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Sangran las espuelas de Samuel Isaac

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
viernes 17 de mayo de 2019, 20:27h

El Premio Nacional de Poesía Joven Félix Grande (Universidad Popular José Hierro del Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes) es el mejor referente para saber los versos jóvenes que vienen para quedarse. Samuel Isaac R.R. (Asturias, 1996) ha sido el ganador de la última edición correspondiente a este año 2019: Islas a la deriva (Colección Literaria Universidad Popular). Luis Alberto de Cuenca ha sido contundente: “Es una obra redonda, muy poderosa en su planteamiento lingüístico y emocional”. Ignacio Elguero no se ha quedado atrás: “Aparte del punto de vista formal, rompe la métrica tradicional sin perder el ritmo, lo que es una hazaña, y su hondura reflexiva parece provenir de sus estudios filosóficos, donde el centro del mundo es ocupado por el ser humano pero también por las innovaciones del lenguaje en una huida de la retórica y exposición de la literatura como juego”. Juan Carlos Mestre ha dado en la diana: “Es un paisaje deconstructivo de la escritura al modo indagatorio”. La concejal de Cultura, Miriam Pérez, no se ha quedado a la zaga: “Vive cerca del mar, como todo asturiano, y el mar es siempre incertidumbre, naturaleza inspiradora y cuestionada, unido a sus estudios filosóficos y su carácter, a juzgar por los textos, de persona inquieta”. Los cuatro miembros del jurado, boquiabiertos, ante una edición donde se presentaron 128 títulos (123 en digital, 5 en papel).

Samuel Isaac R.R. –tal y como firma; Ruibal Rosón los apellidos- es el último rupturista de la literatura y poesía española. Viene de las vanguardias, su obra tiene vocación no solo extranjera sino extranjerizante, a la manera de Leopoldo María Panero, ha fundado el colectivo artístico de irreverentes Bau Bau, su filosofía viaja de la Universidad de Oviedo a la de Nottingham, y no hay clemencia en sus versos ni paz en sus espuelas, a todas horas escupiendo sangre y puro oro. Voluntad hermética pero no menos simbolista, el poema es disparo y susto pero sin un solo interrogante, el filo de la cuchilla que afirma y rasga. Narciso frente al espejo, Eco fuera del paisaje, Brutus acuchillando a su cómplice, la amada en una cucharilla de ámbar, el tiempo exacto del poema no es el histórico y sí el de la vida. Samuel Isaac, trufado de blancos y espacios extraños en la caligrafía -ese “paisaje deconstructivo” del que habla Mestre- tiene algo de Apollinaire en Caligramas, del primer dadá de Zúrich, de una relojería letal –como él mismo da cuenta- donde la intuición es pánico y una rosa siempre envejece cerca. Aroma a clásico centroeuropeo, odres viejos en vino nuevo, insolencia y desplante, siempre hogar cavernario alrededor del fuego de una herida minuciosa, pensamiento que es acción donde la luz ciega por su frescura y el fragor de la náusea al echar el vómito hacia arriba por encima de sí al levantar el gesto.

Islas a la deriva –lo dice en alguna parte- es la obra de un huésped. Su lucha es joven (decepción familiar o amorosa, lo inútil de los esfuerzos, persecución de mil y una sombras al crepitar de las antorchas, deudos y recuerdos como prisiones) pero sus mismos arrestos es la hoguera de todas las tradiciones que inflama sin explicitarlas. Vanguardia y seísmo, oleaje nuevo y radiante en la playa de las letras, lealtad y traición por episodios como en la mejor saga nórdica, carne y profecía, tiempo siempre y nubes en extinción. Poesía, en un modo muy sutil, surrealista, pero todavía más de la memoria, a la manera de los escritos de Zambrano o Valente. Cosmopolitismo de la destrucción y el pensamiento (Derrida, Deleuze, Lacan, Artaud, etc) pero también la cólera misma de aniquilación frente a lo escrito. Amantes, entre las llamas y su danza, abrasados como luciérnagas. Uno de sus poemas –Cuando alguien te finge- podría ser una poética donde habla de ser jeroglífico en un idioma aún no escrito o conocido. En toda su obra hay la masacre de la fuga frente al verdugo mismo que viene pisándole los talones. Ruibal Rosón –Samuel Isaac R.R.- es matemática demente pero mucho más carnavalada y multitud, impostación de voces, los festines del bebedor de océanos, conceptualismo y sangre, daño y autopsia siempre en la mesa de operaciones del texto, aún después de la abundante sangría. La ira no se aplaca –ni aún con lira, como en otro poema- y brilla y espeluzna un saldo de cuentas, un duelo donde la espina celebra y define a la rosa, esa extrañeza de construcción de simulacros cercanos a los explosivos. Sus poemas son huellas dactilares pero también videoclips, imagen sobre imagen, y la arquitectura plena y temblorosa de un mundo heroico aún en la derrota donde la gesta del héroe es supervivencia y amor. En otro de sus poemas a título de poética –Acto y expresión- habla de atravesar el sueño, del relámpago del sueño concebido como sorpresa, siempre allí la verdad del encuentro frente a la mentira onírica. Singular, atrevido, raro, violento, hechizado… sus poemas salen de manos tuertas y manzanas podridas, ruidos cómplices y espejos en su susurro, lunas asustadas y riesgo en las mejores horas: “Fresca le ofrezco la leche al gato del cementerio”. Videncia absoluta la deriva de Samuel Isaac en Islas a la deriva, además de orfebrería clásica y ese tesoro incalculable del que hoy escribe desde una tradición específica.

Premio de Poesía Joven Félix Grande del Excelentísimo Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes, auténtica flor de cuño de la nueva poesía española, certamen ajeno a nepotismos y capillitas, valor y honor puestos en limpio por un jurado riguroso e imparcial, ajeno a miserias y negocios propios. Recordemos nombres de sus últimas ediciones en sentido cronológicamente descendiente: Mario García Obrero (Carpintería de armónicos), Enrique Morales (Interregno), Alberto Guirao (Los mejores días pensados), Óscar Díaz (Rosa hermética), Lucía Boscá (Ruidos), Carlos Bueno Vera (Lo lavado y lo barrido), Jacob Lorenzo Sánchez (La señal), Ben Clark (La mezcla confusa), Andrés Catalán (Composiciones de lugar), Ángel Segovia (¿Te duele?), José Iván Suárez (Gnomon), María Salgado (Ferias), Francisco José Martínez Morán (Variadas posiciones del amante), Óscar Aguado (Yo fui el ángel negro que escribió La Biblia), etc. Juventud –como quería Tierno Galván-: la edad de todas las posibilidades. Lo que conocemos como periferia (San Sebastián de Los Reyes) es otro mágico centro. Vuelve la poesía como arma cargada de futuro –a la manera de Celaya- a hablarnos al oído, y de ese susurro, vagido donde hay que apartar demasiado ruido y hojarasca, nace este edificio o estatua levantada en todas las letras anteriores. Poemarios con los que volver a ser joven sin apartarse jamás de ese fuego, hoguera privilegiada, donde la palabra construye un mundo insólito, también inédito, para que la vida obedezca. ¡No se lo pierdan!

Diego Medrano

Escritor

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