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EDITORIAL

Una campaña bronca y un resultado incierto

EL IMPARCIAL
viernes 26 de abril de 2019, 13:04h

Con la traca final de los últimos mítines y el ridículo día de reflexión acaba la marabunta de una campaña electoral que ha resultado más bronca que nunca. Unos más que otros, pero todos los candidatos han dedicado más tiempo y energía a los ataques furibundos a los adversarios que a presentar las mejores propuestas de sus programas.

El PSOE y Podemos, en comunión con los separatistas, han anunciado la llegada del fin del mundo si ganan lo que ellos llaman las derechas. Le han hecho la mejor campaña posible a Vox para acusar a los tres partidos de fascistas y dividir el voto del centro derecha. Rajoy también jaleó a Podemos para que cuarteara al PSOE y el efecto boomerang le estalló en el peor momento: en la moción de censura que le mandó a su casa.

Como suele, la izquierda se ha manejado con soltura en la propaganda, en embarrar el terreno de juego, en intentar engañar al electorado con el retroceso democrático que supondría un Gobierno del PP con Cs y el apoyo de Vox. Y con la ingenuidad que le caracteriza, el centro derecha, en lugar de hacer piña para desmontar esa falacia progresista y convencer al electorado de los beneficios reales que supondría su Gobierno, se ha dedicado a ponerse palos en las ruedas. El mejor ejemplo es Rivera. Atacó a Casado en los debates sobre los errores del PP en el pasado como si el actual presidente tuviera alguna responsabilidad. Y los fichajes de Silvia Clemente, con su presunto pucherazo en las primarias de Castilla León, y no digamos el de Ángel Garrido, obedecen a meras vendettas, no al valor político de los tránsfugas. Ciudadanos ha hecho daño al PP, a cambio de nada.

Es natural que en la caza del voto se produzcan zancadillas, pero tanto PP y Cs han debido, aun tácitamente, que el electorado les viera más juntos que revueltos. Pablo Iglesias es el ejemplo. Le ha atacado a Pedro Sánchez en el hígado robándole un saco de votos y nadie se ha enterado. Ni Pedro Sánchez. Pero en los debates dejaron claro que iban de la mano.

También hay que contar que un PSOE sin escrúpulos, abusando indecentemente del cañón propagandístico de RTVE, todos los Ministerios y todas las Instituciones del Estado junto con las proclamas de Podemos en las redes sociales, la progresía más combativa en pie de guerra y las muchas televisiones amoratadas sin parar han logrado que en cierto electorado haya calado ese mensaje de la vuelta del fascismo. Y así han convencido y movilizado a su electorado.

Es verdad que el PP y Ciudadanos han sabido llevar al electorado el mensaje de la tragedia que supondría para España cuatro largos de Gobierno del PSOE y Podemos con el apoyo de los separatistas y los bilduetarras: el riesgo de despedazarse que corre nuestra nación y las catastróficas consecuencias económicas. Pero parecen desconocer que ninguno podrá gobernar si no unen fuerzas; esto es, escaños. Rivera, por ejemplo, rechazó una gran idea de Casado: presentar listas conjuntas en el Senado. Hubieran fumigado a Vox, con muchas posibilidades de alcanzar la mayoría absoluta.

De todos modos, entre unos y otros, han logrado convencer al electorado de la trascendencia de votar el 28-A. Los expertos auguran que la participación será alta. Y ni Tezanos, o él menos que nadie, puede apostar por un resultado seguro. Porque poco importa el partido que gane. Solo importa poder sumar escaños para gobernar. Por eso, hay que movilizar al electorado para que el domingo acuda a las urnas. Hay que votar.

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