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TRIBUNA

¿Estamos ante una Tercera Guerra Mundial económica?

jueves 13 de junio de 2019, 20:30h

Whitman dijo:

…los últimos aniversarios, descubrimientos, invenciones,
sociedades, viejos y nuevos actores,
Mi comida, mi ropa, compañeros, miradas y deberes.

La indiferencia real o imaginada de alguien a quien quiero,
Mis dolencias o las de los míos, contrariedades, pérdidas o falta de dinero, abatimiento o exaltación,

Las batallas, el horror de la guerra entre hermanos, la ansiedad que no acaba de llegar, el suceso irremediable,

Todo esto me viene y se aleja de mí noche y día,
Pero no es mi Yo.

Las batallas, el horror de la guerra entre hermanos… A mí, lo digo porque intuyo que ya ha arribado el día de la ira -San Pablo, Carta a los Romanos, 2,5- me gustaría recluirme a puerta cerrada y, grabando la conversa con estos cultos latiniparlos que aman con odio el hecho de que sean nuestros amos, en los despachos de los Gobiernos y las organizaciones internacionales en esta aldea global en la que todas y todos estamos todavía -ah, la vitalidad del ser humano- celebrando aquel verso de León Felipe: “Un día, cuando el hombre sea libre, la política será una canción”.

Durante el ya añejo siglo XX hubo más muertes en las diferentes y murciélagas guerras tanto mundiales como este uñero que sale cuando el hombre se concede a sí mismo la celebración del egotismo, de la razón lechuza, del lenguaje hermafrodito para reanudar o continuar salvajemente prodigando la violencia moral y física al paso de los Eolos o Céfiros infectos, tras mi lenta e iracunda revisión del mañana que ya es hoy, doy por frontón moviendo hélices esta continuidad del nuevo milenio. Con sus horrores nunca acabados.

¿Alguien pone en duda lo hasta aquí dicho? Pues, si alguien duda, paleto de virtud o sublime ingenuidad le aguarda y por tanto le engaña. Digo que nos hallamos inmersos desde hace bastantes décadas en un nuevo conflicto a nivel mundial, pero esta vez -como siempre, por otro lado- de alto voltaje económico. La Economía es la moderna prostituta que da de comer a la Política.

Yo, al alba, releo, por si acaso, algunos versos del poeta E. A: “Contengo la respiración para poder sobrevivir / a este tiempo de grisú en el que ni los pájaros / son capaces de olvidar la tristeza que se acerca”.

Recuerdo ahora -siempre después de la masturbación diaria después del café, coñac y puro- que, cuando leí Imperio de Hart y Negri ya canté para mi mundo por de dentro este sindiós en el que ahora -instalados con augur en la novelística a la par de 1984 y Un mundo feliz (Orwell/Huxley), más el cine de Kubrick y otros cines, digamos Metrópolis de Fritz Lang- regresa aquel fetichismo de la mercancía prologado por el judío Karl Marx: “La forma-valor del producto del trabajo es la forma más abstracta, pero también más general, de modo de producción burgués, que por ella queda caracterizado históricamente, como un tipo particular de producción social se pasa necesariamente por alto lo específico de la forma-valor, por lo tanto, de la forma de la mercancía, y de la del dinero, y de la del capital, etc., etc.” (Kapital I, cap. 1, subsección 4).

Hemos recalado en un cambio de lenguaje que nos conduce a una modificación ultramoderna de los términos. Aviso a navegantes, esto es, a los académicos de la RAE para una pronta modificación de la entrada en el diccionario de la palabra Política. Bórrese lo escrito y acéptese ésta mi sugerencia, que cae así: “Política: nombre. 1.- Dícese del compendio de dentro de la actual escenificación histórica de la Teoría Económica del Capital. 2.- Dícese de la postrera renovación de la concepción materialista de la Historia adaptada a las relaciones sociales de producción en defensa de un argumentario que nada tiene que ver con el bienestar de la ciudadanía. 3.- Y chimpún de la varita”.

No daré, para finalizar, todas las acepciones, análisis, reflexiones reiteradas y por tanto ya resabidas y alejadas de una realidad que pronostique una transformación real de los derechos y del buen vivir de la humanidad entera, pues para mí son ya -de tan repetidos- absurdos y algo gansos. Es -ustedes lo sabrán sabios y sabias que esto acaso leáis- lo que leemos diariamente en las diferentes formas de pensamiento crítico -o no- dentro del amplio abanico de lecturas a las que estamos hoy por hoy peligrosamente expuestos.

Creo que ustedes, doctores, catedráticos, historiadores, gentes del mundillo académico en general, supongo -y cito supongo- que ya intuyen a lo que me estoy refiriendo. Por tanto, con tal de no alienarme cual vasallo o clown dentro de este dinamismo perturbador, chancero y golondrino, acabo, de nuevo, con el viejo Whitman:

Soy el poeta del cuerpo y soy el poeta el alma
Sé de goces de cielo y de horrores de infierno.
Injerto los primeros a mi ser, los aumento, y dejo los segundos para decirlos en un idioma nuevo.

Soy el poeta de la mujer no menos que del hombre,
Y digo que es tan noble ser mujer como hombre.
Que no hay nada más noble que ser la madre de los hombres.

Canto a la exaltación o a la soberbia,
Bastante hemos rogado, bajando la cabeza,
Y afirmo que el tamaño no es más que desarrollo.

Has superado al resto? ¿Llegaste a presidente? (…)
Sonríe, porque llega tu amante.

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