El Partido Popular usa en su Programa Electoral la noción de idea- fuerza como elemento vertebrador y organizador para gobernar España, una novedad del pensamiento creada a finales del siglo XIX por A. J. E. Fouillee, en su gran obra de 1893 La psicología de las ideas fuerza. En palabras del propio Fouillée son la revelación interior de una energía y de su punto de aplicación, de una potencia y de una resistencia. Ante la objetividad científica de las ideas-fuerza no hay conciencia moral ni capacidad mental que, sin mala fe, puedan negarlas o rechazarlas, una vez que se revela en el interior del corazón o de la mente la desbordante energía irresistible que comportan. Las ideas-fuerza conforman, además, la opinión, y la opinión pública rige de forma indirecta las instituciones en una sociedad abierta. La fuerza de las ideas, sacadas a la palestra, imposibilita la independencia de políticos y pueblo en general, sino que la interrelación constante se asegura entre ellos. En una democracia el aislamiento de los políticos es una contradicción y una enfermedad. El vicio del aislamiento lo tuvo la Iglesia durante muchos siglos, clero y pueblo fiel eran dos realidades independientes; pero esta situación es contra naturam en una democracia. Por ello también el Partido de Pablo Casado quiere limitar las aportaciones estatales a los partidos políticos, precisamente para que no se aíslen ni independicen de la sociedad civil ni se conviertan en puros departamentos del estado. Por el contrario, la izquierda estadólatra no organiza su Programa en ideas-fuerza, sino que se constituye como Deus ex machina en único intérprete de la justicia y la verdad; no apela al razonamiento, a las inducciones a que nos invita la realidad, sólo a la fe rencorosa de un pensamiento muerto y a las morbosas obsesiones que no para de alimentar con pertinacia. El Presidente Casado es lo opuesto a la estadolatría izquierdista. Por ello afirma: “No queremos una sociedad que sirva al bienestar del Estado. Queremos un Estado que sirva al bienestar de la sociedad”.
Es verdad que el Estado de las Autonomías ha logrado que ningún territorio nacional sea olvidado de la Administración pública, pero no es un requisito obligatorio que genere una clase de paniaguados que arruinen como demovoros las arcas públicas, siendo en realidad sólo peso muerto sin utilidad alguna. Entre el oportunismo esencialmente inmoral de Ciudadanos y la simpleza tabernaria – aunque bien intencionada – de Vox sólo el PP de Casado ofrece una alternativa nacional posible ante una de las coyunturas más difíciles de la patria desde nuestra Guerra Civil. No existe el patriotismo constitucional porque la patria es el humus en donde arraiga la Constitución, salvaguarda de las libertades de todos y, sobre todo, de cada uno, muy anterior a ésta, y por ello mismo la presupone. Casado es hoy sin duda la esperanza más segura y menos estridente contra los efectivos peligros letales de la patria, la esperanza de que España siga unida en libertad, con igualdad de todos los españoles ante la Ley y el progreso social. Además del riesgo de ruptura territorial, el otro gran peligro para la supervivencia de los españoles es nuestro ya largo invierno demográfico. No podemos sostener la sociedad del bienestar si no hay suficientes aborígenes que reemplacen la fuerza de trabajo de los que felizmente se jubilan. La familia y la promoción de la natalidad es la segunda prioridad junto al mantenimiento de la unidad nacional. El aborto es ahora no sólo una aberración moral, sino un atentado contra el interés público. Hablar de aborto y eutanasia en este invierno demográfico, aparte de las indeseadas implicaciones éticas que comporta, siempre regidas por la demagogia y el egoísmo extremo, está fuera por completo del contexto en que vivimos. No se apaga el fuego con gasolina.
Sólo el Partido de Pablo Casado conoce en profundidad el campo y la España rural. Su espíritu campesinista ha generado siempre los mejores técnicos de la cuestión, una veintena de técnicos podríamos citar que han sabido siempre resolver los problemas del agro y defender los intereses de los agricultores en el marco de la Unión Europea. El PP sabe cómo fijar a la gente en sus pueblos con medidas políticas de promoción social e incentivos económicos.
El arrinconamiento constante y creciente de la lengua española, con la complacencia ominosa del Gobierno socialista, es una muestra palmaria de falta de amor a España, como patria común de todas las regiones con independencia de que tengan lengua propia o no. El Gobierno no puede mediante un rapaz sistema confiscatorio subir más los impuestos a nuestras nacientes empresas de tecnología, que serán la punta de lanza de nuestra economía futura y la harán posible, sino, por el contrario, alentarla con incentivos fiscales como que en realidad nuestro futuro económico y nuestro bienestar dependen de ella. Nuestro sistema de educación pública debe mejorarse con un aumento de la libertad y haciendo cerradamente complementarias las Tecnologías y las Humanidades.
La influencia de la Iglesia Católica sobre la civilización europea, en general, y sobre la sociedad española, en particular, ha sido grande y saludable; por lo que el Partido Popular apoya esta venerable Institución, que forma parte indeclinable de nuestra identidad.
Contra los deseos socialistas mal disimulados el PP combatirá la ocupación ilegal de casas y defenderá la propiedad privada, primer requisito que tiene que tener una sociedad libre. El Sistema Nacional de Salud debe garantizar en toda España una asistencia cohesionada, equitativa, segura y de calidad, y que atienda a personas y no a códigos postales. Es indecente que se sea atendido más fácilmente en un país europeo con la presentación de la tarjeta europea, que en otra autonomía española distinta a la del usuario. Debemos apoyar a nuestros médicos, que son los mejores del mundo. El PP de Casado luchará por la neutralidad en los espacios públicos, que son de todos, y no sólo del Partido Gobernante, que usa de la Administración como de un botín cuando es socialista.
En definitiva, si gana la izquierda las elecciones con el apoyo de los secesionistas, los golpistas y los comunistas, se romperá España y caerá la Corona, y con ella el régimen monárquico, que tan bien le va a los españoles, como lo demuestran estos últimos casi cincuenta años de casi continua prosperidad y expansión de la libertad. Y la única alternativa no estridente, discreta y no excesiva, moderada y reformista, y que mantendrá el pulso de la recuperación económica es la que personifica el palentino Pablo Casado. Si se diese otra distinta, Dios nos pille confesados. Dios no lo quiera.