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TRIBUNA

Los políticos que pervirtieron el My way de Sinatra

domingo 31 de marzo de 2019, 19:10h

Este submarinismo que danza como una bebida alcohólica en los pubs donde se erige el gulag de Idaho no deja de sorprendernos a los que vivimos un vernissage en los huecos de los ojos. Nos han en/señado que la feria de las vanidades sacude un mundo que ya no es el nuestro, sino de los que dan vueltas alrededor de las leticias. He has no manners al all. Pensalo, viejo. No dejemos de irrumpir en las plazas públicas donde se vomita toda esta desesperación que no cabe en un tubo de cardenal. La Humanidad sólo es un constante idealismo, pero hay un caramelo masticado que cotiza en el dos y dos, en las discadas por donde penetra un abismo que ya ha troceado todas las camas. La política es un Galoise que quema los jardines y que sublima los ejercicios antiliterarios. ¿Acaso tenemos lo que nos merecemos? C’est regrettable, Ay, ay, ay. Duelen los labios que se besan. Duelen los peces que nos azotan con sus colas. Innumerables hombres de tamaño natural rocían con salfumán al perro que vive en nuestras casas. La Humanidad, decimos, sí, lo decimos, mejor, lo decimos, es un idealismo de chambres vacías en las que cae la noche con su anís de pelotari. No nos dejan vivir. Creemos que eso es exacto. No nos dejan vivir en los campos donde el sol atraviesa el sexo de Mnemósine. Leproso amor el que de un combate se alimenta. Cae la Torre de Babel y con ella el arameo que se enseña en Argentina.

Nadja en las escaleras de Washington.

Pero aquí estamos, intentando razonar un Gandhi en los pucheros donde cae el llanto como una escuela epicúrea.

Reflexionemos, hermanos. Tomemos mate y barajemos el caló de Radio Belgrano. Push. Push. Push. Este agonismo que zumba en la sciencie-fiction. Tomá la mano de Talita y salí del Hades en que cada vez se hace más difícil el demostrandum. Los políticos, pieza irracional que se escracha, deben vender los coches oficiales y recorrer el mundo con muletas fifty fifty.

Que des/alojen los monumentos históricos que cumplen años de un modo extraordinario y que se tablonen los labios con chicas que jamás hayan cruzado los puentes. Así lo decimos, pibe. Todo está ahí, entre el Libro de los Muertos y una educación que la política ha infabilizado en las carreteras que llevan a la Escuela de Austria y aquellos monstruos filósofos de la economía de la primera revolución industrial que taponaron la crítica a la economía política basada en la plusvalía y en santificar las dos propiedades con el valor de uso y el valor de cambio contenidas en “la mercancía”, el elemento de la riqueza burguesa, y que llevan por nombre David Ricardo y Adam Smith. Estos fisiócratas hoy son los padres del actual neoliberalismo global amurallado en el control total del pensamiento del mundo con la tecnología punta que padecemos. Internet, Google, Facebook, y otras mafias de este reciente presente que ha vuelto a imponer la ley seca. Todo lo que es prohibido la Historia demuestra que es bello, seductor, sexo que hay que buscar entre los servicios de espionaje de estos imperios que hoy alfanfan la soberbia, el poder en su dandismo de egolatría y este individualismo donde el más tonto es capaz de convencer a todo quisque, que no es otra cosa que un alma pobre de cuerpo que se agarra a esta desesperación de las falsas promesas y de estos gritos que ya se dan con un eco iracundo a través de las redes sociales que con gran destreza acuartelan con mecanismos invisibles y cada vez con el trabajo seguro, memorizado, manos que piensan u ordenadores que caben dentro de un vaso de Martini estas nuevas manadas de aquellos servicios secretos que comenzaron a ser casi perfectos en la mal llamada Guerra Fría. En el Vaticano hay más confidentes, delatores y tahúres que en los siete Estados más importantes de los continentes.

El político con ansias de encular al otro, esto es, a los otras razas, ideologías opuestas que están creciendo a la velocidad de 69 años luz -China, Putin, Arabia Saudita, Singapur, los países islámicos con este ejército del Terror en marcha e imparable, nacido tanto del fanatismo como de una autodefensa continuamente creciente ante la hipócrita sonrisa idiota de Occidente y algunos dirigentes que no gobiernan, sino que se alambran en los emporios y en aquella canción no entendida de Frank Sinatra –“My Way”-. Sin olvidar el caso de Corea del Norte. Donal Trump conoce perfectamente que si Kim Jong un volviera a reunificarse con el Sur y a compartir con los nuevos gigantes todos esos materiales que son la vertiginosa riqueza de los norcoreanos, como el carbón, el níquel, el cobre, el zinc, la plata, el oro, el vanadio, el titanio y otros metales de tierras raras que se hallan, como los mísiles balísticos -metáfora del embargo y el stop sobre todo por el mundo anglosajón y europeo- que están bajo las montañas de Paektu, ríos como el Tumen y el Yalu, el mar Amarillo y esas cordilleras al este desde donde se observa el mar del Japón esa peluca pelirroja de Trump se guardaría en el Gran Museo de la Mierda propuesto por las chicas del #MeToo.

