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TRIBUNA

La pobreza y la educación en Argentina

lunes 08 de abril de 2019, 20:23h

El gobierno argentino informó sobre el crecimiento de la pobreza, señalando que los pobres e indigentes ya alcanzan a uno de cada tres habitantes, cuando un año antes esta proporción era de uno cada cuatro. Hay una gran desigualdad entre las provincias, ya que en Corrientes la pobreza afecta a la mitad de la población mientras que en la ciudad de Buenos Aires esta proporción se reduce al 13 por ciento. En los suburbios de Buenos Aires la pobreza llega al 36 por ciento, magnitud mayor al promedio nacional y nada menos que el triple de la imperante en la ciudad de Buenos Aires. Son grandes las diferencias en la pobreza según los niveles de edad, entre los mayores a los 65 años la pobreza afecta al 8 por ciento de esta población pero entre los menores a los 14 años de edad la pobreza crece, ya que llega a mitad de esta población. Es preocupante la pobreza entre los niños, ya que en este grupo la pobreza es 6 veces mayor a la imperante entre los mayores de 65 años. Debe concitar nuestra preocupación el hecho que la pobreza se concentre entre los niños, ya que cada dos niños uno es pobre. Esta es la tenaza de la exclusión social, que compromete nuestro futuro.

La pobreza afecta a la tercera parte de la poblacion, pero esta proporción descendía entre quienes habían completado la escuela secundaria, mientras trepaba a la mitad entre quienes no la habían completado. La pobreza afecta principalmente a quienes no pudieron avanzar mas alla de la escuela primaria. Un buen sistema escolar asegura altos niveles de conocimientos a sus alumnos, pero no se puede agotar en esto, sino que además debe apuntar a eliminar aquellas desigualdades en los niveles de conocimientos de los alumnos que dependen del nivel socioeconómico de sus familias. La tarea no es fácil, ya que todos sabemos que la pobreza y la indigencia se concentran en quienes tienen una escasa escolarización. Los pobres son hoy más que pobres transitorios, ya que en muchos casos son familias enteras, que por más de una generación han estado excluidas del nuevo y difícil mundo del trabajo de este siglo. Cuando la pobreza es coyuntural, si se pueden encontrar soluciones de corto plazo con planes sociales, pero cuando la pobreza es estructural como la que padecemos, son necesarias otras líneas de acción que apunten directamente a la raíz del flagelo de la pobreza con exclusión social. De la pobreza no se sale con subsidios, que son útiles pero no alcanzan, el requisito mínimo es la escolarización completa de los adolescentes. En este siglo la graduación secundaria es imprescindible para poder acceder a buenos empleos. La escuela secundaria es esencial para que los jóvenes adquieran las competencias que les ofrezcan posibilidades en el nuevo mundo laboral, caracterizado por acelerados avances tecnológicos.

Si queremos que los jóvenes humildes tengan las mismas oportunidades que tienen los jóvenes de familias de niveles socioeconómicos más altos, para acceder a buenos empleos futuros, la escuela secundaria debe ser no solo inclusiva sino también de una calidad educativa que no dependa del nivel socioeconómico de las familias. El bajo nivel educativo es hoy un pasaporte directo al desempleo y la pobreza, ya que entre aquellos que no concluyeron la secundaria la pobreza es mayor a la de quienes concluyeron sus estudios secundarios. Existe una enorme desigualdad en la graduación secundaria entre las escuelas estatales y privadas. De cada 100 niños que ingresaron a primer grado en una escuela privada en nuestro país en 2005, se registraron 68 graduados secundarios en el 2016, pero esta proporción colapsa a apenas 32 en las escuelas estatales. Estamos en presencia de un sistema escolar con dos niveles distintos y separados.

El principio básico de la justicia social es la vigencia de la igualdad de oportunidades para todos, más allá de las diferencias de origen económico, étnico, social o de genero. Si aceptamos que la graduación secundaria de nuestros jóvenes dependa primordialmente del nivel socioeconómico de las familias, estaremos pasivamente aceptando, como expresa el Papa Francisco, el descarte futuro de los jóvenes humildes.

Alieto Guadagni

Economista

ALIETO GUADAGNI es economista graduado en la Universidad Nacional de Buenos Aires, con estudios de postgrado en la Universidad de Chile y Doctorado en la Universidad de California (Berkeley)

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