En medio de la parafernalia política, en medio del aquelarre de los pactos, en medio de las piruetas de...
En medio de la parafernalia política, en medio del aquelarre de los pactos, en medio de las piruetas de tantos políticos ambiciosos de poder, el pueblo español, la opinión pública, manifiestan satisfacción por la normalidad constitucional que se arbitra y modera desde el palacio de la Zarzuela.
Con el ademán serio y la sonrisa en los labios, Felipe VI recibe uno a uno a todos los que en el Congreso de los Diputados representan democráticamente a sectores de la vida política española. Al Monarca corresponde proponer al Parlamento el nombre de quien tenga más probabilidades de formar Gobierno. Pedro Sánchez se impondrá, aunque, una vez propuesto, deberá negociar a fondo para no resultar revolcado. Las elecciones generales del 28-A han dejado un tablero político muy complicado que dificulta la gobernabilidad en España. Claro es que el Rey está consciente de la situación. Claro es también que debe proponer a quien tenga más probabilidades de formar Gobierno en primera o segunda vuelta.
Vale la pena, en todo caso, subrayar, en medio de tantas tensiones negativas, la normalidad constitucional con que se están produciendo en el palacio de la Zarzuela las consultas para la formación del nuevo Gobierno. Son varios los periódicos extranjeros que han subrayado la estabilidad democrática de España, que tanta tranquilidad inspira a los inversores extranjeros. El régimen de la Transición sigue funcionando y, a pesar de las tarascadas secesionistas, se mantiene firme y útil para el bien común del pueblo español. No está de más esta nota positiva entre tantos aspectos negativos que agobian a los españoles.