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TRIBUNA

El campo español

domingo 31 de marzo de 2019, 19:13h

Como el mítico Kiko Ledgard repartía dinero en aquellos legendarios viernes del Un dos tres, Pedro Sánchez hace del Consejo de Ministros una alegre tómbola con la que agraciar a funcionarios, parados y pensionistas. De los empresarios y autónomos no se acuerda más que para gravarlos con asfixiantes cargas fiscales. Continua la línea dilapidadora del PER y del Plan Ñ, esos fatídicos instrumentos con que la planificación socialista ha reducido siempre la economía a escombros. El Gobierno ha decidido ahora condenar al campo español a permanecer como un solitario erial.

Ortega y Gasset no creía posible otro camino para llegar a la prosperidad de España que el que pasaba por el campo. El intento de reforma agraria de la II República acabó en fracaso desilusionando y frustrando a miles de jornaleros. Hubo más revanchismo que reformismo y nulo agrarismo. Con razón Rodrigálvarez, ese personaje descrito por el propio Ortega en “Notas”, atribuye la mengua de España a los hombres: ¡Cuidado que lo hacemos mal! Porque España, don Rubín, es un rosal. Las reformas mejor diseñadas sobre el campo español lo han sido por políticos de la derecha con un elevado sentido social: Manuel Giménez Fernández, al que desde sus propias filas muchos tildaban de bolchevique blanco; o José Antonio Primo de Rivera, cuyo discurso sobre la cuestión agraria en el Parlamento sorprendió gratamente al republicano Claudio Sánchez Albornoz. Cierto es que aquello no pasó de los principios a la práctica. Lo que sí descendió desde la teoría a la obra, obra cuasi faraónica, fue el Plan Badajoz, de Laureano López Rodó y su legión de ingenieros agrónomos, de caminos, montes y bosques y demás expertos agraristas. Aquél esfuerzo nacional transformó hondamente la provincia extremeña. Hoy perdura como orgullosa evidencia.

La Estrategia Nacional frente al Reto Demográfico aprobada precipitadamente por el Gobierno de Sánchez es un totum revolutum con más ambición electoralista que sentido de Estado. La medida estrella es instalar cuarteles y llevar soldados al campo. Vuelve la milicia a estar de moda. Franco sigue obsesionando a Sánchez. Sin embargo, ni una sola medida para estimular el nacimiento de hijos, ayudar a la maternidad o proteger a la familia. Tan solo se apunta el objetivo de equiparar nuestra tasa de natalidad a la de la Unión Europea, que es de 1,6 hijos por mujer, y bajando. Y semejante aspiración resulta insuficiente para el futuro de España. En el campo no hay mujeres. Y sin ellas no hay familias. ¿Cuándo se darán cuenta nuestros gobernantes de que se apoya a la familia o nos hundimos? Proteger la familia es fomentar la natalidad. Una acertada política agraria requiere una adecuada planificación de la natalidad. El envejecimiento poblacional de las zonas rurales es un reto que requiere abordarse con sentido de Estado. Con políticas integrales auspiciadas por mentes de estadista y no por políticos de ocasión, cuyas ocurrencias son organizar una caravana de mujeres al estilo del lejano Oeste. O regalar coches o casas como en el Un dos tres.

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