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TRIBUNA

¿Por qué hay que ilegalizar a Vox?

miércoles 10 de abril de 2019, 20:12h

Sencillamente, ilustres lectoras/es, porque la mayoría de su programa electoral para este próximo 28 de abril contiene incumplimientos que están escritos y sobrescritos en nuestra añeja Constitución del 78. Y no hay más tu tía. No exagero -pueden mirar los libros de Historia- al comparar las tendencias no sólo ideológicas, sino -lo que es más grave- morales y de vestustos autócratas antidemócratas con las de aquellos generales del 36, los Queipo, los Millán, los Sanjurjo, los Franco o Paca la Culona -así la llamaba el borrachín de Queipo- los Mola, y hasta aquí. Para mi ruedo ibérico estos señoritos de las últimas patrias que han salido del costillar de los huesos de este adánico paraje que es el Valle de los Caídos ya estaban ahí desde que Franco hizo asesinar al general Emilio Mola. De hecho este Santiago Abascal que cabalga como un gorrino volando por encima de las casas que pintara Chagall va de Mola en Pamplona pero sin el intelectualismo y sin el Estado en la cabeza que tenía el Director que fue el ajedrez y el galáctico conspirador más el gran odiador de todo republicanismo, sobre todo por culpa de ese odio y venganza que le comía el hígado al no poder soportar primero el ser vendedor de juguetes sin patria militar y segundo por ser exiliado a la ciudad de San Fermín por el presidente Manuel Azaña. Mola fue el inductor y el gran zurcidor de aquella horrible gusanería que le corría por culpa de su depravado carácter de la misma manera que hoy esta depravación y esta chulería de torero se ha instalado en Santiago Abascal. Este medionormal personaje sólo es un generalato más de cuando el Dragon Rapide, un analfabetismo que roza la estupidez y el grosor de morcilla de Burgos dada su poca una calidad política, histórica y social. Abascal es un zopenco acomplejado por tener el pito pequeño que desglosa una sexualidad de estas manadas que ahora se han puesto de moda y que él -ya lo vemos cuando habla- ha vuelto a poner de moda. Nadie me negará que nada sabe ni nada tiene que decir en cuestiones de política, de avances generacionales, de renovación de nada, pues nada es como ese un ser-en-la nada. Sartre lo diría con palabras más claras: Abascal es un zopenco con complejo de Edipo Rey en este nuevo drama que es la España anticonstitucional que a lo Cayo Julio César se empeña a cruzar de nuevo el Rubicón. Pero qué Bruto lleva encima Abascal.

Más le valdría a este zangolotino de drama rural estudiar mejor lo que es no sólo las últimas investigaciones sobre psicoanálisis que dan por vivo todo monstruo que se ha criado entre la fumigación de las neuronas por motivo de nuevas sífilis patrióticas sino, ante todo, este nuevo tiempo de un país que ya no son estos cuatro desgraciados molistas, sanjurjianos, carlistas o esos que sólo tenían y tiene medio huevo que son los nacidos del falangismo español.

España es un progreso en progresiva progresividad, quiero decir, que ¡atrás las atávicas violencias¡ y los que no estén en esta partida de bolos que es la democratización europeísta, gozosa, viva, feliz, feminista, harta ya de asesinos de palomas -que son las mujeres con sus ojos verdes y sus colores de Chagall- que los empitone un toro de esos pequeños -digamos que el torete de Teruel- y que se vayan a escardar cebollinos a otras tierras y otras batallas borrachas con sus mierdecitas colgando de los boinas verdes, los generales nuevos, los torerillos analfabetos, los intelectuales todavía más analfabetos que los torerillos y así todo seguido.

Estos mierdasecas que han venido a joder la jodienda con su España en el corazón y sus gilipolleces de programa parlamentario -pistolas, centralismo estalinista, perdices por el cielo de Madrid para ser cazadas, la mili, la aberrante violencia tanto psíquica como física que promueven, alientan y que comenten contra este feminismo que no es tal sino toda una novísima doctrina revolucionaria tan necesaria en este siglo de un capitalismo cada vez mejor diseñado y más imperialista que nunca- casi es mejor que se quiten los calzoncillos cagados y que los limpien sobre el cárdeno y límpido lomo del Libro de la Constitución al que quieren -con mentiras y regüeldos y huevos podridos y más huevos- darle piedra pómez.

Por esos somos muchos los que pedimos antes que arribe este 28 de abril que se ilegalice el partido VOX por lo dicho aquí y por lo que nos callamos. Pero sobre todo porque todo lo que sale de sus mensajes, de su fanatismo infantiloide, de sus morros manchados de grasa animal, además de ser inasumible para esta España que hoy somos, nos retrotrae, como decimos, a un nuevo molismo, a una nueva reinterpretación del 36, a un nuevo odio de herencia, familias y aristócratas genealogías contra un presidencialismo votado y elegido para que no vuelva a repetirse cualquier tipo de amago de otra España violenta. Porque comentamos, ya para acabar:

¿Alguien en su sano juicio se ha pensado que estos tipejos y tipejas de VOX en el caso que entren en los Jerónimos se van a quedar quietos y a cumplir con los requisitos que manda y sentencia el ordenamiento jurídico, legislativo y ejecutivo de nuestra actual democracia parlamentaria en forma de monarquía? No seamos ingenuos: la Historia nos lo ha avisado ya demasiadas veces. Todo empieza así, hasta que alguien vuelve en la cárcel a escribir “Mi lucha”. La violencia de la ultraderecha es una cuestión genética, histórica, patriarcal, psiquiátrica y seca de sesera de tanto machacársela con la bandera que nos impuso el carlismo.

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