El emblema español, guerrero, arrolló a Novak Djokovic (6-0, 4-6 y 6-1) para estrenar su palmarés en 2019 y llegar lanzado a Roland Garros.
La final del Masters 1.000 de Roma, que tuvo lugar este domingo, acogió un capítulo más de la rivalidad más prologada de la historia del tenis. Rafael Nadal y Novak Djokovic jugarían por el título en la pista central abarrotada del Foro Itálico. Y se presentaron ambos en el mejor punto de forma de sus respectivas temporadas, tanto física como mentalmente. La plenitud de tenis y confianza les catapultaron hasta la batalla por la gloria en la capital italiana, sometiendo a los rivales que se les fueron cruzando por el camino.
El español arribó a la jornada dominical después de abrasar a Jeremy Chardy y Nikoloz Basilashvili en la maratón del jueves. En cuartos de final doblegó con claridad a Fernando Verdasco (que había eliminado a Dominic Thiem) y en las semifinales se vengó, con maestría, de Stefanos Tsitsipas (que se había beneficiado de la lesión de Roger Federer). Sin embargo, el serbio se dejó más energías en su recorrido. Superó con nota el doble partido inicial, pero en cuartos batalló contra Juan Martín Del Potro (durante más de tres horas y acabando a la una de la madrugada) y en semis lidió ante Schwartzman. Con todo, el fuelle amenazaba con condicionar el partido por el trofeo.
Aseguró Nadal, toda vez que apeó al jugador que le eliminó en la Caja Mágica, que "para mí lo más importante, más allá de ganar o perder, es competir bien y tener la oportunidad de jugar otro partido que me dé la sensación de que sigo avanzando". Tiene en mente Rolamd Garros. Y de 'Nole' aseguró que "todos sabemos lo que es Djokovic, un rival de máxima dificultad, viene de ganar en Madrid, estará con confianza. El viernes jugó un gran partido, veremos lo que sucede el domingo. Espero estar preparado para competir bien".
Lo estaría. De hecho, parecería que el zurdo legendario se preparó tanto que saltó a la tierra batida de busca de una catarsis. Había perdido en las semifinales de Montecarloo, Conde de Godó y Madrid y, en consecuencia, no había ganado todavía en 2019. Pues bien, su puesta en escena en el set inicial ante el tenista de Belgrado resultó arroladora. Le metió un 6-0 en 39 minutos. Variando alturas y velocidades en los golpes, con mucha más chispa en defensa y agresividad en ataque. El balcánico pretendía puntos cortos, para no acusar el desgaste, y le sobrevino un vendaval.
Rafael reprodujo la salia de vestuarios volcánica que trazó ante Tsitsipas y rompió tres veces el saque de su ilustre oponente. Inaugurando la relación de sets en blanco en los enfrentamientos que ha mantenido ante Djokovic -nunca antes uno de los dos colosos le asestó un rosco a su némesis en 53 duelos-. Ya había dibujado semejante resultado tres veces Nadal en este campeonato -ante Chardy, Verdasco y Basilashvili-, mas no en este escenario de altura. La exigencia rígica e impía planteada al serbio le sacó de eje.
"Es uno de los más grandes campeones que este deporte ha visto. Su mentalidad, su actitud, su capacidad de luchar y volver tras una larga ausencia del 'tour' por las lesiones, operaciones y todo lo que le pasó. Sigue mostrando al mundo por qué es una de las leyendas más grandes de la historia del tenis. Cada vez que jugamos es un desafío, el desafío más complicado", había analizado 'Nole' en la previa de la final. Pero esa admiración por el manacorí no le conduciría a la resignación. Para nada.
El número 1 de la ATP volvió a la pista y comenzó el segundo set con un juego en blanco al saque -con tres aces, en su primer servicio ganado del día-. Y con 2-1 gozó de la primera oportunidad de break, aunque Rafael se revolvió con clase y salió el atolladero. Había elevado sus revoluciones el balcánico y volvería a embocar otro juego en blanco. En ningún caso se dejaría ir y ser barrido antes del Grand Slam parisino. Eso sí, el español no aflojaría y mantuvo su estudiado y exitoso guión de versatilidad en el golpeo. La ejecución de su hoja de ruta se desnudó tan apurada que atisbaba su noveno título romano con rapidez.Ye le devolvería a su contrincante un 40-0, para el 3-3 en el parcial determinante.