Y es que Estados Unidos y sus aliados -que son todos menos el Papa Francisco y la gente que lee a los antiguos poetas griegos y a los filósofos revolucionarios- perderían su geoestrategia y esta guerra perpetua en donde es el Capital lo que todo lo profana, como la tumba de Marx en el cementerio londinense de Highgate. El Capitalismo que se ha reinventado en estas últimas décadas para soldar creen que para siempre la ciencia directa robada a la Humanidad –“Prometeo ha muerto”, escribí yo la pared de la embajada de EEUU en Madrid cuando la guerra de Irak- tiene su sostén en estas élites embriagadas que invaden geografías, culturas, los prostíbulos de las instituciones internacionales no sólo económicas sino las que saben perfectamente que pueden alzarse contra ella, esto es, la nueva inteligencia de una Civilización joven y no tan joven que es capaz de subir al estrado del Parlamento Europeo para decirle en la cara a Jean-Claude Juncker que no beba tanta cerveza y que deje de tocarles el culo a las señoritas que le visten de traje.

Estas élites -orgías organizadas que veneran al Gran Cabrón- resisten en sus guaridas de la Historia gracias a su genealogía, su enfermedad de Dios o a esa forma que tienen de babear sobre la maldad, la locura que ya escribieran los grandes dramaturgos del Barroco o esa radioactividad con la que desayunan sabiendo que dentro del polvo de los estupefacientes hay veneno, antiguo evangelismo mal leído y ante todo un aburrimiento y una soledad contra los cuales no hay exorcista en esta gran tragedia griega que representa con Coros y Antiestrofas la voz de nuestro Planeta Azul. Y es que ocurre que nuestra amada Tierra, nuestro amado Mundo, nuestro amado siglo XXI está pidiendo con sólidos y bellos rebuznos que esta gente, poderhabiente y descendientes de las primeras pelanduscas que salían en los cuadros de los pintores venecianos y de esos Dos Monos que escribió en lienzo peinando un enigma todavía indescifrable Pieter Brueghel El Viejo, bese el gran excremento para que el color gane algo en amor, pues con amor siempre se acaba con la intoxicación, la pendencia, la follisca y la rotura del espejo en donde se miró Dorian Gray.

La tarde se precipita contra el Ronald del inglés. ¡Pero qué susto¡ ¡Pero qué susto¡ Ya no podemos viajar en Air Berlin porque el Reichstag ha descuartizado los pianos en que tocaba Liszt. Sin Liszt, sin romanticismo, sin primero el blanco, sin estética de Irène. Todo se corrompe como una vuelta al fin del mundo. ¿Por qué no nos ponemos todos de acuerdo? Per què no es possam tots d’acord? Digamos the word en los lugares que aún nos quedan, que son todos, que son todos, todos lo son, desde el café-créme hasta el collage de las imágenes que convergen en el amor que sentimos por las alfombras rojas que se arman en las chozas, en la literatura de Proust, en los bulevares que llegan hasta el Gran Hôtel.

No olvidemos, por mucho que nos ocurra, que seguimos siendo la Historia y la Geografía y una ville donde los objetos apenas tienen infancia. ¿Por qué tanta desnutrición? ¿Por qué todavía no se cura el cáncer? Ya no hay investigación, porque la política prefiere apostar por los mercados bursátiles antes que en los laboratorios de las universidades. ¿Qué cosa es la más correcta que? ¿Dónde se deducen las preferencias? Han comprado la astronomía y han dejado de fabricar acueductos romanos para que el agua llegue hasta Etiopía. Estamos sufriendo, ¿o no estamos sufriendo? Estamos sufriendo de… un Maldoror que comparte el 9 con la Z, que bulle cuerpos vivos en el Club donde el humo de los cigarrillos interrumpe el álbum de discos de los hospitales, ejerciendo con ello una inmensa prórroga ante lo que continúa considerándose insignificante, inestentoso, perecedero.

Nos duelen los riñones de Floresta, y ya no se permite el acceso de los amores oscuros en las sinagogas de Judea.

Vivimos a base de ibuprofeno, un chantillí que oblitera toda la felicidad espiritual. ¿Dónde están los filósofos? ¿Dónde la juventud que realmente se siente en las altas escaleras por donde asciende el Poder engendrado con garantías bastardas y amañado en una noche de Casa Blanca, putas rubias con grandes pechos y un economista recién salido de esos bunkers que hoy son las Universidades Internacionales cuyas paredes están pintadas por ese mal poema del Club de la Nueva Raza Aria? Movimientos especulativos de una monarquía que dice lo que no tiene que decir y que calla lo que debe usar con palabras propias. La espuma de los vasos es la espuma de las olas, en donde debemos continuar soñando una tierra en la que la Biblia se lea como un mero ejercicio literario. Los dioses políticos bíblicos se resisten a amputarse los senos, pero hay un día que luce su ostra de cerveza en los ascensores donde hacemos el amor con una caja de zapatos.

Conocés, pibe, este deslumbramiento.

Mañana podremos entrar en las ciudades espléndidas.

Okey.

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