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TRIBUNA

Cambio de tercio

Juan José Vijuesca
miércoles 27 de marzo de 2019, 20:13h
Actualizado el: 27/03/2019 21:13h

En este país los clarines y timbales llevan tiempo avisando que la puerta de toriles se abre. No hace falta ser aficionado para adivinar lo que de allí acostumbra a salir. De momento solo la expectación por ver la cara del morlaco, y mucho me temo que lo que salte al ruedo vaya a ser un ejemplar astifino, “bragao” y dispuesto a embestir a diestro y siniestro.

El cartel no deja a nadie indiferente. La terna política, dada la temporada tan de bajón que lleva, se hace merecedora a esta última oportunidad para coger al toro por los cuernos y demostrar quién es el que manda de verdad; pero para ello hay que hacer faena de buen ajuste, de las que se ciñen a la taleguilla. A mí no me gusta la terna, pero creo que esto no sea de gran interés.

La campaña electoral es como el antes de una corrida de toros. Todo es expectación y buenos presagios e incluso puede que el contribuyente se entregue y anime a la figuras. Después, más de lo mismo. Que si el ganado muy flojo, que si el plantel ha estado por debajo de las reses, que si fulanito ha perdido el sitio y no ha estado a la altura. Lo único cierto es que la fatiga ciudadana viene demandando un inmediato cambio de tercio político. Mi querido y buen amigo Javier Hernández, gran entendido en toros, sabe de lo que hablo.

Nada tiene de extraño que el contribuyente, después de tantas cornadas como está recibiendo y la variedad de astracanadas que viene soportando a diario, precise dar un serio aviso a sus Señorías, pues el ambiente en la plaza está muy cargado. A las figuras del cartel conviene exigirles que hay otras maneras de hacer política a base de temple, orden, justicia de verdad y honradez de funciones. Qué estamos hasta los dídimos de pagar a precio de reventa todos los vicios, caprichos y privilegios que se apostan al cargo y fuera de él. Que no es tan difícil copiar del Alcalde de Amsterdan que a diario se desplaza en bicicleta desde su casa al Ayuntamiento.

El Primer Ministro de Holanda sale del despacho a desayunar como un ciudadano más, toma las calles de La Haya, solo y sin escolta, y acostumbra a ingerir arenques en un puesto ambulante de la Plaza Binnenhof. Además lo paga de su propio bolsillo. Otros ejemplos parecidos los podemos encontrar en Finlandia, Suecia, Austria o en Alemania, entre otros muchos. Aquí cogemos coches oficiales, aviones, helicópteros y barcos hasta para ir a Mercadona.

Ejemplos de vanidad, cuando el que paga es el contribuyente, están sobradamente dibujados en este país que languidece ante una sobrexposición de negligencia política que cansa y repugna. Para mitigar las malas faenas de unos y otros quieren seducirnos a base de fichajes de relumbrón en un copia y pega al mejor estilo futbolístico. No faltan los efectos especiales como los de Pablo en su vuelta a los ruedos, como si fuera el mismísimo Jesulín de Ubrique. El Casado casa quiere y anda buscando nuevos mimbres para hacer un cesto que haga olvidar la mansedumbre del fallido encaste de Rajoy. Y Rivera amaga pero no remata la faena. Mientras tanto, Pedro se allana a todo lo que se menea con tal de demostrar su teoría de que lo legal es pecado mortal mientras tiene a España como una sala de despiece. Al final anima la feria Abascal, toda una promesa al alza dispuesta a darlo todo para levantar la fiesta y ponerla en el sitio que merece, aunque habrá que esperar a conocer su auténtico repertorio de gobierno si la izquierda fracasa. De manera que lo de ir a votar el próximo 28 de abril no me seduce en gran medida salvo por disfrutar del ambiente. Es como ir a los toros sin ser entendido.

Y en esta perfomance nadie niega ante las urnas que esto de votar sea una tarea fácil, es más, diría que es un ejercicio de poco lustre. Papeleta en urna y voto a la puja. Porque eso es lo que vale nuestro sufragio a partir del cierre electoral. Viene a ser como un objeto en la casa de empeños. Valor se le supone pero nada más. Luego serán los pactos, subastas y amancebamientos los que se encarguen de cocinar la receta de gobierno.

Al público, es decir, al pueblo llano, no se le puede torear citando de lejos y con el engaño, hay que ir de frente, con gallardía, de tú a tú, con arrojo y desde luego con pasión por la justicia auténtica y el compromiso de un juramento. O se está dentro de la ley o entre rejas. O sea, los mansos, de vuelta a los corrales.

En fin, quienes no sirvan para esta profesión de riesgo, que opten por marcharse y dejen lugar a quienes sean doctorados en plazas de primera. Créanme, este país está necesitando un auténtico líder cuanto antes y da lo mismo que venga del mercado de ocasión como si procede de Taracazania. De momento, ni ovación ni vuelta al ruedo se merece la terna. Hasta aquí mi crónica taurina.

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