A punto de aparecer la cabeza de Goya
viernes 01 de agosto de 2008, 21:18h
Hace unas semanas escribí mi crónica, publicada en “EL IMPARCIAL”, explicando varias desapariciones de personajes históricos. Entre ellos la célebre cabeza de Don Francisco de Goya, los huesos inmortales de Cristóbal Colón cuyo enterramiento es doble: Santo Domingo (República de) y la catedral de Sevilla.
Si hacemos caso a las informaciones que recibimos, Cristóbal Colón no era uno sino dos. Al homenaje que le rindió el Rey de España. Don Juan Carlos, en su primera salida oficial y como Rey a Hispanoamérica, homenaje floral al que tuve el gusto de asistir junto al Admirante Don Cristóbal Colón, Duque de Veragua. (Por cierto una de las víctimas de la ETA). También lamentaba yo la desaparición del esqueleto completo de Don Miguel de Cervantes al que lo sustrajeron nada menos que del convento de Trinitarias y Descalzas. Si no fuese porque se recuperó la mana de Santa Teresa de Jesús que llevaba como un fetiche a todo lugar que se desplazaba, el muy católico Francisco Franco, no sabríamos hoy si quedaba algún hueso de la mística abulense.
Sabe bien un periodista importante, fundador de la Academia del Desastre, José María Moreiro que las reliquias de la Santa y su supuesto esqueleto se hacen visibles en la ciudad abulense de a Alba de Tormes. Lugar y Santa que vivieron unidos la peripecia de la visita del Papa Clemente, pontífice del El Palmar de Troya, que en un lujoso automóvil visitó con parte de sus obispos y sacerdotes Alba de Tormes. Tras una pantagruélica comida y abundantes vinos del lugar, organizó un gran escándalo negando santidad a la Santa y por el mismo precio, injuriándola. Se organizó tal escándalo que varios indígenas del lugar obsequiaron a la expedición con una paliza que pudo ser mortal de necesidad.
Lo que escribimos entonces, con respeto a los personajes, no estaba exento de sentido del humor.
Pero hoy nos encontramos en situación de afirmar que la cabeza de Goya ya ha sido identificada. Sabemos, entre otros conoce la noticia el gran madrileñista Ángel Manuel García, también conocido como “El relojero de la calle de la Sal”, con el que colabora constantemente el gran humorista Ángel Antonio Mingote.
Hace unos años asistió, como invitado especial a la tertulia “Amigos de Julio Camba” un chozno (se da este nombre a los descendientes de un personaje; pero que lo son en quinta generación, tras los nietos y los bisnietos del personaje) del pintor de Fuendetodos. A decir de los comensales de “Casa Ciriaco” el invitado, que vivía en Aragón era el vivo retrato del pintor de “Los desastres de la Guerra”. Aquel chozno dejó este mundo hace algún tiempo. Pero todavía, felizmente, está vivito y coleando otro chozno que vive en Galicia.
Cuando, en 1910, fueron trasladados los restos mortales, es decir: los huesos, de “el divino sordo”, a la iglesia de San Antonio de la Florida -en donde se conservan los maravillosos frescos de su autoría. En los restos exhumados del enterramiento de la Sacramental de San Isidro se comprobó que faltaba su cabeza. Se había especulado con que un sabio español, médico, escritor y sobre todo humanista, Don Gregorio Marañón, tuvo tenido en su posesión el insigne cráneo, para estudiarlo. Pero lo cierto es que al exhumar los restos había desaparecido la cabeza. ¿Cómo regresó a su sepultura y por qué? Lo cierto es que cuando se iban a enterrar en el nicho vacío los restos de Don Diego de León apareció la cabeza supuestamente de Goya. Se creó un enorme conflicto porque, es bien sabida este es un país de absurdas leyes y aprovechados leguleyos. Todo ha de hacerse “legalmente” y nadie podría descubrir por libre la curación de un cáncer si antes no pasó por los científicos.
Recordemos unos versos del poeta y boticario León Felipe, que aproximadamente, rezan: “Para enterrar a los muertos como debemos, cualquiera sirve, cualquiera menos un sepulturero”.
La cabeza de Goya está a buen recaudo en una urna y el recinto de su enterramiento. Un ilustre experto en medicina legal ya está realizando las pruebas de ADN. Le sirve para esta investigación una carta, sellada y pegado el sello con la propia saliva del comunicante que no es, ni más ni menos, que el chozno galaico de Don Francisco el de los Toros.
Hemos conseguido esta exclusiva que, nos consta que será noticia en todo el mundo. Los investigadores oficiales, los detectives y sabuesos de cosas que pueden parecer absurdas y hasta el propio Don Francisco de Goya y Lucientes, pueden sentirse ya tranquilos. Don Francisco no era un títere, pero para algunos un despistado, porque había perdido su cabeza.
P.S.: Ahora recuerdo que yo he tenido en mis manos, como si se tratase de un Hamlet, la calavera del Papa Luna. Residía tan ilustre en el Palacio Papal de Peñíscola. Los herederos directos (o colaterales puesto que oficialmente los Papas no tenían hijos) eran Conde de Argillo -consuegro de Francisco Franco- cuyos hijos y nietos jugaban con la descarnada cabeza. La cabeza fue sustituida por una pelota de goma para conformar a los chicos y la calavera pasó a buen recaudo.