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LA OPINIÓN PÚBLICA Y LA CRISIS

Aurora Nacarino-Brabo
sábado 02 de agosto de 2008, 20:53h
El último barómetro del CIS señala que, si ahora se celebraran elecciones, se produciría un resultado de empate técnico entre PP y PSOE. Lejos quedan ya los seis puntos de ventaja que los socialistas llegaron a disfrutar hace solo unos meses, después de los comicios del 9 de marzo. La explicación a este fenómeno es más espinosa de lo que cabría pensar.

Instalados en pleno siglo XXI, en la era de la democracia, paseamos nuestra individualidad altaneros, seguros de que nuestras opiniones son solo nuestras y de nadie más. Teniendo en cuenta que nosotros, los de entonces, seguimos siendo los mismos que acudimos a las urnas cinco meses atrás, es difícil explicar los nuevos datos del CIS en base a una mera suma agregada de opiniones individuales. Orgullosos de nuestra individualidad, nos es difícil reconocer que nuestros comportamientos puedan estar influidos o determinados socialmente. Pero, no nos engañemos, nuestro día a día no se ha visto tan trastocado por la crisis económica, por lo que la fluctuación experimentada en la intención de voto debe ser achacada más al control social que ejerce la opinión pública sobre el individuo, que al propio juicio racional desarrollado por éste en un proceso de toma de decisiones basado en su experiencia personal.

Hace ya muchos años que la opinión pública es concebida como un simple agregado de opiniones, puesto que ello facilita en gran medida la investigación sociológica y encaja mejor con los ideales democráticos contemporáneos. Sin embargo, ello no nos debería llevar a despreciar una visión colectiva de la opinión pública que Robert E. Park desarrolló como nadie durante el primer tercio del siglo pasado. Según Park, los individuos en las sociedades están envueltos por una atmósfera subconsciente que influye y controla, hasta cierto punto, el comportamiento social de las personas. Se trata de una especie de “clima social” que después los sondeos tratan de medir y reflejar, pero que no representa la opinión de la mayoría, sino que constituye un “ente supraindividual”.

Sin embargo, aunque Park nos despierte de nuestro sueño individualista, no debemos menospreciar la opinión pública, pues el propio sociólogo nos advierte de su carácter esencialmente racional, fruto de la reflexión, la confrontación y la interacción de las distintas opiniones. Así pues, más vale que Zapatero tome nota si no quiere que la opinión pública abandone el actual estadio de conflicto y precipite un cambio de gobierno, algo que, según Park, suele ser habitual en todo proceso político.
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