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CICLISMO

Alaphilippe y Van der Poel restallan como los relevos de Valverde y Sagan

EL IMPARCIAL
sábado 27 de abril de 2019, 23:02h
Ambos han inciado el curso con victorias de prestigio.

Julian Alaphilippe (Deceuninck Quick Step) y Mathieu Van der Poel (Corendon Circus) son, hasta la fecha, la sensación de 2019. Ambos han conquistado algunas de las clásicas más importantes de esta temporada y, por su edad, su clase, su potencialidad y su presente, están siendo coronados como los herederos naturales de nombres gruesos como Alejandro Valverde, Peter Sagan, Philippe Gilbert o Greg Van Avermaet en eso de cazar etapas y carreras de un día como oficio triunfal.

El ciclista francés parte como favorito en la Lieja-Bastoge-Lieja que tendrá lugar este domingo. Lo hace bajo tal condición porque en lo que va de año ha cantado victoria en la Flecha Valona, la Strade Bianche y la Milán-San Remo. Es el puntal que más resplandece en el equipo que aplastó en 2018 a sus rivales en lo relativo a victorias, y que en este curso mantiene una pugnacerrada con el Astana en la acumulación de gestas individuales. Ambos escuadrones ya se han destacado sobre el resto como acaparadores casi exclusivos de triunfos.

Alaphilippe viene, como se ha dicho, de firmar un doblete en la 83 edición de la Flecha Valona. Fue el pasado 24 de abril. A sus 26 años, tras explotar en la ejercicio precedente, firmó una exhibición en el Muro de Huy quedejó en la cuneta a Jakob Fuglsang. El danés, estrella del Astana, sólo pudo tomarle el rebufo cuando entró en ignición en las rampas de la emblemática subida a Huy. Valverde vio todo desde la barrera, acomodado en una segunda fila alejada de la lucha por el título.

Fuglsang se quedaría a centímetros de evitar la remontada del corredor galo ante el ataque que él mismo había propiciado. El italiano Diego Ulissi (Emirates) completaría el podio, a seis segundos del ganador. El murciano, vigente campeón del Mundial, sería undécimo en el intento por firmar su sexto triunfo en esta clásica belga. El trabajo de los equipos de los aspirantes al triunfo tiraría abajo a la figa del día, compuesta por Koen Bouwman, Joseph Rosskopf (CCC), Robin Carpenter (Rally UHC), Kenneth Van Rooy (Sport Vlaanderen) y Tom Wirtgen (Walonnie Bruxelles).

El Deceuninck gobernó entre nervios y caídas -Jon Izaguirre, Pozzovivo y Roman Kreuziger se verían implicados-, si bien en las tres ascensiones a Huy buscarían su oportunidad Enric Mas, Carlos Verona, Poels, Henao, Ulissi, Gorka.Izaguirre, Luis León Sánchez, Teuns y De Marchi, entre otros. Pero, a 22 kilómetros de meta el Quick-Step logró su objetivo y Alaphilippe tenía el terreno y las condiciones para brillar. Enric Mas mutó en gregario de lujo para el francés, que navegó con sabiduría en la subida de 1.300 metros, con rampas del 23%, que represent Huy. El Sky de Kwiatowski asomaría, mas el ataque de Fulgsang descompuso el orden. Salió a rueda el polaco y Alaphilippe calculó con astucia hasta soltar el aguijonazo definitivo.

"Esta carrera es muy especial para mí y me siento muy orgulloso de repetir el triunfo del año pasado. He ganado muchas carreras este año, pero en la Flecha Valona quería hacer algo importante y lo que conseguido. Me siento muy feliz. Todos conocíamos la subida final y allí es clave llegar bien situado para los momentos de los ataques. Yo estaba en el lugar adecuado, muy bien ayudado por mi equipo, que ha hecho una carrera fantástica y debo dar las gracias a todos los compañeros. Esperé al momento justo para lanzar el ataque definitivo", analizó, rindiendo un elegante "homenaje" a Fuglsang, Además, agradeció a sus compañeros del Deceuninck la labor de control y aproximación. No obstante, tuvo que cambiar de bici dos veces.

(Vídeo: Twitter - Eurosport)

Y confesaría que todavía tenía clavado el desenlace de la Amstel Gold Race. Se refería Alaphilippe al colosal rendimiento, en remontada, de Mathieu Van der Poel que le entregó al 54ª edición de la 'Clásica de la cerveza'. El neerlandés arrebató al francés y a Fulgslang el triunfo a 100 metros de meta. La pareja del Quick Step y Astana se había escapado y todo apuntaba a que se jugarían el triunfo. Pero demasiada vigilancia entre ambos y un esfuerzo abrumador de Van der Poel les sorprendería, confeccionado una imagen agónica para el recuerdo de esta presitigiosa prueba. Devoliendo a los Países Bajos la victora en su única carrera incluida en el Pro Tour.

Con lágrimas en los ojos, este ciclista de 24 años, que todavía se está adaptando a la carretera tras haber mandado en el ciclocross, hablaba así de las sensaciones de aquel día: "Ha sido increíble. Sólo en los últimos 300 metros he podido ver que todavía era posible conseguir la victoria. Se fue el primer grupo y no pensaba que pudiera suceder. No tengo ni idea de cómo lo he hecho y de cómo ha sido posible remontar viniendo desde atrás".

"Intenté atacar en la subida al Gulperberg y, por lo tanto, no pude recuperarme para el Kruisberg, que era el siguiente, aunque tenía la esperanza de poder hacerlo pero no pude hacerlo. De todas formas, sentía que todavía me quedaba algo en las piernas y empecé a pedalear a fondo porque tenía buenas sensaciones. Esperaba que Alaphilippe y Fuglsang empezaran a mirarse el uno al otro en los últimos kilómetros. Di todo lo que tenía dentro porque también sabes que en este tipo de clásicas el final es muy difícil para todos. Y, por instinto, continué y me fui con un grupo hacia la cabeza de la carrera y conseguimos unirnos", narró, a su modo, un hito para los anales de esa prueba.

Por último, Alberto Contador ha certificado que Mathieu Van der Poel es una de las irrupciones capitales de la primavera ciclista. "Van der Poel es un superclase. Ha hecho que en YouTube me pusiese las carreras de ciclocross para verlas, cuando nunca he tenido interés en el ciclocross. Pero me hablaron de las barbaridades y exhibiciones que hacía, y tenía ganas de verlo en persona. Ahora se ha pasado a la carretera y, pese a que es una distancia de 200-250 kilómetros completamente diferente al ciclocross, está dando exhibición tras exhibición", comentó el madrileño.

El pinteño tiene claro su diagónstico: "Es un corredor con una clase tremenda y estoy seguro que ahora tiene que haber una pelea tremenda entre todos los equipos por intentar ficharle". El futuro (y presente) del ciclismo parece tener ya patrones. Desde luego, el territorio de las clásicas y las carreras de un día, ese en el que el talento ha de explotar en una jornada específica y selectiva, ya les ha remarcado como nombres a seguir. Ya pueden mirar de tú a tú a los dinosaurios de palmarés mareante con los que tendrán que cuerpear a lo largo y ancho de maratonianas citas, salipacadas de nerviosismo, pavés y centenares de kilómetros.

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