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TRIBUNA

El imperio del miedo

lunes 13 de mayo de 2019, 20:15h

La política española es una mezcla de miedo y chulería, de provocar el pánico en los electores y de indiferencia ante la ciudadanía más desarrollada. Los partidos políticos meten el miedo en el cuerpo del electorado simplemente amenazando con la llegada de sus adversarios al poder. Todos anuncian el Apocalipsis, el fin de la historia, si ganan sus adversarios y enemigos. Se trata de perturbar el ánimo del elector hasta crearle una angustia, un miedo, que le impida pensar con claridad. El miedo, sí, es una perturbación angustiosa del ánimo por un peligro real o imaginario que nos impide, o peor, bloquea cualquier decisión mínimamente racional. El miedo creado por la agitación y propaganda de los actores políticos es solo comparable en perversidad a la actuación de los medios de comunicación. Ningún actor político deja de meternos miedo. El miedo está en todas partes. El poderoso mete miedo. Las leyes meten miedo. Los políticos provocan miedo. El miedo es la base del poder.

¿Cómo superar los miedos? Distinguiéndolos. O distinguimos los miedos o los sufrimos. Vivir con miedo es fácil, muy fácil, basta culpar a otros de nuestros temores. Pensar es difícil, costoso y trabajoso; resulta más fácil, barato y perezoso culpar a los otros de nuestros miedos. Y, precisamente, porque el pensamiento es inexistente el miedo impera por todas partes. También son inexistentes las políticas menos malas, o sea, comprometerse a hacer política con el enemigo y adversario; así el PSOE y C´s trazan “cinturones sanitarios” con Vox; así C´s se niega a pactar con el PSOE; así el PP se niega a abstenerse para votar la investidura de Sánchez; así, en fin, prima en todos los partidos políticos el ánimo de excluir a los otros provocando miedo y temor… Odio. Son las “políticas” del odio el factor clave de que impere el miedo en nuestra sociedad.

¿Cómo minimizar ese odio grupal a través de iniciativas sociales y planes institucionales? Se me ocurren cien ideas, pero todas pasan por el cambio de los medios de comunicación y, sobre todo, por la transformación democrática de los principales actores del debate político: los partidos políticos. Sin esos cambios no parece que sea fácil calmar los miedos y hacer política, o sea, un permanente diálogo, siempre necesario, entre los enemigos y adversarios para alcanzar bienes en común. Mil políticas públicas, en efecto, podrían promocionarse desde las instituciones para desarrollar la democracia, pero, según la actitud cerril de los partidos políticos, me temo que los ciudadanos cada vez más se vuelvan indiferentes a la verdad y se queden fácilmente enquistados en las políticas del miedo. Mientras que mantengamos que la culpa de todos nuestros males la tienen los otros, no habrá política digna de tal nombre. O sea una política menos mala.

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