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AUTOMOVILISMO

Fórmula Uno. Sufrir "problemas mentales" y "tocar fondo", según Lewis Hamilton

miércoles 05 de junio de 2019, 19:33h

Lewis Hamilton se derrumbó el pasado 20 de mayo. Aquel día falleció Niki Lauda, el afamado piloto que ejerció como su mentor cuando le fichó Mercedes. La leyenda aceleró el proceso de familiaridad del británico con el monoplaza, con los ingenieros y con la lógica de trabajo de la escudería alemana. Y el fruto de ese trabajo del austríaco desembocó en el crecimiento como piloto que ha experimentado un Hamilton que está aposentado ya en la historia de la Fórmula Uno y no aparenta tener un rival que le saque de la batalla que mantiene contra los récords que le quedan por batir.

Días después del deceso de Lauda, firmó la 'pole' en el Gran Premio de Mónaco y ganó la carrera, afianzando su liderato en el Mundial. Y acudió al funeral y entierro de su sobrevenido guía en Viena. Allí se le vio afligido, superado por las emociones que se le aglutinaron en el espíritu. En la rueda de prensa previa y posterior al evento monegasco ya había adelantado la profundidad de los sentimientos que habían germinado para con Niki. Y fue coherente con es ese sentir.

Ahora que se encuentra en un parón del calendario, antes de viajar hacia el Gran Premio de Canadá, que tendrá lugar este fin de semana próximo, ha sido publicada una entrevista que concedió al presentador estadounidense David Letterman. Este conductor de programas de éxito, que se jubiló de la cima de los shows de entretenimiento nocturno de máxima audiencia hace años, ha vuelto a través de una serie de charlas que acapara Netflix. El espacio está enfocado a rebuscar en el lado humano de referentes mundiales de todos los sectores y, como Letterman es aficionado al Indicar y propietario de un equipo, Hamilton se sintió como en casa.

Tanto que se abrió al público estadounidense desde un plano íntimo. El ganador de cinco Mundiales de Fórmula Uno, que se expresa con una confianza, seguridad en su potencial y suficiencia en los circuitos de todo el planeta abrió una ventana a sus inseguridades como ser humano. "Es un año muy duro. Mentalmente tienes momentos altos enormes, victorias y éxito, pero también bajones muy grandes. No lo he dicho mucho, pero a veces sufres problemas mentales, inestabilidades, y si tienes suerte puedes encontrar fortalezas cuando tocas fondo. Esto consiste en cómo levantarse, no en cómo caes", confesó.

En este programa pasarían también a tratar la relación con su padre, Anthony Hamilton. "Mi padre no sabía qué hacer conmigo cuando era niño, así que empezamos a pilotar coches tele-dirigidos. Y ahí empezó todo. Con ocho años estaba en un kart. Me di cuenta que era bueno en algo. En eso. Y mi padre se dio cuenta también, así que me apoyó. Es un deporte muy caro, así que mi padre tenía tres trabajos a la vez. Mis padres sacrificaron todo el dinero que habían ahorrado para invertir en mi carrera. No puedo entender cómo lo hicieron", reflexionó el exitoso piloto.

Mas también saldría sobre la mesa el peor momento de la relación que mantiene con su progenitor: cuando en 2010 decidió que dejara de ser su representante. Su padre le había enseñado a pilotar, a llevar su carrera, a pesar de no tener ninguna formación. "Definitivamente, no fue decisión mía. Desde los ocho años habíamos tenido esa relación de padre-hijo en las carreras, con un 'ten cuidado, te quiero' y un apretón de manos antes de cada una", reconoció Anthony.

Y explicó, con tono apesadumbrado, que tras aquella decisión, por la que se alejaba de la unión que había tenido con su hijo durante décadas, "no nos hablamos durante ese año y el siguiente. Mucho tiempo". "Ahora lo veo y creo que lo hizo por cuidarse a sí mismo. No digo que él me rompiera el corazón, pero mi corazón estaba roto. Probablemente se estaba buscando a sí mismo. Era un momento que sabes que tiene que llegar", concluyó Anthony Hamilton, el arquitecto del despegue de Lewis desde el 'karting' hasta su fichaje por McLaren.

La conversación avanzaría hasta comentar que "nunca lo he considerado o pensado, tener miedo en la pista. Me encanta correr, soy un yonki de la adrenalina. Lo respeto, pero eso es lo emocionante, si no hubiera peligro no lo haríamos". "¿Victorias? No lo sé. ¿Cinco títulos? Sí, eso sí lo sé", presumió, asumiendo el papel ególatra que le gusta cultivar en público. Y amplió su visión de las carreras: "Podría dejarlo ahora, pero siento que estaría desperdiciándolo todo, mi crecimiento. Puedo continuar mejorando y apretando. Voy a seguir todo el tiempo que sea posible, hasta que no disfrute. Estoy obsesionado con ganar. Es lo que me mueve y creo que la gente contra la que compito no tiene ese fuego".

Su contrato finaliza en 2020, pero no contempa dejarlo en un horizonte lejano ni de medio plazo. "Schumacher se retiró con 38 años, yo tengo 33. Estoy convencido de que puedo seguir cinco años. Me encuentro decidido a ganar", proclamó, para despedirse de un acercamiento de su faceta personal a la audencia mundial. En una charla en la que confesó que "no me gusta mucho conducir, así que no lo hago. Me encantan las carreras, eso sí, pero hay muchos conductores locos por la carretera". Y confirmó que una vez le paró la Policía de Londres por llevar la música del coche a tope. Le dijeron "pero quién te crees que eres, ¿Lewis Hamilton?". Era y es Lewis Hamilton.

Un ser humano que pilota los monoplazas como nadie en la actualidad y como muy pocos en la historia de la Fórmula Uno. Que debutó en el Mundial con un subcameponato, es el campeón más joven (hasta que Vettel le quitó esa gesta en 2010) y amontona plusmarcas en varios parámetros. Nadie le iguala en 'poles' (85) y sólo Michael Schumacher ha conseguido, como él, puntuar en todas las carreras del campeonato. La cima de Mundiales de 'Schumi' está a tiro y sólo Hamilton parece en condiciones de aspirar a escalar esa montaña otrora inalcanzable.

Y, además, es un ciudadano que hilvanó una amistad entrañable con Harry Shaw, un niño británico de cinco años que sufría un tipo de cáncer poco frecuente llamado 'el sarcoma de Ewing'. El menor murió el pasado sábado, más de un mes después del plazo de vida que le daba la medicina. En ese tiempo pudo conocer a su ídolo, el piloto de Mercedes. Con la inspiración del pequeño Hamilton ganó en Montmeló, le dedicó la victoria y le nombró su "ángel espiritual". Y le envió a su casa el trofeo de ganador del Gran Premio de España y una reproducción de su monoplaza oficial.

Al conocer la muerte de Harry, Lewis ha publicado el siguiente mensaje: "Harry, gracias por ser una luz tan positiva para todos nosotros. Eres muy valiente y el mundo te echará muchísimo de menos. Gracias, amigo e inspiración. Dios te bendiga y descansa en paz amiguito". La intervención del piloto inglés ha transformado a este niño en un referente para muchos menores que sufren cáncer y, por último, disparó hasta las 238.866 libras el programa de financiación cooperativa que lanzó la familia del pequeño para ayudar a la lucha contra dicha enfermedad.

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