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El discreto encanto de lo común

Juan José Solozábal
jueves 31 de julio de 2008, 21:51h
Estamos asistiendo a un interesante debate aparentemente centrado en la situación lingüística, pero en el que en realidad se está ventilando algo todavía más importante, que es la amplitud y solidez de la base que como miembros de la misma sociedad nacional compartimos. Se trata, en efecto, de mostrar en discusión pública las cartas que cada uno juega al ofrecer un modelo de convivencia, confirmador o rectificador del Estado autonómico de nuestro tiempo.

La cuestión está algo complicada para quienes rechazan el modelo presente, que mirándolo hacia dentro, es el de un Estado seriamente descentralizado, que reconoce un formidable peso a sus integrantes, con gran iniciativa política y capacidad de actuación, así como potentes instrumentos para proteger y promover su propia identidad cultural, comenzando por su lengua. Naturalmente este sistema tiene otra dimensión, que subraya la legitimidad de un proyecto común y que en el terreno de la articulación, quiere asegurar la eficiencia de un Estado social transformador, capaz también de afirmarse con voz propia en la escena económica y política de nuestro entorno.

¿Por qué contemplar este Estado sólo en su versión interna, destacando exclusivamente sus elementos particularistas, estimulando el centrifuguismo y el apartismo, reforzando a sus partes exclusivamente frente a las demás y al conjunto?¿Quién ha impuesto la absurda idea de que la mejor decisión política es la adoptada aisladamente, en el propio ámbito territorial, a ser posible contra los demás y desde luego desatendiendo los puntos de vista de quienes no somos nosotros?¿Qué tiene que ver el cultivo de la propia identidad cultural con el desapego por lo que compartimos con los demás?¿Quién opone una lengua a las otras? ¿Si la dualidad de identidades, como el pluralismo, enriquece, por qué ser cicateros con las oportunidades del castellano en la escuela?

Está siendo muy instructivo el escuchar argumentos defendiendo las ventajas del bilingüismo a aquellos que no tienen en su cabeza otro modelo que el del predominio territorial de la respectiva lengua privativa. También el reparar en la utilización de la descalificación en el debate, en alguna ocasión con unos modos que creíamos superados. También sorprenden los equilibrios para cohonestar la voracidad fiscal con la adhesión a la solidaridad constitucional, en boca de algunos líderes políticos.

No lo tienen muy fácil quienes denuncian, en este tiempo posnacionalista, la situación actual. Y no lo tienen porque saben que en el fondo su actuación tiene un propósito erosionador de los supuestos del Estado común, garante de los derechos de todos, incluidos los relativos a la protección de la diversidad cultural, empezando por la lingüística. Y porque sobre todo es muy clara la insatisfacción que produce una política que pretende forzar, a través de medidas ora autoritarias, ora ridículas, la proporción equilibrada y sabia en que la sociedad libremente, sin andaderas ortopédicas, conjuga la variedad territorial y el respeto por las bases políticas compartidas del Estado de todos.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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