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Falta energía y sobra superstición

domingo 03 de agosto de 2008, 10:27h
El aumento del precio del petróleo es una de las causas de la recesión económica que vivimos. España es un país con una fuerte dependencia de energía fósil, lo cual hace imprescindible adoptar medidas urgentes. Pero tales medidas no parecen llegar. A cambio, asistimos a una auténtica cascada de declaraciones públicas, fruto de la “política de rueda de prensa” que tanto gusta a Zapatero. Hace poco, Rajoy decía, no sin cierta razón, que el Gobierno en lugar de ministros, tenía “comentaristas”. El caso es que la energía es una cuestión de tal magnitud que no conviene ni por un segundo frivolizar sobre ella.

¿Qué iniciativas se han puesto en marcha hasta el momento? El ministro del ramo, Miguel Sebastián –excelente economista, agudo polemista, de espíritu crítico y formación científica- se ha pasado al teatro de lo virtual y…se ha quitado la corbata. Así se ahorra energía. ¡Vaya por Dios!. También ha pagado con fondos públicos una campaña en medios, donde se nos habla de las bondades de poner los aires acondicionados a no menos de 24 grados centígrados. Pero hay más. Se ha propuesto reducir la velocidad de entrada a las grandes ciudades. Aminorar sensiblemente la marcha generaría un ahorro considerable, a juicio de Sebastián –aunque, según la práctica totalidad de asociaciones de automovilistas y expertos en tráfico, tal reducción, lejos de conseguir un menor consumo energético, redundaría en el aumento de los atascos, con el consiguiente gasto energético, económico y de la paciencia de los sufridos consumidores. Parece que nos han metido en el túnel del tiempo. De un tiempo mucho peor: el del racionamiento de posguerra, cuando los gobiernos franquistas decretaron que el plato de “huevos fritos” debía reducirse a “un huevo”.

La energía eólica y la solar son dos soluciones más. Limpias y futuristas, pero, hoy por hoy, caras e insuficientes. Por eso, casi toda Europa se decanta por la energía nuclear. Ha pasado ya mucho tiempo desde la criminal incompetencia soviética de Chernobyl. Las centrales de nueva generación han progresado considerablemente en eficiencia, seguridad y manejo de residuos. Alemania, país donde más contestación interna había en torno a esta materia, ya se está replanteando su moratoria nuclear. Científicos de toda Europa aconsejan una energía que, a día de hoy, es algo más que una alternativa. Los ecologistas más serios y más preocupados por el cambio climático la consideran una necesidad perentoria. Mientras, en España, Zapatero oculta el debate y prefiere decantarse por el “cheque bombillas” de bajo consumo y comprar la energía –nuclear- francesa. Décadas atrás, España estuvo en la vanguardia nuclear. Desgraciadamente, llevamos años de retraso en alternativas que no pueden improvisarse. Pasará como el agua de Barcelona: se apagará la luz o se encarecerá exponencialmente. Gestos y visajes mediáticos de nuestro mejor reparto político no obrarán el milagro de convertir encuestas en electricidad. Todas las medidas de ahorro y sustitución de energía fósil propuestas por el Gobierno pueden ser acertadas e incluso aplaudidas. Pero son insuficientes. Todos lo sabemos. Incluido el PP, aunque calle. Y lo peor es la actitud ante – y el enfoque de- el problema: ocultista y mojigata; el prejuicio fetichista, en lugar del análisis científico; la imagen mediática y engañosa, frente al debate racional; malabarismo semántico y eufemismo, para evitar que la palabra maldita quiebre el tabú religioso de la tribu ecologista. Voltaire no lo hubiera dudado ante un espectáculo intelectual tan patético: escolasticismo reaccionario y superstición frente a ciencia y razón. Ante el problema de la energía, el gobierno se quita la corbata y nos regala un par de bombillas. Bombillas. Ojalá a alguien se le encienda una que –como decían los ilustrados hace dos siglos- disipe con su luz “las sombras del prejuicio”.
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