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AL PASO

La cuestión navarra

martes 11 de junio de 2019, 21:04h

A mi juicio, el asunto más delicado que se presenta en estos momentos de formación de gobiernos en España, descontado el que se refiere al poder central, es el de Navarra. Se trata, como se sabe, de decidir si, a la vista de los resultados electorales, ha de optarse por facilitar la formación de gobierno por parte de la coalición ganadora de las elecciones (Navarra Suma) o ha de animarse la formación de un ejecutivo presidido por el PSN y con la abstención de Bildu y el apoyo de Geroa Bai. Lo que pretende este comentario no es proponer una solución a la cuestión, sino ofrecer algunas consideraciones que puedan iluminar la dimensión auténtica del problema, y así, ayudar a su correcto planteamiento.

La dificultad de la cuestión navarra viene en nuestro sistema político de atrás. Baste pensar en la sutileza de su tratamiento constitucional: el acceso a la autonomía tiene lugar a partir del procedimiento especial de la vía foral, y la disposición transitoria cuarta de la Norma Fundamental contempla un mecanismo de incorporación de Navarra a la Comunidad Autónoma Vasca, ciertamente no como obligatorio, sino como posible, acompañado de la celebración de un referéndum al respecto. Insisto sobre la singularidad de este caso en nuestro orden constitucional, esto es, la peculiaridad del acceso de Navarra a la autonomía y la eventualidad, prevista, pero no recomendada y menos obligada, de su incorporación a la Comunidad Vasca. No tengo que decir que el tratamiento constitucional de Navarra, esto es, la valoración de la vía foral y su sensibilidad ante su dimensión vasca, me parecen una muestra extraordinaria de la inteligencia del constituyente y de la generación navarra de la transición que preparó la Ley de Amejoramiento.

La segunda consideración tiene que ver con la ponderación de la gravedad del momento presente, desde un punto de vista territorial. En este sentido evitar reforzar la pulsión nacionalista en Navarra parece sumamente prudente. Hay demasiados frentes abiertos en la escena política española y asegurar un gobierno constitucionalista en la Comunidad parece una opción razonable, si se tienen en cuenta los intereses del conjunto. Es cierto que, de este modo, se marginan las legítimas aspiraciones del Partido Socialista a liderar el gobierno de Navarra, pero lo cierto es que los resultados electorales del PSN no fueron rotundos de modo que no garantizan ni la estabilidad ni, menos aun, la homogeneidad del futuro gobierno.

En ese sentido como puede proclamarse el carácter progresista de la alternativa al gobierno de Suma Navarra. ¿De verdad es progresista un gobierno que se apoye en los nacionalistas, y especialmente en Bildu? ¿Es progresista el independentismo asumido o proclamado por las fuerzas nacionalistas navarras? ¿Qué tiene de progresista impugnar el modelo territorial autonómico y querer sustituirlo por un sistema confederal o que patrocina la independencia de sus integrantes? La implosión recomendada del sistema autonómico, mas bien parece un planteamiento reaccionario, insolidario e inasumible desde las demandas de integración, que necesita una Europa cada vez más fuerte, necesariamente asentada en estados firmes, y así acceder a un horizonte de globalización, en el que competir con mayores garantías de éxito.

Por lo demás hay que señalar, yendo al fondo, que el proyecto nacionalista para Navarra seguramente es una vía equivocada. Así lo creyó José Miguel de Azaola, que operaba por otra parte desde inequívocos planteamientos vasquistas. Su Vasconia (el País Vasco Navarro o Euskalerria) está integrada por las cuatro provincias españolas y las tres francesas. Pero, según Azaola, el hecho de que el País Vasco sea una unidad coherente en lo cultural a pesar de su variedad, no quiere decir que esto tenga una correspondencia política. Incluso es inconveniente que tenga una correspondencia política. Hay unidades culturales –dice él- que atienden a diversos Estados, y, al contrario, diversos Estados que asumen diferentes coberturas políticas. Se supera así la ecuación típica del pensamiento nacionalista, entre base territorial homogénea, y estructura o superestructura política privativa. “Una familia étnica o lingüística puede poseer excelentes razones para desdoblarse en varias entidades políticas, lo mismo que varias familias de esa clase pueden tener muy buenos motivos para formar una sólo entidad política”. Y remata Azaola: “si nada me es más ajeno que la idea de una España monolítica, nada tampoco me es más extraño que la idea de una Vasconia monolítica”.

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