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TRIBUNA

Simiente de rábanos

Juan José Vijuesca
miércoles 29 de mayo de 2019, 19:55h

Advierto que este artículo puede herir la sensibilidad de mis lectores, incluso pudiera contener trazas de mal gusto; pero en los tiempos presentes la actualidad es un órgano que ni siente ni padece.

El chamán cuando soltó aquello de “más de uno, para simiente de rábanos” estaba dando en una diana a años luz de distancia. Hoy nos viene el refrendo cuando me entero que el Estado de Washington ha legalizado el uso de cadáveres humanos como abono. Dicho en román paladino: convertidos en tierra fértil o compost.

Me van a permitir, aún a riesgo de granjearme enemistades literarias, que no guarde rencor a cuantos puedan afear mi sentido del humor; pero si al final de mi ejercicio humano me convierten en vegetal, quiero apostillar cuales son mis preferencias. En esta vida presencial odio las coles de Bruselas, quede claro. Del resto de productos de la huerta, si mi simiente es fértil para cubrir las necesidades de otros, entonces prefiero hacerlo como tomate Raf. No me tomen ustedes por un sibarita, pero al decir de mi adorable madre: “a buen sabor, mejor color” (Refiere al que bien alimentado, mejor cutis muestra), comprobarán lo importante que resulta eso de mantener la buena calidad de la cadena alimentaria. Por lo tanto, si hay calidad, hay buen rollo.

Vengo desde hace tiempo insistiendo en que somos lo que comemos. Ya sé que el etiquetado de los productos nos da una idea aproximada del supuesto origen del alimento en cuestión. Comida o bebida viene a ser algo presunto. No teman por desconocer a quienes nos estemos comiendo o bebiendo, lo más importante es formar parte del proceso de supervivencia. Todos sabemos que la calidad del medio ambiente es nefasta. La Tierra ha alcanzado hoy niveles de CO2 nunca vistos en varios millones de años ¿y acaso creen ustedes que eso nos importa? Nada de eso. Hoy convivimos con el deterioro porque nos seduce el reto del no compromiso hacia nada ni nadie, por eso cohabitamos con parecidos plásticos, parecidos vertidos e idéntica mano del hombre allá donde estemos o vayamos. De manera que en esa especie de rotación sobre nosotros mismos siempre regresamos al lugar de nuestros orígenes. ¿Por qué? --se preguntaran-, sencillamente porque somos pura materia.

Como sabrán, la materia nos ata al mundo, por eso se opta a la recomposición de todo aquello que siendo materia puede ser aprovechada para mantener la cadena de la especie humana. Morir, nacer y alimentarse para volver a morir no es otra cosa que una cuestión de energía. El gobernador de Washington ha manifestado que si todos los residentes de la ciudad optaran por la recomposición tras la muerte, se salvarían más de medio millón de toneladas métricas de CO2 en tan sólo 10 años. Como podrán comprobar nuestra vida después de la muerte sirve para salvar la de otros, no solo en lo referido al medio ambiente, sino que optando por convertir nuestro cuerpo en compost humano para fertilizar la tierra volvemos a estar de actualidad, eso sí, bien en forma de tomate, zanahoria, calabacín o en el famoso rábano de marras.

Si tienen ocasión vean la película “Soylent Green” (en español: “Cuando el destino nos alcance”. No es la primera vez que aconsejo este film de 1973 dirigido por Richard Fleischer. Un futuro distópico que a día de hoy, 46 años después, ya nos representaba en el salto atemporal de lo que hoy conocemos como presente. Temas tan gravosos como lo son la muerte digna, la eutanasia y ahora el de poder elegir destino para convertirse en tierra fértil nos han hecho viajar en el tiempo sin habernos movido del sitio. Es lo que tiene el futuro cuando lo único que nos seduce es el envoltorio al igual que las cosas materiales; ya saben, todo aquello que disfraza nuestros muchos defectos y que por desgracia para nosotros mismos no son biodegradables.

En fin, disculpen si este mi artículo les produce apnea del sueño o alteraciones psicosomáticas; pero es que hoy somos materia con forma humana y mañana es posible que alguien nos lleve…… al huerto.

PD. Véanlo como otra manera de interpretar lo de la semillita y de dónde venimos y a dónde vamos.

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