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TRIBUNA

Complejidad política y abstención

lunes 08 de abril de 2019, 20:29h

Estoy un poco confundido con los temas de discusión de esta precampaña electoral. Dos cuestiones dominan mi confusa perplejidad. Mientras que el primero se refieren al nivel de representación teatral tanto de los líderes políticos como de los votantes, el segundo tiene que ver con un asunto real. Sí, a veces tengo la sensación de que vivo en una una sociedad plural, abierta y conflictiva, que no tiene miedo a tratar cualquier tema, pero otras creo que los líderes de opinión, especialmente los políticos, tienden a guardar silencio sobre asuntos clave para el desarrollo de la democracia. Se insultan entre ellos por cuestiones menores, pero callan sobre asuntos esenciales.

¿Y qué decir de los electores? Parece que nadie quiere perderse la fiesta de la votación. Parece que nadie quiere dejar de dar su opinión sobre los partidos políticos. Parece que nadie quiere quedarse fuera de la política, pero quizá todo sea eso, parecer, pues que la realidad es que hay una parte de la ciudadanía, por cierto, una parte muy significativa, que quiere ejercer sus derechos ciudadanos no votando, absteniéndose e incluso votando nulo o en blanco. Quizá en esa manera de ejercer la ciudadanía resida la clave para explicar el fenómeno político por excelencia de nuestra sociedad: la abstención política.

Nadie sabe quién ganará, entre otros motivos, porque las encuestas en España, como en el resto del mundo, sólo dan una aleve idea sobre las tendencias de los votantes. Son todas tendenciosas y, por eso, tienen que ser objeto de sospecha. Precisamente, porque las encuestas son instrumentos poderosos para inducir y, a veces, seducir a los votantes para decantarse por una u otra opción ideológica, deberían estudiarse con mayor detenimiento.

Sin embargo, hay algo en lo que no nos engañan las encuestas, a saber, que los índices de abstención serán determinantes de los resultados electorales. Todas las encuestas están de acuerdo en que la participación será esencial para conformar mayorías. Y esto, se ponga como se ponga los demóscopos, es casi imposible de calcular con precisión. Dicen los sabios de las casas encuestadoras que aquí siempre se equivocan los pronósticos. Actualmente la mayoría de encuestadores dicen que el 28 de abril votarán alrededor de un 70% del electorado, pero nadie en su sano juicio lo suscribiría al cien por cien y, además, la experiencia nos dice que siempre se han equivocado las encuestas a la hora de cifrar la abstención.

O sea nadie tiene una idea exacta de lo qué pasará. Eso se llama indeterminación democrática. Es la sal de las sociedades divididas. Democráticas.

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