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LETRAS DESDE MÉXICO

¡Ave Caesar, morituri te salutant!

viernes 31 de mayo de 2019, 20:13h

Como si a este país le faltaran motivos de violencia, ahora el Señor Presidente ha emprendido una campaña violenta contra la prensa, a la cual ya no sólo llama “fifí” cuando se pronuncia contra sus proletarios pronunciamientos, sino “hampa del periodismo” cuando lleva más arriba sus señalamientos críticos.

Y en lugar de censurarla directamente, se ha propuesto desprestigiarla a diestra y siniestra, con motivo del gasto publicitario, para empresas y plataformas de internet, propiedad de algunos columnistas, quienes han convertido su firma en marca; con inserciones provenientes del propio gobierno, y en las cuales se anuncian obras, campañas de salud, calendarios escolares y asuntos de esa naturaleza.

Pero esos señalamientos, parciales y personalizados, tienen una consecuencia, la cual bien podría ser explicada así:

La denuncia ejecutiva sobre el hampa periodística, seguramente hija, o pariente al menos, de la “Mafia del poder”, fue una advertencia, pero también una amenaza.

¿O es nada más el anuncio de los tiempos por venir?

No se sabe hasta ahora, pero cuando el inmenso poder presidencial pone el índice de fuego sobre un grupo de periodistas participantes en empresas de divulgación o comunicación (contratadas con todos los requisitos legales, con fianzas, facturas y pago de impuestos y demás obligaciones), y los expone al ludibrio fanático de seguidores incondicionales y prestos al linchamiento (al menos en los medios digitales), la imagen del emperador con el pulgar al suelo, es inevitable.

Lo siguiente será decirle al poderoso del palacio:

«Ave, Caesar morituri te salutant»

No importa ya si después de la peligrosa amenaza (superior a aquella de buen comportamiento), viene una explicación entre el disimulo y el cinismo:

Lo imborrable es el uso de la información para estigmatizar a quienes no se han sumado al coro del elogio y la salmodia del entusiasmo:

“…es propaganda, es para afectarnos. Ya ven cómo es el hampa del periodismo, no todos desde luego, no todos, no, no, no, pero en el hampa del periodismo se usa mucho que la calumnia cuando no mancha, tizna”.

Pero la mefítica venganza ejercida ventajosa y desproporcionadamente por el Señor Presidente, cuya voz suele ser mandato para la turba impaciente por soltar la jauría o cazar a las brujas, ya está aquí, por encima de cualquier disimulo posterior.

Y frente a eso no se puede hacer nada. En este país han asesinado, durante este gobierno, a siete colegas de distinta estatura profesional, para no hablar de los cadáveres más viejos. Y habrá más en el horizonte.

En lugar de encender hogueras de leña verde, el gobierno debería aclarar las decenas de casos de asesinados del gremio a quienes se les ha negado la justicia. A ellos y sus familiares.

Todas esas instituciones y organizaciones juntas no tienen ni la millonésima parte del poder persuasivo de la palabra presidencial cuando estimula a sus devotos en contra de quienes no lo son o a quienes presenta como tales y estigmatiza como hampones por la venta registrada de un servicio, tramposamente presentada como un beneficio exclusivamente personal e ilegal, aunque en el discurso se diga lo contrario, como ocurrió en la mañanera del viernes.

Sin embargo, todo esto me parece lógico. El endurecimiento de los gobiernos es directa e inversamente proporcional a sus éxitos. Y aquí se agudiza la intolerancia. Por algo será.

Quienes ya tenemos algunas lunas en el oficio, (en mi caso nada más medio siglo), no podemos, ni sabemos, ni queremos hacer otra cosa. Al menos yo seguiré en lo mío, con la simpatía o el odio del gobierno.

No importa si me incluyen en la nómina del hampa del periodismo.

A fin de cuentas, como me dijo tantas veces mi padrino de boda, Manuel Buendía: los periodistas somos una especie inextinguible.

Y mira quién. Buendía fue asesinado hace 35 años.

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