Pedro Sánchez podrá ser un pésimo estadista, un ególatra, el más sectario secretario general del PSOE y, sin duda, el peor presidente que ha pasado por La Moncloa. Pero está donde está y, a lo peor, seguirá estando, porque pacta hasta con el diablo. Según la mayoría de encuestas, las llamadas “tres derechas” no alcanzan la mayoría parlamentaria. La dispersión de su electorado les castiga con crueldad. Entre PP, Ciudadanos y Vox sumarían más votos que el resto. Pero los escaños perdidos caerían en la saca del PSOE.
Aunque pueda parecer increíble, Pedro Sánchez ganará las elecciones. Los sondeos vaticinan que podría gobernar con los mismos socios que ahora o con Ciudadanos. Con tal de seguir en el poder, al todavía presidente le da igual pactar con los que queman la bandera de España que con Ciudadanos que la ondea más que nadie. Solo le importa el poder por el poder. Seguramente, a Sánchez le gustaría ser presidente con los escaños de Podemos y, en caso necesario, también con los de ERC. Sería un frente popular en toda regla. Se alejaría así de Puigdemont, que tanto le ha humillado, y de Otegui, tan odiado entre muchos socialistas. Aunque no tardaría ni un segundo en acercarse a ellos si necesitara sus escaños.
El escenario de un pacto con Podemos y ERC parece factible ahora mismo. Aunque el partido de Pablo Iglesias retrocede, el de Junqueras crece como la espuma. El político catalán podrá al final vengarse del traidor de Puigdemont y del titiritero de Torra. Y ese pacto se reproduciría en las municipales. También podrían gobernar, por ejemplo, el Ayuntamiento de Barcelona. A Gabriel Rufián le han visto dando brincos y reclamando ser ministro de Cultura y portavoz del Gobierno.
No hay que descartar del todo el pacto con Ciudadanos. Si las cuentas salieran, media España presionaría a Rivera para evitar otro gobierno Frankenstein. Los poderes visibles e invisibles intentarían atajar la influencia de comunistas, secesionistas y proetarras en el Gobierno. No quieren que unos arramplen con la economía y, los otros, con la Constitución. A Pedro Sánchez tampoco le vendría mal alejarse de sus socios actuales. Se lo agradecería la mayoría de los socialistas. Se desintoxicaría del tufo racista de Quim Torra y de los humos de Otegui. Y a Albert Rivera no le haría ni caso. En el Falcon no se oye nada. Pero el líder de Ciudadanos podría salir achicharrado.
Antes de comenzar oficialmente la campaña electoral, todo apunta a ese Gobierno del PSOE con Podemos y ERC. Contarían además con el apoyo parlamentario de los canarios, que siempre apuestan a ganador, y del PNV, que sabe que con un par de cafés se lleva otras tantas transferencias. En una imagen de política ficción, ya se pueden ver en la escalinata de La Moncloa a Pablo Iglesias, con la cartera de vicepresidente, y a Gabriel Rufián de lo que sea. La histórica foto del nuevo Gobierno del Frente Popular. Cuatro larguísimos años de Pedro Sánchez en La Moncloa con estos invitados. Todavía hay un tercio del electorado que no ha decidido el voto. Los indecisos son la última esperanza.