Son palabras de su tío y anterior entrenador en relación con el estado físico del astro balear.
El 16 de marzo se confirmaba la peor noticia de 2019. Rafael Nadal se había clasificado para las semifinales del primers Masters 1.000 del año, el de Indian Wells, y en ese peldaño le esperaba Roger Federer. Los aficionados y la organización del torneo californiano salibaban ante la posibilidad de contemplar otro capítulo de la histórica rivalidad entre ambos colosos, pero el español se apearía del cuadrilátero antes de tiempo. No pudo superar las molestias en la rodilla derecha que le vienen persiguiendo.
"Rafael Nadal se ha retirado del torneo debido a una lesión en la rodilla derecha. Deseamos a Rafa una pronta recuperación. Roger Federer avanza a la final por incomparecencia", informó la organización, y el propio Nadal señaó que "hoy he calentado y he sentido que la rodilla no estaba bien para jugar al nivel que necesitaba para competir en semifinales". La dureza de los cuartos de final, en los que ganó por 7-6 (2) y 7-6 (2), en dos horas y 18 minutos, a Karen Khachanov, le obligó a pensárselo dos veces.
Preguntado en sala de prensa sobre si se veía en condiciones de jugar contra el suizo, nada más vencer al ruso, Nadal ya tenía claro que no iba a ser fácil. Desde 2017 ha puesto por delante de todo la planificación física. Arriesgar no está en su fórmula de trabajo. "Espero jugar", se limitó a avanzar, antes de analizar que "es difícil para mí contestar, porque cualquier cosa que diga se puede tomar de forma negativa. Nadie puede garantizar nada de lo que vaya a ocurrir el día siguiente porque, en este mundo, cualquier cosa es posible".
Bien, no podría recuperarse. Tras hacerse oficial su baja pasó ante los medios parea compartir esta reflexión: "Estoy triste porque juego en desventaja con todos mis rivales. Es duro aceptar todas estas cosas que están pasando en mi carrera, pero me siento afortunado por lo que lo que he hecho en mi vida y en el mundo del tenis". A pesar de sacrificar el cierre de 2018 para reponerse y asegurarse una nueva temporada con garantías anatómicas, un nuevo resbalón le sacaba de circulación.
Eso sí, lanzó una promesa: "Mi plan es Montecarlo, Barcelona, Madrid, Roma y Roland Garros. Siendo honesto, no tengo dudas de que estaré listo para Montecarlo. Pero al mismo tiempo, necesito confirmar con mi equipo cuál es la mejor manera de proceder ahora. Es una situación que no esperábamos en este momento, así que ahora hay que ajustar un poco el resto del calendario". "Este es mi plan. A partir de ahí veremos qué ocurre. Es el calendario que he hecho toda mi vida y espero completarlo un año más", sentenció, descartándose del Masters 1.000 de Miami.
En torno a esta capacidad de jugar con molestias se ha pronunciado en estas semanas su tío y exentrenador, Toni Nadal. El director de la Academia Rafa Nadal comenzó restando importancia a su labor como preparador de la leyenda. "Primero es que soy tío de Rafael; segundo, porque tuve la suerte de tener a un gran jugador a mi cargo; y tercero porque era el entrenador más barato del circuito. Y lo peor es que ahora que me he ido juega mucho mejor", desglosó, con humor.
Días después, este lunes, entraría en harina desde el foro de la Asociación Nacional de Empresas Náuticas, en Mallorca. Preguntado por la receta del exito de su sobrino desgranaría toda una filosofía de vida. "El éxito no es ganar Roland Garros o el US Open. El éxito es mejorar. Ganar un Grand Slam no depende solo de mí, también depende de mis contrincantes. No sé si habrá uno o dos Federer en el torneo, o si habrá cinco Djokovic en la pista. El saque de Federer o el resto de Djokovic no dependen de mí. Yo tengo que preocuparme de lo que depende de mí, de lo que puedo mejorar, y eso es el éxito. Por eso uno tendrá éxito siendo el mejor del mundo y otro lo tendrá siendo el número 100. Uno lo tendrá siendo dueño de Zara y otro regentando una tienda pequeña. El éxito es la tranquilidad de saber que has hecho las cosas que estaban a tu alcance", argumentó.
En lo relativo a la relación entre su nuevo preparador, Carlos Moyá, y Nadal, contestó qe "lo más importante es que se aprecian y respetan mutuamente, algo muy necesario". "Y Rafael quiere seguir jugando, a pesar de sus problemas físicos. Hasta cuándo, quién sabe. Quizá dos o tres años más. Yo lo que digo es que Rafael no es un jugador de tenis, es una persona lesionada que juega al tenis, y eso es muy difícil", proclamó, con una sinceridad abrasiva.
"Yo podía mentirle, engañarle, suavizar una situación complicada, pero en la pista se iba a encontrar con la realidad. Yo podía decirle que Federer tenía peor saque que él. Pero Federer seguro que no le iba a mentir. Me esmeré más en educar el carácter de Rafael que sus habilidades. Los buenos golpes te hacen ganar puntos, pero es el carácter el que te hace ganar partidos y torneos", manifestó como conclusión sintética de la esencia ganadora del mejor deportista español de todos los tiempos. Un zurdo irrepetible que ahora ha de mostrar esa mantelidad rocosa para salir a flote entre tanto contratiempo pegajoso.