El veterano ciclista belga impuso su clase a Peter Sagan.
Este domingo se desarrolló la que puede ser la clásica más importante del calendario ciclista. Lo hizo en su 117ª edición. Se trata de la París-Roubaix, un evento que congrega todos los focos cada año y que esta vez vino a conectar Compiégne y Roubaix en una ruta de 257 kilómetros, salpicada por hasta 28 sectores adoquinados. Y de esa mezcla ancestral entre maratón y aventura saldría un dominador nítido. Philippe Gilbert (Deceuninck Quick Step) triunfó, a sus 36 años, coronando una trayectoria deportiva maravillosa.
El belga imperial, celebridad en su país, lució astucia para ganarle la partida al puñado de favoritos que se jugarían la victoria. Y, en segundo término, para escaparse con un rival de menor entidad y ganar con autoridad. Nils Politt (Katusha) sería el segundo clasificado y el podio fue completado por otro belga del Deceuninck, el campeón nacional Yves Lampaert. La exhibición de la estructura más laureada de 2018 resultó incontestable. Con Peter Sagan (Bora) claudicando ante la dureza del ritmo y del pavé.
Gilbert, valón, elevó a 23 el número de triunfos del escudrón dirigido por Patrick Lefevere en este curso. Y añadió una muesca de especial significado para su ya dilatado currículo. Le faltaba Roubaix y la Milán-San-Remo, pues en la mochila ya cuenta con La Lieja, dos Giros de Lombardía, cuatro Amstel Gold Race, dos París Tours, una Omloop, una Flecha Valona, una Strade Bianche y una Clásica de San Sebastián. Amén del título Mundial y de etapas en Giro, Tour y Vuelta.
Hacía dos años que no ganaba, por lo que muchos le arrancaron el favoritismo de salida. Por ello, a las 11 de la mañana, cuando arrancó el envite desde la Plaza del General de Gaulle de Compiégne los ojos estaban posados en competidores mñas jóvenes y más enrachados. No pudo comparecer el colombiano Fernando Gaviria (UAE) por una baja de última hora. Sin él comenzó la inercia sobre la esencia de la guerra de guerrillas precoz. El fuego se abriría con seriedad a partir del primer sector de Trosvilles -kilómetro 93-.
Allí se inauguraron los nervios, las caídas y los demarrajes consistentes. Tomaba cuerpo el llamado 'Infierno del Norte'. Y en esos primeros problemas se verían afectados Kristoff, Van Aert y Tiesj Benoot. Este último tuvo que retirarse. Desde ese punto de la senda de traqueteo ya se haría el filtro inicial: en torno a 35 corredores tomaron la cabeza de carrera. Y en el tramo de Orchies -kilómetro 197- entraría en erupción la carrera. Gilbert atacó y se llevó con él a Politt y Rudiger Selig (Bora). Obligó a mover ficha a Sagan, que cambiaría el ritmo junto a Van Aert, Lampaert y Vanmarcke.
A 50 kilómetros de meta, con las piernas bien castigadas, el eslovaco había cazado al grupo cabecero y se conformó el sexteto fugado definitivo. El sector de Mons en Pevele le definió así, dejando en la estacada a Iván García Cortina (Bahrein) -pinchazo- y al campeón olímpico Greg Van Avermaet. Sagan y Gilbert tiraban con fuerza para distanciarse del resto y lograrían un minuto de colchón cuando restaban 30 kilómetros por delante. De la coordinación de los seis nombres gruesos que guiaban la fuga saldría el triunfador de la jornada.
Mas no tardaría el fracturarse el buen entendimiento y Gilbert arriesgó atacando a 23 de meta. Reaccionarían sólo Sagan y Politt en la entrada al sector de Camphin en Pevéle. Y en el Carrefour de l'Arbre Vanmarcke y Lampaert lograron enlazar, con Van Aert suprimido. Era el incio de la maniobra sensacional del corredor belga del Quick Step. Porque volvería a atacar en el sector de L'Arbre Gilbert. Allí percería Sagan, desbordado. Y Politt, de 25 años, se quedó a solas con el gigante. Pero no se apocó y lo probó a 14 de meta, alejando del todo al eslovaco y vigente ganador, a Vanmarcke y Lampaert.
Todo ello concluyó en un mano a mano que les condujo hacia el velódromo sin necesidad de vigilar la espalda. Los perseguidores no llegarían a darles caza y sólo pelearían por cerrar el podio. Entonces se desplegaría la belleza de la estrategia de cada cual y Politt, sencillamente, no tuvo opción. Aguardó para tratar de reaccionar al envite de Gilbert sin éxito. El belga atronó a los espectadores congregados con una arrancada impresionante. Subrayando que a su edad, y con más de 250 kilómetros en las piernas, sigue siendo capaz de abrazar la gloria como nadie.