Con la presión sobre sus hombros, Djokovic consiguió que el revés brillara más puntiagudo y que la pelota corriera en su derecha. Ascendió varios peldaños su ambición y constriñó al zurdo a defender. El problema para el serbio es que el balear se mostraría impenetrable en fase de achique. Veloz en el desplazamiento, energético y en un esfuerzo pegajoso, obligaba al ganador de cuatro títulos en Roma a tener que vencer cada punto varias veces. Y el físico de Novak no estaba para esos trotes. En el séptimo juego cedió un 0-40 el de Belgrado. Era el momento clave. Y huyó del entuerto aferrándose al saque -dos aces-, levantando tres bolas de break.
El nivel de juego global había ascendido, pero la irregularidad sería jurisdicción del balcánico, que resbalaba con error no forzados ante las ventanas de oportunidad que amanecían. Aguantó Nadal en su cauce, concentrado, y no permitió que las dudas le asaltaran. A pesar de la multipliciación de golpes ganadores de su oponente. Fruto de ello, empujó al balcánico a sacar a relucir su talento para eludir nuevas bolas de rotura. En cambio, los chispazos de 'Nole' no eran sostenidos en este intervalo sublime del que sobrevivía apoyado en el servicio. Esta artimañana poco habitual en tierra representó su particular salvavidas.
Correría el evento con mucho sudor e intensidad, desprovisto de breaks, complicando cada serie de saque. Hasta que el serbio se escurrió entre su guadianesco tenis y amortizó una bola de rotura en el décimo juego. Un mal revés y una dejada fallida -la enésima- se concatenaron con un resto formidable -síntesis del discurrir de Novak- para sellar el 6-4 que disparaba la temperatura en la tribuna, y la tensión en la pista. Se reinciaba la final con más de una hora y media de esfuerzo en las piernas. Sin haber sufrido un desplome en su desempeño, el español se sorprendrió en la necesidad de exprimirse más. De volver a bajar el ritmo de los puntos y subir su iniciaitva.
Y cuando la determinación y vehemencia correspondían a Djokovic, el español pescó un break doloroso en el primer juego del tercer set. La flaqueza en el revés y en la suerte de la dejada y la volea abocaron al balcánico a una frustración que devino en la fractura de su raqueta. Frustrado, no afilaría su resto y una dejada flácida le condenaría al 2-0 en contra. Yacía orgulloso pero arrinconado el tenista vigente campeón del Abierto de Australia, y reaccionaría con precipitación -acuciado por el cansancio-, mas tocando líneas, salvando una pelota de ruptura y huyendo hacia adelante (sellando el 2-1 en lugar del 3-0).
Cruzadas las dos horas de juego, a Rafael sólo le hacía falta seguir moviendo a su contrincante para que cayera de maduro. Limitando sus imprecisiones y su impaciencia. Así gestionaría con comodidad su distancia en el set, sembrnao fallos en el rival, producto de la discreta reserva de gasolina que le quedaba al serbio. Rubricaría otro break para el 4-1, evidenciando una frescura muy superior al número 1 del mundo. Al límite, Novak no llegó a las coberturas para frenar el respingo postrero de un Nadal en crecimiento, jerárquico, que se proclamó campeón con un break y una fortaleza mental soberbia (6-1).
"Rafa ha sido demasiado fuerte hoy, felicitaciones a él y a su equipo. Yo al final pude ganar un set, y espero que el público haya disfrutado de un buen partido. Como siempre Roma me da muchas emociones, gracias por el apoyo", afirmaría, resignado, Novak Djokovic. Durante la entrega de trofeos, el puntero de la ATP se refirió de manera cariñosa con un tenista que ganó el trofeo italiano catorce años después de la primera vez -cuando, en 2005, derribó a Guillermo Coria-.
Nadal, en su caso, agradeció al público y a su rival lo vivido este domingo. "Primero felicitaciones a Novak por su carrera y por la temporada que está haciendo. Enhorabuena por Madrid y suerte para París la próxima semana. Para mí es una semana increíble, la ciudad es una de las mejores del mundo", expuso. Y admitió que "es un honor, siempre me acuerdo de la primera vez que vine aquí en 2005 y muchos años después volver a ganar esta copa significa mucho. Gracias". "Ganar un título es importante, pero lo más importante es sentirme competitivo. Luego, si tengo este nivel, sé que tengo mis opciones. Fue un gran partido, jugué bien y ahora disfruto", sentenció el principal favorito para ganar el inminente Grand Slam francés.