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HIPERANDROGENISMO

Semenya gana otra batalla en plena guerra judicial contra la cúpula del atletismo

miércoles 12 de junio de 2019, 19:12h
Volvió a competir y ganó en los 2.000 metros de la reunión de Montreuil, Francia.

Caster Semenya es una atleta sudafricana de 28 años. En su palmarés cuenta con dos oros olímpicos (800 metros en Londres 2012 y en Río 2016) y con tres Mundiales (800 metros en Berlín 2009, Daegu 2011 y Londres 2017). Pero, sobre todo, es un caso que puede cambiar para siempre la concepción biológica del atletismo. Porque su anatomía se caracteriza por tener elevados niveles de testosterona. Unos registros que la han convertido en una deportista bajo sospecha. Sus triunfos en las pistas son ya una mínima parte de su legado si gana en los tribunales.

Tanto que la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) ha venido estudiando el caso y ha trazado un nuevo reglamento que impediría a esta atleta competir en las disciplinas femeninas. Por el mero hecho de haber nacido con hiperandrogenismo. Porque sus anormales parámetros de testosterona no son producto de un tratamiento dopante prolongado. Ni mucho menos. Es, simple y llanamente, su constitución biológica. Esa que la catapulta en las carreras si le permiten correr en el profesionalismo.

La batalla que mantiene la cúpula gestora del atletismo internacional contra ella se está estirando durante un puñado de años y ha desembocado en el anuncio realizado por la IAAF en 2018. En esa publicación proclamó el organismo que iba a limitar la participación en pruebas nacionales e internacionales a mujeres con hiperandrogenismo a las pruebas femeninas de entre los 400 metros y los 1.500 metros. Esto es, ibana sacar de competición a la sudafricana.

La nueva normativa entraría en vigor en 2019, pero Sudáfrica entera y el equipo de abogados de la atleta han pujado en los tribunales para frenar el proceso. Y el lunes pasado lograron que el Tribunal Federal Supremo de Suiza les diera la razón, ordenando que se suspendiera la nueva regulación de manera inmediata. Así lo anunció la defensa de Semenya desde Lausana, sede del tribunal. Lo hizo vía comunidado, especificando que la bicampeona olímpica y tricampeona mundial podría competir sin restricciones.

La propia deportista compartió en la nota su agradecimiento a los jueces suizos y proclamó su convicción en que "tras esta apelación pueda nuevamente correr con libertad". Dorothee Schramm, jefa del equipo legal que la ha dado cobertura en su guerra contra la Federación Internacional de Atletismo, quiso aclarar que la sentencia mencionada, de junio de 2019, asegura la garantía de gozar de una "protección temporal" en un caso que tiene "implicaciones fundamentales para los derechos humanos de las atletas".

Este es el último capítulo de una maratón jurídica que tuvo en el pasado 1 de mayo uno punto de inflexión. Ese día el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) avaló las disposiciones de la IAAF en un veredicto que la atleta recurriría de inmediato. No era la primera vez que Semenya recurría esas normativas. Ya lo hizo en junio de 2018. Y no ha tenido fácil la senda, pues el organismo expone que las reglas pensadas buscan favorecer la igualdad en la competición y reducir las ventajas físicas que presentan atletas como la sudafricana. El hiperandrogenismo conlleva mayor masa muscular y fuerza si se entrena.

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A long walk.

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Pero el Tribunal Federal Supremo de Suiza le ha dado la razón a la atleta, contraviniendo la dinámica que estaba hilvanando el proceso. Es la guinda de una maniobra que ya llevó al organismo rector del atletismo mundial a confesar hace un mes que la normativa nueva era "discriminatoria". Eso sí, se defendía afirmando que esa discriminación era "un medio necesario, razonable y proporcionado para cumplir el objetivo de la IAAF de preservar la integridad del atletismo femenino en los eventos restringidos".

Sea como fuere, siete días después de la gran victoria legal en una batalla, que no en la guerra, Semenya volvió a competir. Lo hizo ganando con suficiencia en los 2.000 metros de la reunión de atletismo de Montreuil (Francia). Alzó los brazos, liberada, al cruzar la meta. Y tuvo que gestionar su ventaja, ya que venció por sólo 47 centésimas a Hawi Feysa, la primera de las tres etíopes que acabaron por detrás de la sudafricana. Firmó un crono de 5:28.19, nada resplandeciente. Mas el objetivo era sentirse atleta de élite de nuevo. Y lo logró. Aunque sepa que la historia continuará y su participación en los Juegos Olímpicos de Tokio sigue resultando una incógnita.

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