores de la compañía de Sánchez se empeñan en ensayar una nueva muleta en la que apoyar al presidente. Las naranjas suben entonces su caché. Trolas y más trolas de maquiavélicos guardianes de masas con las que manipular a una opinión pública cada día menos formada y más indefensa.

Comediante de excepción es Torra. Con él sucede lo que con Al Capone, que nadie se atrevía a enchironarlo. Al final, un niño afirmará que Torra, como el rey, va desnudo. Y todos repararemos en que este mequetrefe se merece la prisión por su impertinente insistencia en incumplir la ley. Quienes persisten en su interés de no afear la rebelde actitud del supremacista catalán, tendrán que recordar lo que dijo Chesterton: Llegará el día en que se blandirán espadas por demostrar que las hojas son verdes en verano. El mayor figurante de todos es Iglesias. Lo suyo no es tanto el teatro, como la novela. No la rusa al estilo de Tolstoi o Dostoievski, sino la novela policíaca. El comunista creía ser el Charles Bronson de un libro de caballerías, pero ha acabado hundido en lo morboso. Cuando dormía en Sol tenía ese aire de héroe fresco y juvenil, un campeón en la justa lucha del bien, la izquierda, los pobres o el feminismo, contra las fuerzas del mal: la derecha, los ricos, el machismo, la Iglesia, el Ejército, los toros o la caza. Su épica trayectoria parecía tan interesante como una partida de ajedrez, únicamente soluble mediante el esfuerzo de la inteligencia aliada con la paciencia. Sin embargo, al igual que la novela policíaca penetra en los clubes de noche o en los fumaderos de drogas, y trata con gánsters, rubias extremadamente peligrosas y contrabandistas fugados de Sing Sing, Iglesias ha entrado como propietario en un chalet de película, a disfrutar del modo de vida americano. Ya no es creíble entre los suyos.

Un magnífico teatro como el de Lope de Vega o Jacinto Benavente y una excelente novela como la de Cervantes o Galdós, han sido vehículos eficaces del prestigio de España. El panorama en nuestra política, además de vulgar, resulta inmoral. Prolifera el odio y no la paz; falta el diálogo y abunda la tensión. No vamos por buen camino. Se dice que ello obedece a las exigencias del ciudadano. Eso es calumniar al ciudadano, a su buen gusto, su buen juicio y sus buenas costumbres.

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